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¿Qué significa ser evangélico y cuánto peso tienen en la política argentina?
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¿Qué significa ser evangélico y cuánto peso tienen en la política argentina?

Es esta nota te contamos cómo es que una porción de la sociedad se congrega desde espacios donde el olfato monástico podría darle (o no) un nuevo impulso a la erosionada legitimidad partidaria.

Por: Daniel Maffey

Parto de una base quizás errada que es que todos tenemos siempre a mano el manual de cómo definir a un evangélico en pocas palabras o imágenes ¿o no? Dios, secta, aleluya y claro, esa suerte de misa con onda donde todos agradecen con las manos en alto al señor encabezan la lista. 

Pero si me pregunto acerca de las diferencias con los católicos (por fuera de demostrar alegría), porqué son una comunidad en crecimiento o sobre cuál es el lugar que pueden ocupar en el ancho mundo de la política nacional, estirado unos kilómetros en año electoral, es que caigo en cuenta de que desconozco del tema, en definitiva, en el eventual error de sobreestimar o subestimar el asunto. 

Es por eso que en esta nota, a modo de pesimismo preventivo, hablamos sobre los evangélicos para entender o saber cómo es que frente a los avances de las libertades individuales y la conquista de derechos, una porción de la sociedad se congrega desde espacios donde el olfato monástico podría darle un nuevo impulso a la erosionada legitimidad de los partidos políticos de la Argentina. 

¿Católicos o evangélicos?

El término evangélico surge como desprendimiento de la reforma protestante iniciada allá en el siglo XVI por Martín Lutero. En este período es que se encuentra la génesis, entre otros, de Protestantes, Metodistas, Menonitas y Pentecostales, estos últimos parte de la rama evangélica que más creció en las últimas décadas. 

Los evangélicos son cristianos pero no católicos. La diferencia tiene muchas consideraciones que exceden a la nota pero en términos generales podemos pensar que este grupo propone que la autoridad religiosa descanse en las Sagradas Escrituras, la Biblia. 

Es por esto que si bien los evangélicos cuentan con liderazgos circunstanciales o instituciones como representantes ante el Estado (FAIE o ACIERA), lo cierto es que a contramano del catolicismo y su papado, los evangélicos no contemplan una estructura jerárquica de poder, sino que la máxima autoridad la constituye el Evangelio y sus eventuales vertientes se desprenden de las diferentes interpretaciones allí realizadas. 

Osea que como primera medida podemos entender que desde una perspectiva religiosa existe un amplio abanico de cultos donde cualquiera puede ser pastor y etiquetar a los evangélicos como homogéneos, es por lo menos errado. 

Ese mismo enfoque es el que marca como derrame que las banderas comunes sí se construyen programáticamente con otros asuntos como la oposición al aborto, a la educación sexual integral y el entendimiento, en sintonía con el Papa Francisco, de que la homosexualidad es una desviación que debe sanarse. 

Si bien el pecado nacional de la falta de estadísticas aggiornadas no tuvo su milagro para esta temática y el último relevamiento data del año 2008, podemos pensar que en la actualidad hay cerca de 5.000.000 de personas que se definen como evangélicas. Y el número avanza. 

¿Por qué crecen? A contramano de las luces y flashes de la Iglesia Universal del Reino de Dios en el corazón de Palermo, la lectura práctica-teórica marca que cuentan con una impensada presencia en los barrios humildes, llegando adonde muchas veces el Gobierno no llega y donde las Iglesias retroceden. 

La mirada teórica-práctica suma a esto que el evangélico no transita el largo peregrinar del perdón que el católico sí. Acá no hay purgatorio, ni pesada herencia. Hay presente y futuro. 

¿Por qué en Brasil sí y en Argentina no?

Si tomamos en cuenta nuestra historia, el sistema electoral vigente y el vínculo religión - política del país, lo cierto es que no hay un único partido o figura que cautive a esta comunidad. 

Al momento, las experiencias de participación política evangélica nacionales fueron y son poco efectivas. Más aún si el contrapunto es nuestro vecino Brasil donde las identidades políticas locales, los liderazgos carismáticos y el sistema electoral permiten lo que en la Argentina no.

El gigante del Sur, además de contar con un sistema que facilita la representación de líderes sin necesidad de estructuras partidarias fuertes y un proceso histórico más institucionalizado en esta línea, dispone también de un poder monetario y comunicacional incomparable. 

En nuestro país la realidad marca que el tránsito no pasa por ocupar cargos ejecutivos de peso sino por continuar ganando territorio y con las sintonías de turno eventualmente ir adquiriendo experiencia en la gestión pública. 

Es por esto que si bien hablamos de una coyuntura política compleja y una reconfiguración política internacional en sintonía, al momento de votar, el evangélico se comporta como el resto de los argentinos. Aleluya. 

Entonces, elecciones 2019, dos lecturas. Por un lado, malas noticias para Gómez Centurión, Cynthia Hotton y aquelles que se presentaron a este llamado como Providas de pura cepa. 

Por el otro, no es menos cierto que se está conformando una suerte de clase política pentecostal, que participa en distintos sectores del arco político, desde el peronismo hasta el PRO, y que por ahora solo está ganando experiencia en gestión pública y visibilidad. 

Solo hace falta ir a la primera semana del mes para ver indicios concretos: Macri recibió al pastor Jorge Sennewald, Verónica Magario creó una Subsecretaría de Culto que estará a cargo del pastor evangelista Gabriel Ciulla y la castigada programación de la TV Pública estrenó el programa “Buenas Noticias” (significa evangelios o viceversa) de la Iglesia Evangélica, único noticiero con el que cuenta la programación los fines de semana. 

Asique de nuevo, el riesgo es sobreestimar o subestimar el fenómeno y no percibir que el tándem alianzas religiosas y política pueda impulsar o trabar agendas vinculadas con la moral sexual y la conquista de derechos que retroalimentadas al pragmatismo político como única continuidad visible puedan significar retrocesos en este sentido.

Matrimonio igualitario, despenalización del aborto, educación sexual integral e ideología de género son algunos de los puntos de mancomunión práctica entre un electorado descreído y un espacio religioso en crecimiento que ya no susurra, grita. 

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