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"Gambito de Dama", lo nuevo de Netflix

Cine y Series

“Gambito de Dama”: el ajedrez también es para las pibas

El estreno de la serie evidenció la desigualdad de género en el deporte. ¿Cuál es el espacio que tienen en la actualidad las mujeres en el ajedrez? ¿Qué pasa en nuestro país? Hablamos con dos ajedrecistas campeonas argentinas para saberlo.

Por: Micaela Robles y Rocío García

“Gambito de Dama” es una apertura de ajedrez compuesta por tres movimientos, que abre un abanico a diferentes defensas y posiciones. También es el nombre de uno de los últimos estrenos de Netflix, creado por Scott Frank y Allan Scott y protagonizado por la actriz inglesa-argentina Anya Taylor-Joy.

No hace falta conocer el juego para engancharte con la miniserie. A lo largo de siete episodios la miniserie cuenta la historia de Elizabeth "Beth" Harmon, una niña que aprende a jugar ajedrez en el orfanato, pasión que crece cada vez más en su adolescencia. Abrazada por la época convulsionada y contracultural de los 60’, Beth va formando su identidad, deseo y ambición, en busca de convertirse en la mejor jugadora del mundo. Y no te contamos más porque merece la pena que la veas.

Basada en la novela homónima de 1983 de Walter Tevis, se convirtió en un éxito en la plataforma: se encuentra entre las más vistas en Argentina y en el mundo. No es casualidad: estrenada en plena era #MeToo y #TimesUp, pone en primer plano la desigualdad de género en el deporte. 

¿Qué pasa en la vida real? ¿cuál es el espacio que tienen en la actualidad las mujeres en el ajedrez? ¿Cuál es la situación actual en nuestro país? Hablamos con las campeonas Candela Belén Francisco Guecamburu y Carolina Luján para responder estas preguntas.

Carolina Luján

Carolina Luján | Foto: Twitter @imcarolinalujan

“A mi también me miraban como la miran a Beth en la serie, como si fuera un bicho raro”, recuerda Carolina Luján. A sus 35 años, hoy es considerada una de las mejores ajedrecistas de nuestro país, integrante de Damas Olímpicas Argentina, Maestra Internacional absoluta y Gran maestra femenina.

Una habitación de noche, en silencio y a oscuras. No era un orfanato, pero el escenario en el que empezó a jugar lo define bastante parecido al que muestra la serie. Fue su papá quien le enseñó los movimientos básicos en su casa, y según recuerda, solía llevarla a una biblioteca donde se reunían varios ajedrecistas. Eterna por ese olor a libros viejos que competía mano a mano con el espeso humo de los cigarrillos, la imagen sigue intacta hasta en su cabeza. Ese brillo en los ojos que sintió Caro, esa curiosidad, no se fue nunca más de su vida. 

En ese entonces tenía solo 7 años. Al igual que Beth, su talento la distinguió desde que era chica: empezó a estudiar en un club fuera de la escuela, donde se coronó en el primer lugar, como también en la federación regional. Incluso, la protagonista de la serie supera a todos sus rivales en una partida simultánea, escena que le disparó recuerdos a Luján: “Yo también daba simultáneas cuando era muy chica. Me ha pasado de ir a escuelas y ganarle a todos los chicos que estaban ahí”, dice. 

Foto: Gentileza Carolina Luján

A partir de ahí tomó impulso para volar alto, muy alto: el Campeonato de Argentina individual femenino lo ganó cinco veces, ganó tres medallas de oro en Juegos Panamericanos de la Juventud de Ajedrecistas, el WGM Mediterranean Flowers, el torneo Graz WGM, Campeonato Americano de Ajedrez Femenino Continental, Campeonato Panamericano de Mujeres en Campinas, representó a Argentina en siete Olimpiadas de Ajedrez. Incluso, fue reconocida con un premio Konex como una de las 5 mejores ajedrecistas de la década en nuestro país.

Claro que el camino no fue fácil. Según cuenta, a lo largo de su carrera varias veces pensó en “patear el tablero”, e incluso en su casa le preguntaron si quería dedicarse a otra cosa, a algún otro deporte. “Me acuerdo de mi primer campeonato nacional, donde me comieron todas las piezas, como se dice en nuestra jerga, o sea me fue muy mal. Ahí empecé a trabajar con un entrenador particular, a dedicarme más. No quería perder, y si para evitarlo tenía que estudiar o prepararme lo iba a hacer. Al año siguiente salí campeona”, recuerda. 

El ajedrez como una forma de ordenar lo que está pasando en el mundo y en nuestro interior. De imaginar tableros en la cabeza. Le pasa a Beth en la serie, y también a Caro Luján en la vida real. Como resume: “Toda mi vida jugué, desde que tengo recuerdo. Pasó de ser algo lúdico a convertirse en mi profesión y mi trabajo, en mi forma de vida. El jugador armenio Levon Aronian dijo que el ajedrez para él es un lenguaje y coincido, uno puede comunicarse a través del juego sea de la religión que seas, de cualquier cultura o idioma”.

"Gambito de dama": los mensajes que traspasan el tablero (y la pantalla)

¿No sabés nada de ajedrez? No te preocupes, porque “Gambito de Dama” es la invitación a un mundo que atrae a propios y extraños. Y esa es una de las claves que la convirtieron en un éxito. Los fanáticos pueden regocijarse analizando los movimientos de las piezas, mientras que aquellos que no conocen el ajedrez tienen la oportunidad de descubrir que el cerebro puede imaginar y jugar hasta límites desconocidos. Sin embargo, los mensajes que se esconden en la profundidad de la trama van mucho más allá del tablero.

La serie de Netflix cautiva porque si alguien nos dijera que Elizabeth Harmon existe o existió, le creeríamos. Pero lo cierto es que la historia se basa en la adaptación de una novela de Walter Tevis que refleja la vida de una joven prodigio que persigue su sueño de ser la mejor en un ambiente mayormente masculino, sobreponiéndose a una difícil historia familiar y también a sus propios fantasmas, como las adicciones que conoció de chica.

También vale trazar un paralelismo con la vida del estadounidense Bobby Fischer, con quien la protagonista comparte varias similitudes: desde la soledad en la adolescencia, ambos cruzados por un difícil pasado familiar, proponerse estudiar ruso para derribar el poderío soviético y, según los especialistas, el parecido en sus estilos de juego. Y aquí podría leerse un primer mensaje: si el autor convirtió a la figura principal en una mujer para que rompa todos los esquemas en un juego que estuvo -y sigue estando- dominado por los hombres, quizás lo hizo con el deseo de que alguna vez haya igualdad de género de un lado y del otro del tablero.

Bobby Fischer

“Gambito de Dama” magnetiza por las miradas compenetrantes de Beth, que fija sus ojos en el tablero de ajedrez, en sus rivales, e imagina jugadas en el techo del orfanato o de la sala de juego. Incluso por la tensión que se genera en cada partida, que traspasa la pantalla y nos sumerge en un mar de suspenso e intriga por saber de qué manera terminará la historia.

Beth no disfruta de compartir los espacios y las actividades que reúnen (comúnmente) a los jóvenes de su edad, ni pretende hacer un derroche a medida que va cobrando popularidad. Beth se entrega a la pasión por el juego, por eso no puede parar de apostar cinco dólares en cada partida rápida que juega con Benny. Beth quiere jugar y quiere ser la mejor. Se sobrepone a las dificultades que le presentan sus oponentes. Pero también a las adversidades de la vida. Y acá está el gran asunto de la cuestión. Beth pudo con todo y contra todos. Movió las piezas de su vida, se aceptó y se propuso construir su propio futuro haciendo a un lado las herencias que sus madres le dejaron. 

Jaque mate al machismo 

Gambito de Dama

“Las mujeres no juegan ajedrez”; esa es la primera frase que le dicen a Beth al inicio de la serie cuando se interesa por el juego. Es que el ajedrez fue cosa de los hombres por mucho tiempo, y no precisamente porque no haya jugadoras. ¿Cuál es el espacio que tenían? ¿cuántas ajedrecistas conocés?

“Prueben poner en el buscador ‘mujeres en el ajedrez en la Edad Media’, van a ver que aparecen un montón de resultados”, invita el filósofo Nicola Lococo, autor del libro 'Las reinas del tablero’, en diálogo con Ajedrez Social. Según resalta, “mientras los hombres hacían la guerra, los juegos de mesa, no solo el ajedrez, estaban en manos de las mujeres”. Sin embargo, “es a partir del siglo XVII cuando la mujer se aleja del ajedrez, pero lo hace porque, en cierto modo, la echan, es apartada”. El autor argumenta que el juego estalló en los cafés o clubes de la mano de los hombres, ya que la mujer, históricamente designada por la estructura patriarcal al espacio privado, tenía prohibido ingresar sola:  podía ir de espectadora y acompañada. Aunque muchas de ellas continuaron en la clandestinidad, otras directamente lo abandonaron. “Fueron ninguneadas, despreciadas, acalladas, ocultadas y perseguidas”, explica. 

Como podemos ver, la presencia de las mujeres en el ajedrez no es nueva, como tampoco la discriminación y exclusión que sufrieron a lo largo de la historia. Entre las principales referentes del juego podemos nombrar a Judit Polgár, Lyudmila Rudenko o Vera Menchik, quienes se animaron a poner en jaque lo que se esperaba en la sociedad. Sin embargo, el Gran Maestro y campeón mundial, Bobby Fisher, decía en una entrevista que “la inferioridad de la mujer es innata”, mientras que el también Gran Maestro y campeón del mundo Gary Kasparov aseguraba que Polgár tenía “un fantástico talento, pero, después de todo, es una mujer”. 

Judit Polgár

Pero las mujeres sí podemos jugar al ajedrez, y también podemos ser las mejores. Eso es lo que deja en claro Beth en la serie. Como ella, las ajedrecistas de todo el mundo tuvieron que abrirse camino en un mundo monopolizado por los hombres. ¿Qué pasa en la actualidad? ¿Cuál es el espacio que tienen las mujeres en el ajedrez? ¿cuál es la realidad que se vive en nuestro país? 

“El ambiente te repele, trata de expulsarte. Siempre se siente esa mirada extra sobre tus hombros que los hombres no la tienen”, analiza. Los números no mienten: según cuenta la ajedrecista, “las mujeres somos muy pocas a nivel mundial y nacional; estamos hablando de menos de un 10%, y si vamos a los 100 mejores rankeados el 1%". 

La pregunta es porqué pasa esto. Según Luján, la respuesta es clara: la falta de políticas concretas, acciones que fomenten el desarrollo e incorporación de las mujeres en el ajedrez. Para eso, es necesario el cambio de mirada: "Queremos un ajedrez con igualdad de condiciones, inclusivo, libre de micromachismos", expresa.

Con esta idea como norte nació Damas Olímpicas, el Equipo Olímpico Argentino de Ajedrez Femenino que integra junto a Claudia Amura, Florencia Fernández, Ayelen Martinez y Marisa Zuriel. Según cuenta, es un nombre “de fantasía” que se autodenominaron en homenaje a Las Leonas. 

Damas Olímpicas

Desde su nacimiento ganaron medallas olímpicas, panamericanas, sudamericanas y la mayoría de los campeonatos argentinos superiores femeninos de los últimos 20 años. A pesar de todo su currículum, no reciben el mismo trato por parte de la Federación Argentina de Ajedrez (FADA), por lo cual iniciaron una demanda legal por discriminación de género hacia el presidente, Mario Petrucci.

“Todo empezó en la competencia de Batumi. Pasaron varias cosas, como que los varones reciban viáticos y nosotras no, o que la camiseta de la Selección era distinta a la nuestra, o que eligieron entrenador y nosotras no; así varias cosas. No hubo diálogo, mediación, ni intención de solucionar nada. Estamos completamente invisibilizadas, marginadas como las locas que reclaman”, explica. 

Luján creció sin entrenadoras, árbitros o dirigentes mujeres. El objetivo de Damas Olímpicas, entonces, lo tenían claro desde el principio: “Queremos visibilizar nuestra situación y que no le sea tan difícil a las pibas abrirse camino. Para mi siempre fue así. Queremos que no sea tan difícil para las pibas que vienen”, sueña.

Candela Belén Francisco Guecamburu

Cuando Candela Belén Francisco Guecamburu vio que Papá Noel le había traído de regalo un tablero de ajedrez, su reacción fue indisimulable: "Interesante", dijo e inmediatamente lo dejó tirado por algún rincón durante un buen tiempo. Sin embargo, a los nueve años, cuando empezó a entender de qué se trataba esta aventura de piezas blancas y negras, no pudo evitar enamorarse. Y ahí, ya no hubo vuelta atrás.

La joven ajedrecista argentina no vio “Gambito de Dama” porque tiene 14 años y la serie está permitida para mayores de 16. Sin embargo, cuando se dispone a hablar sobre el deporte que la apasiona, es inevitable emparentarla con Beth.

"Para mi es todo el ajedrez. Es básicamente lo que me encanta hacer y vivo todo el día haciéndolo. Es ajedrez, ajedrez y ajedrez", asegura la adolescente, entre risas, en una charla con Filo News. La flamante subcampeona del Mundial Escolar de ajedrez, que se realizó en octubre pasado de manera virtual con la participación de más de 300 estudiantes de 38 países, reconoce que lee libros, se define como "muy autoexigente" y pierde la cuenta si intenta determinar cuántas horas por día pasa sentada frente al tablero. Es más, confiesa que si fuese por ella también ocuparía el tiempo de estudio en el colegio en pensar movimientos y jugadas, aunque cumple con el pedido de mamá Lorena y le presta atención a sus clases y tareas.

"El ajedrez se relaciona mucho con situaciones de la vida en las que tenés que tomar decisiones y resolver problemas como en una partida", asegura la jugadora del Círculo de Ajedrez de Villa Martelli, que en la categoría Sub 12 fue campeona panamericana, nacional y bronce sudamericano, y en la Sub 14, se bañó en oro a nivel sudamericano y nacional y fue plata panamericana.

Candela es parte de la nueva generación que rompe los estereotipos arcaicos de este juego y, desde su más puro e inocente placer lúdico, le muestra al mundo que hay chicas que sí juegan al ajedrez y quieren poner en jaque a quien se le siente enfrente. Ojalá ese camino que se encuentre en el futuro sea como el que luchan por conseguir Luján y las Damas Olímpicas. 

En la serie, Beth hizo su propio gambito. Porque el gambito de dama es tomar la iniciativa en el juego, enfrentar las dificultades que le presentan sus oponentes; pero también las adversidades de la vida. Es dar pelea y luchar por nuestro espacio, como Caro y todas las Damas Olímpicas. Es abrir el camino para demostrar nuestro talento, y el de todas las nuevas promesas como Candela. El juego ya empezó: ahora nos toca a nosotras.

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