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26 de Agosto de 2017
Para darle profundidad a tus ojos, aplicá una sombra de base color nude, cuya función principal es que sea lo más parecida posible al tono de los párpados y sirva de fijador para el resto de las texturas que se aplicarán encima.
Marcá con el lápiz una línea que se translade desde el lagrimal hasta la mitad de las pestañas superiores y de las pestañas inferiores. Es decir, que sólo quede coloreado el ojo en la mitad interna.
Con una brocha, aplicá un poco de iluminador en las áreas más altas de la cara, como la parte de arriba de los pómulos, las cejas y el tabique nasal. Repetí esta aplicación de forma más sutil en el arco de cupido y el mentón.
Replicá el uso del iluminador en el centro de tus párpados, sin la brocha: unos toquecitos con las yemas de los dedos bastarán para conseguir el resultado perfecto. Si buscás un mejor resultado, aplicá unas pequeñas pinceladas en el lagrimal
Con un lápiz de color intenso (negro o marrón), trazá un arco que cubra la línea superior del pliegue del párpado y difuminala siempre hacia arriba. “Los lápices son más fáciles de manipular, ya que los geles y las sombras saltan o se escaman.