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Chegusan Comida

Fiebre latina en Buenos Aires: 3 restaurantes recomendados

La gastronomía porteña crece y se diversifica con la influencia de otras cocinas del continente. Acá, un recorrido por algunas novedades que vale la pena conocer.

Las mollejas sobre cachapas con chimichurri de huacatay de Ronconcon, en Caballito.

Las mollejas sobre cachapas con chimichurri de huacatay de Ronconcon, en Caballito.

Por: Abril Correa Leveratto

Aunque sigamos siendo unos apasionados del asado, la pizza, las milanesas y las pastas, hace tiempo que los argentinos venimos ensayando nuestra apertura culinaria: los bodegones y las parrillas ya conviven con restaurantes peruanos, árabes, asiáticos, vegetarianos y veganos sin (demasiados) resquemores. Y, en los años recientes, ese crecimiento gastronómico empezó a profundizarse con la llegada de nuevas influencias latinoamericanas. Estos son algunos de los flamantes exponentes que versionan recetas mexicanas, venezolanas, colombianas y hasta chilenas para enamorar al público local

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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RONCONCON

Acá hay mérito por partida doble. Ronconcon, inaugurado hace unos ocho meses, no solo logra combinar con astucia las tradiciones de varios países latinos, sino que lo hace desde un espacio muy (¡pero muy!) lindo en Caballito, un barrio que no suele aportar grandes novedades en el rubro. Detrás de este restaurante hay tres socios: Emilio Bruno, argentino, con experiencia en barras (878, Isabel, Frank's); su pareja, Nayary Moncada, y Paul Porras, ambos venezolanos (dato de color: Emilio y Nayary también administran Garage Bar, en San Telmo). El nombre que eligieron hace alusión al tema "Ran Kan Kan", de Tito Puente, y ahí, de nuevo, otra virtud: la música que acompaña la cena es perfecta. Yendo a lo principal, los platos son una sorpresa tras otra en una carta muy inclusiva, donde la mitad de las opciones son aptas para celíacos y otro buen número es veggie. La panera -que hay que pedir y pagar especialmente- es una locura y lo mejor para arrancar: trae panes de café, buñuelos de yuca y arepitas de papelón por $165. Para seguir, hay varios hits, como los patacones ($440) con carne mechada, queso llanero, pico de gallo, frijoles negros y barbacoa de plátano o las mollejas de degolladura sobre cachapas con chimichurri de huacatay ($390). Aunque más conocido por estos pagos, el ceviche la rompe y se sirve en porción entera ($545) o ración ($425), con pesca curada (puede tocar besugo, por ejemplo), mango, ají amarillo y chips de mandioca. La idea es pedir varios platos y probar de todo; lo que se estila ahora, digamos. Para calmar la sed, hay una buena carta de vinos (Paso a Paso Wines, Manos Negras, Finca Suárez, Teho, Los Cardones, Catena Zapata) y tragos (riquísimo el Gimlet, $225). Dirección: Beauchef 527. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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MOLA

Cuando pensamos en Chile, no lo vinculamos a una cocina muy específica: sabemos que hay muchos pescados y mariscos (que importamos), pero no vamos más allá. Y así como tenemos una idea difusa, tenemos un registro muy acotado de representación de esa comida en nuestra ciudad; quizás el único restaurante chileno recordado es Valparaíso, cerrado hace varios años en Palermo. Mola, en una zona cada vez más dinámica de San Telmo (donde solía estar Los Infernales, frente al Mercado), llega a saldar esa deuda: Ignacia Echeverría prepara los platos calóricos de su infancia, esos que la acompañaron en cumpleaños, cenas caseras y antojos callejeros. De la mano de Julián Lucero, con quien hace poco tuvo a su primer hijo, y de Jaime Echeverría, ofrece contundentes "completos", la variante chilena del pancho, en diferentes presentaciones: hay de salchicha alemana, de salchicha de seitán (atenti, vegetarianos y veganos del barrio) y la mejor creación de todas, el Fishpleto, con camarones apanados, cebolla, tomates cherry, cilantro y mayonesa de lima. Se sirven en un pan de masa madre similar al panini, pero más corto y grueso. También hay chorrillanas (montañas de papas fritas, carne a la plancha, chorizo, cebolla frita y huevo frito, bien light), hamburguesas y empanadas fritas de queso (sí, solo de queso, como en Brasil) o de osobuco con Pebre (salsa chilena a base de tomate, cebolla, cilantro y ají). Los precios son accesibles: una empanada cuesta $50 y un combo de completo con pinta de cerveza artesanal, $350. La birra es de Kunstmann o de Kingston, y también hay tragos que despacha Julián desde la barra, como el Pisco Sour con rica-rica o el Borgoña, una mezcla de vino tinto con frutilla y azúcar que es suave y fresco, pero que conviene tratar con respeto. Dirección: Carlos Calvo 492.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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ULÚA

Con los halagos que está recibiendo este restaurante en las redes y en los medios, uno pensaría que se va a encontrar con algo más formal, pero no: este rincón de Chacarita es austero, relajado y simpático. Su verdadero valor no está en el lugar -que, igual, funciona muy bien-, sino en la honestidad de su cocina, aunque suene a concepto prefabricado; para una clientela acostumbrada a las fajitas y burritos tex-mex de cadenas como Taco Box, lo que hacen los tres propietarios veracruceños de Ulúa (Alfredo, Antonio y Jesús) es una novedad de principio a fin. No hay nachos con Cheddar ni guacamole por doquier. El menú tiene diez platos, incluyendo un postre, que llegan a la mesa en porciones chicas, pensadas para el atracón: si una mesa se quiere pedir todo lo que está en la carta, puede y no es un despropósito (siempre que sean tres, cuatro o cinco comensales). La comida es bastante simple, pero siempre rica y de sabor equilibrado. Para una cena de dos, conviene empezar con unos chilaquiles ($270), básicamente totopos sumergidos en salsa roja, con crema ácida y huevo frito; seguir con las quesadillas ($210) de queso y hongos; pedir el mole ($340), que trae pollo, crema ácida, cebolla, queso fresco, totopos, un poco de frijoles refritos y arroz rojo; y no perderse los tacos de carnitas (de cerdo confitado, $220). El cierre obligado es la torta 3 leches ($170) que, como única alternativa dulce, es cumplidora pero algo insulsa. Para tomar, muy ricas la limonada de pepino ($95) y el agua de Jamaica ($90), aunque los vinos son lo mejor, con etiquetas como Doña Paula Riesling o Petit Bobó Red Blend. Dirección: Av. Jorge Newbery 3791.

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