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Barrio 31: ¿Cómo se vive en uno de los focos de la pandemia en el país?

El también conocido como Barrio Mugica se transformó en el epicentro de los casos de coronavirus en el país. En un contexto habitacional crítico, cómo hacen los vecinos para atravesar la crisis sanitaria que atraviesan.

Barrio 31 (Mugica) en la Ciudad de Buenos Aires.

Barrio 31 (Mugica) en la Ciudad de Buenos Aires.

Por: Ignacio Corral

Hasta el día hoy, el Gobierno porteño confirmó 2993 casos de COVID-19 en los barrios vulnerables de la Ciudad. De ellos, 916 ya han recibido el alta médica. Los más afectados son: Barrio 31 con 1851 casos y Barrio Padre Ricciardelli (1-11-14), con otros 885.

A medida que pasan los días, la cantidad de casos va en aumento. El argumento principal es que, en parte, el programa Detectar (Dispositivo Estratégico de Testeo para Coronavirus en Terreno de Argentina), que fue puesto en marcha el 5 de mayo con el objetivo de testear, en una primera etapa, a personas que cumplían con la definición de caso sospechoso y que vivan en 2 barrios populares de la zona más afectada del país por COVID-19, hizo visible lo que ocurría desde hace tiempo.

En el Barrio 31 vive Diamela, tiene 21 años, vive con sus papás y sus dos hermanos más chicos. Después de terminar el secundario empezó a cursar el Profesorado de Educación primaria en la Escuela Normal Superior N°1 . Al mismo tiempo, como una forma de colaborar con todos los vecinos de su barrio, milita en el espacio La Cueva Cultural y al mismo tiempo trabaja en la escuela del barrio como auxiliar docente en el Polo Educativo María Elena Walsh.

Según el último informe elaborado por el INDEC, el 4,7% de los habitantes del país viven en condiciones de hacinamiento crítico. Esto significa que conviven con más de 3 personas por cuarto. En total, son más de 1,3 millones de personas, a partir del relevamiento de la Encuesta Permanente de Hogares.

Además, 848 mil de estas personas no tienen acceso a agua corriente, lo que dificulta el cumplimiento de las recomendaciones del Ministerio de Salud de la Nación para la correcta higienización de manos y de los ambientes del hogar.

Ella explica que “desde que arrancó la cuarentena nosotros sabíamos que la situación acá era bastante particular y que no se iba a poder ‘cumplir’ como en otros barrios”.

El principal desafío de los vecinos del barrio parte de una situación habitacional crítica con la que conviven todos los días. Es decir, vecinos que alquilan una habitación de 4 metros cuadrados, o familias enteras que comparten un alquiler y tienen que compartir el baño, la cocina y donde las habitaciones son muy reducidas. 

“Los primeros días lo que pasaba era que en algún momento necesitaban salir a respirar un poco porque no hay un espacio para uno y para toda la familia, tenés que estar encerrado en una habitación y se hacía un poco insostenible el encierro”, cuenta Diamela.

Sin embargo, a partir del aumento exponencial de casos detectados en el Barrio, la situación que se vive entre los vecinos cambió radicalmente: “Lo que empezó a pasar ahora es que hay mucho miedo porque está avanzando todo muy rápido. Entonces quizás no es tan fácil, pero tenés que bancártela un poco más, aunque inevitablemente tengas que salir a buscar un tupper de comida al comedor que tenés más cerca”.

Con el objetivo de atender las situaciones más vulnerables crearon el Comité de Crisis del Barrio Mugica, organizado junto a más de 63 comedores, merenderos y organizaciones sociales (entre las que se encuentra La Cueva Cultural) que desde el 1 de abril reclaman productos e insumos básicos que, según Diamela, si hubieran existido respuestas por parte del Estado (en este caso mediado por la Secretaría de Integración Social y Urbana de la Ciudad de Buenos Aires), se hubiera podido evitar el número de casos que se registra hoy en día.

Diamela agrega: “Hoy en día tenemos más de 48 espacios, comedores, merenderos, que ellos le dicen ‘no formales’ que no tienen una asistencia por parte del Gobierno de la Ciudad. A pesar que desde el día uno se está pidiendo por cosas como lavandina, equipos de protección para los vecinos encargados de cocinar y repartir la comida, y lo siguen evitando”.

El conflicto que se refleja en torno a los comedores no es menor. Muchos de los vecinos que quizás tenían un comedor a cargo y se contagiaron, tuvieron que cerrarlo. Eso implica que quedaron muchos vecinos deambulando por el barrio en busca de un tupper de comida.

“Hoy en día muchas de esas personas están sin poder trabajar desde el primer día y eso implica que no tengan plata para poder comprarse mercadería y genera todo una cadena que implica que tenga que ir a un comedor. Pero ir a un comedor implica tener que hacer una fila y quizás el vecino de adelante no sabe que está contagiado, entonces se empieza a esparcir el virus, y es algo que preocupa un montón”.

Tras casi dos meses de reclamos, la Secretaría de Integración Social y Urbana notificó al Comité que en los próximos días aportarían la mercadería necesaria para que los comedores y merenderos puedan afrontar la crisis.

Otro de los puntos más problemáticos que en este caso rodea al programa Detectar se basa en las promotoras de salud. Ellas son las que tienen el contacto en primera instancia con los vecinos que presentan síntomas, las que se acercan a las viviendas, hacen un relevamiento y controlan los indicadores básicos de salud de los vecinos.

Estas trabajadoras los acompañan hasta el Polo María Elena Walsh, que es donde se encuentra la nueva sede del Ministerio de Educación e Innovación de la Ciudad (donde los vecinos reclamaron que hubiera un hospital, por la cantidad de población que tiene el barrio), y donde se encuentran los camiones donde se hace el operativo. 

Estas 16 promotoras de la salud, a pesar de estar expuestas al virus en la primera línea, no se les brinda las herramientas que necesitan para hacer el trabajo bajo las medidas sanitarias obligatorias. “No tienen obra social, tienen un sueldo mínimo, trabajan de lunes a lunes y lamentablemente hoy de esas 16, sólo tenemos 6 porque el resto están aisladas porque les dio positivo de coronavirus”, detalla Diamela.

Además, los vecinos después de hacerse el hisopado, se los traslada para esperar los resultados en aislamiento. Así, hay quienes quedan en distintas zonas de la Ciudad sin información por parte del Gobierno porteño sobre el estado de situación de cada uno de ellos. Mientras tanto, alertan por falta de comida, frazadas o por el hacinamiento con otras personas que no confirmaron el diagnóstico por coronavirus.

Los resultados de los últimos registros marcan que el foco estará puesto en los barrios más vulnerables tanto de la Ciudad de Buenos Aires como de la Provincia de Buenos Aires. El resultado de las próximas semanas dependerá de un trabajo en conjunto de todos los organismos para ayudar a los más damnificados en esta etapa de la pandemia.

Diamela analiza la grave situación que se profundiza cada día más y describe que “hay vecinos que quizás tienen síntomas y no se quieren acercar a hacer el hisopado porque hay mucha incertidumbre o tienen miedo que los separen de sus hijos. Hubo un gran avance, pero hay cosas por mejorar”.

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