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Actualidad Solidaridad

Merenderos y comedores mendocinos luchan contra la crisis

Cada vez hay más espacios comunitarios que brindan alimento y abrigo a familias que no alcanzan a comprar lo básico. Después del 15 de cada mes, la asistencia se dispara.

Cada vez más mendocinos dependen de la ayuda comunitaria.

Cada vez más mendocinos dependen de la ayuda comunitaria.

Una forma de evaluar la situación social en el Gran Mendoza es acercarse a alguno de los merenderos y comedores que se multiplican en los barrios de las afueras. Ahí donde la desocupación campea y las cifras de pobreza son mucho más que una estadística, Filonews salió a buscar la palabra de quienes luchan diariamente contra el hambre.

“El otro día tuvimos a una persona que se desvaneció por falta de comida” (Ivana Alonso, comedor Pancitas Llenas)

Ivana Alonso, del comedor Pancitas Llenas, asegura que están desbordados. “Empezamos en abril pero la situación ha empeorado en los últimos tiempos: se ha puesto un cartel donde dice que no hay vacantes y se va evaluando a quienes llegan de acuerdo a las necesidades”, dice.

Es durísimo tener que mandar vecinos de vuelta porque no se tienen suficientes recursos. Se cocina lo que se puede, con lo que se tiene a mano. Sobreviviendo. Alonso: “el otro día tuvimos a una persona que se desvaneció por falta de alimentos”.

Como puede verse en este video, el local del Pancitas, que está ubicado en Rawson 2596 (Luzuriaga, Maipú) tiene algunos inconvenientes:

Alonso dice que ninguna de las 200 personas que asisten va porque sí: “son niños y adultos mayores que lo hacen por necesidad. No les gusta ir a pedir comida. Pero realmente lo necesitan”. Los que trabajan ahí no dependen “de ninguna entidad pública ni política”. “Dependemos solamente de las donaciones de gente de gran corazón”, resalta.

Bronca

 

Lucía Ordoñez es profesora de Lengua y Literatura. Cada mañana, al salir al trabajo, veía a los chicos de su zona revisar la basura. A mediados del otoño sintió que no daba más. “Voy a abrir un merendero en la puerta de mi casa –les dijo a sus amigos y conocidos- el que quiera ayudar, venga”. Así nació el Merendero Atahualpita.

“La idea surge de la bronca de salir a la calle y ver esas caritas con hambre, tristes...ver que desde lo concreto y pequeñas acciones se puede hacer algo”, subraya Lucía.

A veces, hace falta alguien que comience para que otros se prendan. Así pasó con el Atahualpita, que empezó a reunir a voluntarias y voluntarios que acercan mercadería o simplemente comparten su tiempo con los chicos.

“Las familias que vienen son variadas. Algunas son muy humildes y otras no tanto, pero sin embargo vienen a compartir la merienda. Tenemos papás y mamás que llegan con una tarta o un budín para repartir con otros, y esas son acciones muy valiosas”, apunta la docente.

Lucía sueña con que un día los comedores y merenderos no existan. “Ojalá eso pase. Ojalá encontremos la manera de que la justicia social deje de ser una utopía”, se esperanza.

Caída libre

 

En ocasiones, junto con los alimentos se ofrece abrigo, apoyo escolar, asistencia médica y hasta consejos legales. No siempre se sirve la comida en una mesa. Para Nahuel Aise, que trabaja para los Merenderos Nueva Generación, es mejor que la gente traiga su tupper y coma en sus hogares, “porque así siguen almorzando en casa, en familia”.

Nahuel y sus compañeros empezaron trabajando en una biblioteca popular, la "Antonio Tormo", que está en el barrio 26 de enero de Las Heras. Pero el debacle económico los impulsó a dedicar cada vez más tiempo a la contención lisa y llana de la gente que se acerca con hambre. “Con donaciones y dinero de nuestro bolsillo mantenemos tres ollas populares y dos merenderos, además de coordinar con otros espacios”, enumera.

Estamos empezando a ver mujeres embarazadas con signos de desnutrición (Nahuel Aise, Merenderos Nueva Generación)

¿Quiénes se acercan? “Se nos juntan los pibes y los abuelos que vienen porque en muchas ocasiones es su única comida diaria. A veces llegan a las seis de la tarde, porque todavía no han almorzado”, se lamenta Nahuel. Y asegura que en las zonas más necesitadas –El Challao, el Plumerillo, El Algarrobal, El Borbollón- han empezado a ver mujeres embarazadas con signos de desnutrición. “Te das cuenta porque el odontólogo le mira los dientes y te lo dice. O el kinesiólogo la escucha respirar y avisa que esa persona no está comiendo bien”.

Después de mediados de mes, la asistencia se dispara. “Seguramente hay vecinos que cobran la asignación y con eso aguantan un par de semanas. Luego del día 15, la cantidad de personas en las ollas populares aumenta el 200%”.

Los entrevistados coinciden en que, más allá de lo que muestra la TV, en muchas zonas del conurbano ya se está en una lógica de supervivencia. Aise: “La gente sueña con conseguir trabajo. Hoy tenemos nietos y hasta bisnietos comiendo en casa de una abuela, porque a lo mejor ella cobra una jubilación y es la única que puede comprar comida”.

Merenderos
Muchos comedores no reciben ninguna ayuda del Estado.

 

Teléfonos y sitios de contacto

 

Merendero Atahualpita: Lucía está a cargo de la página de Facebook. Para contactarse, entrar a este LINK.

Comedor Pancitas Llenas: La gente puede ayudar con mercadería y abrigo. El teléfono de Ivana Alonso es 2613606091. También son bienvenidos quienes quieran acercarse al comedor.

Merenderos Nueva Generación: Se los puede contactar en el siguiente LINK.

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