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Análisis | Descendientes 3 es un flojo final para la trilogía de Disney

El estreno marca la última aparición de Cameron Boyce y la más exitosa saga de Disney Channel desde High School Musical

La avant premiere de "Descendientes 3" fue cancelada por la muerte de Cameron Boyce y Disney donó el dinero a Thirst Project, una fundación con la que el actor estaba comprometido

La avant premiere de "Descendientes 3" fue cancelada por la muerte de Cameron Boyce y Disney donó el dinero a Thirst Project, una fundación con la que el actor estaba comprometido

Por: Ana Manson

Los hijos de los villanos vuelven por tercera vez a salvar el día y demostrar que no todo es tan blanco y negro como Disney nos hizo creer todo este tiempo. Desde la primera entrega de Descendientes, Mal (la hija de Maléfica), Evie (hija de la Reina Malvada de Blancanieves), Carlos (hijo de Cruella de Vil) y Jay (el hijo de Jafar) vienen derribando barreras -figuradas y literales- entre el mundo de los héroes y el de los villanos, a fuerza de canciones y lecciones sobre amistad.

El reino de Auradon se encuentra en peligro una vez más a causa de un habitante de la Isla de los Perdidos, de donde son originarios Mal y compañía. Ellos vuelven para reclutar a los nuevos candidatos del programa inaugurado por el príncipe Ben, el mismo que les dio una oportunidad en la primera película. La secundaria Auradon recibirá a cuatro afortunados para que tengan una educación formal, elegidos por los mismísimos VKs originales (el nombre cool de los protagonistas por sus siglas en inglés: villain kids).

El número de apertura tiene un ritmo y una estética que sería la envidia de cualquier producción de Cris Morena

Todo empieza con un número musical muy al estilo “rinconcito de luz”, en el que se retrata a los niños de la isla como si estuvieran perdidos, hambrientos y harapientos, a pesar de que algunos de sus padres están presentes. El cuadro funciona de presentación para contarle a los chicos de la isla (y al público del otro lado) que finalmente llegó la oportunidad que esperaron todas sus vidas.

Acá ya se plantea la primera semilla del conflicto, ya que en las escenas siguientes Mal tomará la polémica decisión (a escondidas de sus amigos) de quitarles esa oportunidad para siempre. Todo es risas y diversión hasta que Hades ataca a los VKs cuando están dejando la isla con los cuatro seleccionados, tras la promesa de que podrán volver a visitar a sus padres. Pero en ese momento, el dios de inframundo hace su entrada triunfal para intentar crear una brecha mágica en la barrera que los separa del próspero reino de Auradon.

Los VKs ya no son los niños que eran cuando llegaron por primera vez al reino de Auradon y tienen muy claro a dónde pertenecen

Tras enfrentarlo, Mal se siente débil a causa de una brasa mágica en posesión de Hades, de la cual poco y nada se sabe sobre su origen y funcionamiento. Sin embargo, los amigos logran escapar y al llegar a Auradon nos enteramos de que la brasa representa un peligro de la misma magnitud que el báculo de Maléfica. A todo esto, semejante objeto mágico descansa en un museo y será robado por uno de los personajes de la primera película para poner en mayor peligro al reino, pero esta vez desde adentro.

A partir de este momento, comienzan a sucederse conflictos más pequeños, uno tras otro, que se plantean como verdaderos dilemas y sin embargo pronto son dejados de lado. Las resoluciones son increíblemente fáciles y nada parece tener consecuencias. Ni siquiera cuando Mal le miente a todos sus seres queridos, traicionando los ideales por los que vienen abogando los VKs desde la primera entrega de “Descendientes”, cuando ellos también eran niños que tuvieron otra oportunidad.

La aparición de Hades es uno de los elementos más interesantes de esta nueva entrega, aunque queda bastante de lado

Las maldiciones se deshacen con la misma facilidad con las que son hechas y la magia no responde a reglas claras, excepto cuando es conveniente a la trama. En algún momento se plantea cierta inversión de roles que queda diluida entre tanta parafernalia y los conflictos son tan débiles como las motivaciones de sus protagonistas. No faltan las referencias a clásicas películas animadas de Disney e incluso a leyendas de la mitología griega, aunque no haya otra justificación que la esporádica presencia de Hades.

El peso dramático de una de las mayores revelaciones de la historia queda reducido a un número musical que genera cierta incomodidad, y al final solo sirve como excusa para revertir otra maldición. La oportunidad de explorar un tópico muy interesante relativo a la paternidad es tristemente desperdiciada, en pos de la espectacularidad de un tipo de “villana” que ya vimos mil veces. A esta altura del partido, Disney ya debería haber soltado para siempre los enfrentamientos entre mujeres “resentidas” cuyo único objetivo en la vida es casarse con el príncipe.

Ni las hijas de las villanas de salvan de la imposición del matrimonio a temprana edad como versión definitiva del "felices por siempre"

Pero no todo es magia oscura y arquetipos de una época pasada: también reaparece uno de los personajes más populares de la secuela anterior, que tiene un gran crecimiento en esta entrega final. De su arco se desprende la lección más fuerte y positiva de la película, en la relación de los protagonistas con un grupo de “enemigos” tan inofensivos como parecidos a ellos. El mensaje de perdón y tolerancia que atraviesa la saga desde sus comienzos, vuelve a cobrar fuerza casi al final para recordarnos por qué fue un éxito desde la primera película.

Con otro enfoque, toda la historia podría funcionar como una poderosa metáfora de las diferencias entre los más privilegiados y los menos favorecidos por las circunstancias de la vida. Pero la moralina es tan floja como la narrativa y en definitiva es entretenimiento pueril que no pretende más que eso. 

Los hijos de otros villanos clásicos de Disney que aparecieron en la segunda parte vuelven para darle más matices a la historia

Sin embargo, la factoría del ratoncito hace lo que mejor saber hacer y nos llena la retina de imágenes estéticamente impecables y los oídos de ritmos pegadizos y letras fáciles de recordar. El diseño de producción es todo lo que se puede esperar de un cuento de hadas y los sets prácticos se combinan muy hábilmente con el limitado presupuesto televisivo en VFX.

Los personajes de esta trilogía serán siempre recordados por una generación entera como los que vinieron a cambiar la dinámica entre héroes y villanos, aunque ese cambio siga confinado a las rígidas reglas del juego. Y si bien no patearon el tablero con tanta fuerza como era necesario, al menos sentaron las bases para plantear un juego con otras reglas y otro tipo de jugadores.

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