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Actualidad POLÍTICA

La figura de Alberto Fernández y los 100 días de cuarentena

Desde el 20 de marzo, día que se decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio en Argentina, la imagen del presidente llegó a números de aceptación récord. ¿Pero cómo varió en estos 100 días?

Alberto Fernández - Presidente de la Nación.

Alberto Fernández - Presidente de la Nación.

Por: Ignacio Corral

Un día después del último anuncio de Alberto Fernández, en el que no sólo extendió sino que intensificó las medidas para afrontar la pandemia del coronavirus hasta el próximo 17 de julio, se cumplen 100 días del aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado el 20 de marzo de este año.

En aquel entonces, ante las trágicas noticias que llegaban de Europa con miles de muertos todos los días a causa del virus y un desconocimiento generalizado sobre la peligrosidad del mismo, la decisión del presidente de establecer una cuarentena estricta -aún cuando la cantidad de casos confirmados y de fallecidos era relativamente baja- tuvo un amplio consenso, no sólo político sino también ciudadano. Fue una medida que en muy pocas partes del mundo se había tomado con tanta anticipación.

La presencia de gobernadores de todo el arco político (Horacio Rodríguez Larreta, Axel Kicillof, Gerardo Morales y Omar Perotti) en el escenario en el que Fernández anunció el comienzo del aislamiento comunicaba que tanto oficialismo como oposición estaban de acuerdo en que era el camino que había que tomar para evitar una crisis sanitaria.

Según las encuestas de Poliarquía que analizaron la imagen del presidente, en ese momento contaba con un 72% de aprobación y un 14% de rechazo. Es decir, a poco más de 3 meses de haber asumido la presidencia de la Nación, tenía un fuerte respaldo de incluso aquellos que no lo habían votado.

Transcurrida una semana del aislamiento obligatorio en todo el país, la imagen de Fernández seguía subiendo y registraba números históricos de aprobación: 82% y en ascenso.

Aunque el presidente argentino no era la excepción. En el marco internacional, todos los líderes del mundo que tomaron cartas en el asunto para enfrentar al virus y decretaron políticas de confinamiento vieron un crecimiento de su imagen. Y aquellos que, por lo menos en un primer momento, menospreciaron el daño que podía causar la pandemia, sufrieron una fuerte caída de su aprobación por parte de la ciudadanía. Tal es el caso de Jair Bolsonaro o  Donald Trump.

Sin embargo, la comparación con los mandatarios de otras partes del mundo expuso que en el caso argentino no habría una reducción de los sueldos percibidos por la clase política como un gesto simbólico para colaborar con las consecuencias económicas que conlleva la pandemia.

Esto desembocó en un primer cacerolazo masivo desde los balcones exigiendo una baja en sus salarios, reclamo que rechazó el presidente argumentando que todos los funcionarios viven de su sueldo y que ninguno de ellos, incluso el propio Fernández, percibe una cifra “exorbitante”.

Pero cuando Fernández volvía a capitalizar su liderazgo, atravesaba su momento de mayor aceptación (84%) y se lo posicionaba como un mandatario capaz de manejar la crisis y, a la vez, acaparar el consenso político, emergió un segundo conflicto: la autorización por parte de algunos jueces de las prisiones domiciliarias de los presos.

A pesar de no ser una decisión que le correspondiera al Poder Ejecutivo, sufrió el impacto mediático y fue señalado como un responsable indirecto de una “liberación masiva de presos” que no fue tal. Aunque sí se registraron casos en los que jueces autorizaron la salida de delincuentes sentenciados por delitos graves.

Al 8 de mayo, Fernández anuncia otra de las extensiones de la cuarentena que le provocan un impacto a nivel diplomático ya que las comparaciones epidemiológicas con Suecia y, posteriormente, con Chile resultarían en respuestas aclaratorias a sus dichos por parte de los respectivos gobiernos.

Al retomar sus actividades en el interior del país, y con una caída de la imagen positiva (71%) en la que diversos factores, incluido el desgaste de la extensión de la cuarentena,  el presidente se muestra públicamente en la provincia de Formosa junto al gobernador Gildo Insfrán.

Esa visita sería el puntapié para dar lugar a una serie de críticas sobre la falta de cuidados sanitarios que contemplaba Fernández: abrazos con el gobernador formoseño, poco uso del tapabocas y fotos con quienes se acercaban sin mantener el distanciamiento social recomendado.

Pero el 8 de junio fue el punto bisagra que reflotó “la grieta” en el discurso público: el presidente anunció la intervención y la presentación del proyecto de expropiación de la empresa Vicentín.

Las consecuencias de ese anuncio, al cual se le podría adjudicar una mala elección del momento político para hacerlo , y a pesar de no estar relacionado con el manejo de la crisis sanitaria, llevó a la aceptación de Fernández a su nivel más bajo: 63% de aprobación y 25% de rechazo.

Parte de la opinión pública retoma las críticas señaladas durante toda la cuarentena y las concreta en un banderazo el 20 de junio que se sería la primera manifestación importante contra la gestión bajo la consigna: “en contra la administración de Alberto Fernández por su decisión de expropiar Vicentin y en defensa de la propiedad privada”.

Hoy en día, la imagen positiva del presidente se encuentra en alrededor del 65%. Todavía sostiene cifras más altas que las que habían conseguido otros mandatarios en el país durante sus primeros 6 meses al frente del Gobierno.

La proyección de los próximos meses quedará supeditada a las reacciones de la sociedad a medida que avance la cuarentena. El aspecto económico cumple y cumplirá un rol fundamental. Fernández lo sabe y por eso la asistencia del Estado para los sectores más vulnerados por la pandemia ya alcanzó casi el 3% del PBI. Los resultados sanitarios, a pesar del desgaste psicológico del aislamiento, también serán claves para seguir evitando las tragedias epidemiológicas que atraviesan muchos de los países de Latinoamérica.

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