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¡Cuidado, machirulos! Estamos unidas, enojadísimas y somos un montón

Más de diez mil mujeres marchamos en Capital Federal en contra de la Justicia machista y cientos de más en todo el país. La sentencia y absolución de los acusados del crimen de Lucía nos hizo salir a la calle otra vez. En esta nota, pequeñas sensaciones de una histórica tarde.

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¡Cuidado, machirulos! Estamos unidas, enojadísimas y somos un montón

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¡Cuidado, machirulos! Estamos unidas, enojadísimas y somos un montón

¡Cuidado, machirulos! Estamos unidas, enojadísimas y somos un montón

Por: Paula Gimenez

¿Qué es lo que hizo que la marcha de ayer haya calado tan profundo en todas las que estuvimos ahí? ¿Será que salimos desde Tribunales, en donde pasan las cosas? ¿Será que nuestro feminismo ya está maduro y lo suficientemente harto como para protestar, gritar y reclamar en donde está el origen de esas condenas vergonzosas?

De una justicia que legitima y reproduce constantemente que nuestra vida no vale y presenta a la mujer como un cuerpo descartable, como una garante de la sexualidad masculina, una dadora de placer. La mujer como una victimaria de su propia muerte, una piba con carácter que si no frenó y se dejó morir fue porque no quiso frenar, una loca que decide asesinarse porque ni nosotras mismas nos entendemos, tantas hormonas nos confunden, nos marean. 

Jesica, Cecilia, Lilia, Antonela, Delia, Nelly, Yanina, Tamara, Micaela, Jesica, Marina. Todos esos nombres, para nuestro sistema judicial, nuestros jueces, nuestros fiscales y abogados, son tragedias. Tragedias porque esos finales no se podían evitar, tragedia irremediable, consecuencia inevitable de nuestros actos aunque el tiro final, el fósforo final, el gatillo final, la trompada final, nos la den los varones.  

"No se puede armar un paro con dos días de anticipación", "No hay casi comunicación", "Nadie sabe que el 5 de diciembre se marcha", "No creo que sea multitudinaria", "Es muy difícil, 48 horas no alcanzan". Bueno, contra todo pronóstico propio y ajeno, las mujeres volvimos a demostrar que no hace falta demasiada organización para salir a la calle a canalizar nuestra ira por morir cada 18 horas. ¿Por qué no hace falta? Porque ya tenemos un montón de organización acumulada. 

Además no hay nada más lindo que no esperar grandes cosas y que sucedan gigantes. Nada más sorprendente que darnos cuenta de que la fuerza que tenemos alcanza y sobra para poner un horario y una fecha a nuestro hartazgo y que seamos más de diez mil mujeres en Capital, muchas más en el resto del país. 

La movilización de ayer fue particular. Marta Montero, la madre de Lucía, habló más de 45 minutos sin parar arriba del escenario. Nos dijo hijas, recordó cómo Lucía soñaba con viajar a Buenos Aires con ella y que le había prometido que iba a suceder. "Acá estamos, Lucía", soltó con el micrófono en mano y nosotras, abajo, llorando desconsoladas.

El dolor de una madre se apaciguó un ratito, ella encontró en miles de nosotras, un descanso cortito. Un abrazo gigante y un amor hecho orgullo que pocas veces vi. 

"Chicas, mujeres: cuídense entre ustedes porque acá no nos cuida nadie”, dijo refiriéndose al fallo vergonzoso que dejó al crimen de su hija sin culpables. Pese a que había tres hombres con ella cuando murió. Pese a que estaba drogada con droga que le daba uno de ellos para poder tener relaciones sexuales cuando murió. 

El mensaje que deja Marta es cierto, no nos cuida nadie más que nosotras y ayer, esa marcha espontánea, esa decisión de estar juntas, lo dejó muy en claro.

Mientras escribo esta nota resuena en mi cabeza "Nos tienen miedo porque no tenemos miedo" y pienso en lo crudo y real de esa afirmación. No solo estamos para nosotras sino que ya después de tantos horrores vividos, leídos, escuchados, después de tantas subestimaciones, de tanto maltrato, acoso y abuso, lo que nos sobra es valentía.

Es que cuando te enfrentas a la muerte cada 18 horas, ¿a qué le podes tener miedo? 

 

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