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Género

Todo lo que es la maternidark

Si hablamos de maternidades, hay que saber que no todo es color de rosa. En el Día de la madre queremos mostrarte el lado oscuro, difícil y complejo de uno de los roles más constitutivos de una sociedad que silencia y llena de exigencias a los cuerpos gestantes. 

Todo lo que es la maternidark

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Por: Paula Gimenez

Ser madre es una de las cosas más maravillosas que pueden sucederle en la vida a cualquier persona con capacidad de gestar. Si bien es complejo, el instinto maternal es el que resuelve todas las dudas y angustias que pueden surgir ante tan movilizante suceso. 

No. Mentira. El instinto maternal no existe. Es sólo un argumento sostenido por cientos de años muy funcional a un sistema que le exige a la maternidad abnegación y dedicación sin chistar porque nadie quiere en este mundo la etiqueta de mala madre. 

Si hay algo fundante en esta sociedad es este rol que atraviesa la vida de cualquier “mujer” (uso comillas porque las personas trans también gestan y no necesariamente son mujeres). Hasta hace no muchos años, criar era lo único que las personas con útero veníamos a hacer a este mundo. Conseguir un esposo que nos salve era y darle a ese varón descendencia era el objetivo principal. 

Pero los tiempos cambiaron y entre otras cosas, los roles de género. Hoy, gracias a los movimientos feministas que traccionan desde hace siglos la igualdad de derechos, hay reflexión y debate en temas que estaban por demás naturalizados. 

La famosa frase de la pensadora feminista Silvina Federici, “Eso que llaman amor es trabajo no pago”, habla sobre las tareas del hogar pero también, y principalmente, sobre la crianza. Esta frase no sólo cuestiona el rol sino que además deja en claro cómo en un sistema capitalista en el que vivimos, “el amor” no alcanza, no sirve y no justifica la cantidad de trabajo que genera cuidar a les hijes

El Día de la madre fue históricamente un día de celebración en el cual se le regalan flores o cositas lindas, pero desde Filo.News entrevistamos a dos autoras de dos libros claves porque la idea es hacer algo distinto. 

Con la ilustradora Ro Ferrer y autora de “Mala madre” y la periodista española Esther Vivaz, autora de “Mamá desobediente”, charlamos sobre las dificultades que tiene la maternidad y la importancia de un debate justo al respecto. 

Mamis, no están solas

“La maternidad es una experiencia que viene muy condicionada por el contexto social económico en el que nos encontramos y este contexto es hostil. A menudo no somos las madres que queremos ser, somos las madres que podemos ser en un contexto en el cual prácticamente tenemos todo en contra”, expresa Vivas. 

Si bien no es lo mismo ser madre de clase media que ser madre en la pobreza o ser madre y sufrir algún tipo de discapacidad, o tal vez ser madre soltera, hay un link y una lista de requisitos que todas las madres de este mundo deben cumplir. “Leemos a la maternidad a través de la experiencia individual de cada mujer que tiene hijos pero en realidad la maternidad es una construcción sociocultural”, aclara la periodista española. 

El silencio, la compresión y entrega total son características de una maternidad perfecta. La construcción de este rol tiene un anclaje en la religión y en el sistema capitalista muy potente y el objetivo de un maternar sin quejas, el peor de los escenarios.    

"El libro surge para hacer catarsis y sublimar mi maternidad durante la cuarentena. Tenía que ver con todas estas cosas que me iban pasando a diario y a mí y al resto de las compañeras. Creo que hay que pensar en la maternidad como una construcción colectiva. Empezar a contar anécdotas y darnos cuenta de que somos muchísimas las que atravesamos lo mismo",  relata la ilystradora Ro Ferrer. 

Cuando una problemática sale de lo individual y toma una dimensión global y colectiva, cambia la forma. Y eso sucede con la maternidad y los feminismos, con desarmar esa idea vetusta y poco real del cuidado y empezar a abordar el tema con las herramientas necesarias. 

De hecho, considerar a la maternidad como algo preponderante y constitutivo de la sociedad, hace que se exijan y existan políticas públicas que busquen prevenir embarazos no deseados, licencias de maternidad y paternidad más amplias, jardines de infantes en los trabajos y cientos de proyectos que buscan alivianar el labor maternal. 

"Hay que mirar a la maternidad desde una perspectiva política. Entendiendo que no es sólo una responsabilidad de las mujeres que tenemos hijos, sino que es una responsabilidad de todos, de la sociedad en general, de mujeres, de hombres, de instituciones. Hay que tener derecho como mujeres a poder ser madres, si así lo deseamos, a poder tener un parto sin violencia y un poder dar de mamar de manera satisfactoria", agrega Vivas.

Nada es como nos contaron 

La idea de la maternidad como un rol superador, un estadío más elevado, un viaje sensorial a lo más profundo, un momento de paz mental y física, un pasar de nivel o, como bien indicó el actor Facundo Arana, la realización de todas nosotras como mujeres, es un discurso que de apoco comienza a desarmarse.

Los malabares, las expectativas ajenas y la violencia son algunas de las vivencias complejas que atraviesan las personas que maternan. "No nacimos ni con el chip de la maternidad, ni del instinto materno, ni de encontrar cosas, ni el del amor por la limpieza. Yo el inodoro no lo limpio por amor. Ese verso no me lo como más y aspiro a que cada vez sean más las que se den cuenta que nos educaron de esta manera porque apenas nacimos nos dieron la escobita y las muñecas para cuidar", sostiene la ilustradora.

Los feminismos repiten una y otra vez cómo comienzan a través de los juguetes y del "deber ser" a instalarse los roles de género que luego serán un problema y un impedimento a la hora de, por ejemplo, acceder a los mismos derechos. La escobita, la cocinita, los bebés de plástico, no son juguetes inocentes, son guiónes de un destino anunciado que, si incomoda, hay que comenzar a desarmar. 

"Debatir sobre esto no tiene que ver con imponer cómo deberíamos ser como madres, sino justamente a visibilizar que hay tantas maneras de maternar como personas que maternan en el mundo", agrega Ro Ferrer. 

"Es imprescindible también poder decidir sobre nuestro propio parto, Sobre cómo queremos parir y de qué manera queremos críar. Se nos es negado por toda una sociedad, por todo un sistema médico, pero es momento de hablar de las necesidades de las mujeres que somos madres y es muy importante hablar de la maternidad real y hacerlo en clave de derechos", reafirma Vivas. 

La escritora de "Mamá desobediente" insiste una y otra vez sobre las pocas opciones que tienen las madres a la hora de, por ejemplo, parir, porque considera que la violencia obstétrica (aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres) es una de las problemáticas más comunes que atraviesan los cuerpos gestantes. 

"Este tipo de violencia la llevan a cabo los profesionales sanitarios, en particular en la atención al parto, pero también en el embarazo y en el posparto. Generan un dolor físico y emocional en la mujer. Por ejemplo, que tengan una cesárea innecesaria, que no te informen adecuadamente de los procedimientos que se van a aplicar sobre tu cuerpo, que te maltraten, que te obliguen a dar a luz sola, que te separen de tu criatura apenas nace. Todas estas acciones son constitutivas de violencia", sostiene Vivas y agrega: "El gran problema es que las hemos normalizado porque pensamos que parir es eso y que nada podemos hacer al respecto". 

En nuestro país desde el año 2015 está en vigencia la Ley de Parto Humanizado (25.929) que establece los derechos con los que la mujer goza durante el embarazo, trabajo de parto, parto y postparto. Además insta a las empresas de medicina privada prepaga y a las obras sociales a instrumentar las medidas y ejecutar los cambios necesarios para garantizar el cumplimiento de la ley si así la persona gestante lo desea.

Aún así, esta ley no se cumple en su totalidad y si en épocas de normalidad, la vulneración a esos derechos es cotidiana, imaginemos durante la cuarentena. Según la agencia Télam, el índice de cesáreas e inducciones aumentó un 57%

Pero no es la violencia obstétrica la única forma en la que la maternidad genera secuelas. La poca atención profesional respecto a la depresión postparto, la casi nuca información sobre cómo atravesar los primeros años, las ineficientes políticas públicas respecto a los derechos laborales de las madres, también se acomodan en la larga cola de dificultades a atravesar.  

"Hay un sistema patriarcal que nos quiere encerradas en casa y sin control sobre nuestros propios cuerpos y experiencias. Además de un sistema capitalista que básicamente quiere a la maternidad supeditada a lo productivo y al empleo. Ante este ideal de buena madre que es inasumible, que es indeseable, hay que reivindicar la maternidad real con todas sus luces, sus sombras y así romper silencios y tabúes", afirma Vivas.

¿Mamá y feminista? ¿Con qué se come?

Dentro de los movimientos feministas existen algunos grises y rispideces respecto a las maternidades. El derecho a no maternar como una de las luchas de los movimientos de "mujeres" se entrecruza con "las mamis del jardín" y esos chispazos muchas veces alejan a quienes maternan de los espacios feministas. 

Pero así como existe esta puja, existe la conciliación y los espacios en donde se construyen realidades y se dan herramientas para aquellas madres que diambulan perdidas entre el maravilloso y oloroso mundo de los pañales y las ganas de no perder la vida entera intentando llegar a ideales inalcanzables.  

"Cuando hablamos de maternidad y de feminismo, consideramos que son experiencias opuestas cuando en realidad están íntimamente unidas. De hecho, muchas mujeres que no son feministas, una vez que se convierten en madres, comienzan a comulgar con las ideas feministas, precisamente porque ser madre implica ir a contra corriente y tener muchos obstáculos. Y si tú eras feminista antes de ser madre, como es mi caso, la maternidad te reafirma en tus convicciones, precisamente por las dificultades con las que nos encontramos para maternar", indica Vivas. 

"La mirada feminista me permitió modificar un montón de cosas o situaciones que en otro momento quizás hubiera manejado diferente. Creo que el feminismo brinda un espacio de contención en donde las madres no se sienten juzgadas y eso es fundamental. Estamos aprendiendo juntes y transformarnos en guías de esos procesos maravillosos que también van a ser dolorosos es más que necesario", explica RO Ferrer.

No es un tema simple. El origen biológico de la maternidad puede incomodar porque existe entre "lo natural" y lo cultural una tensión constante dentro de los debates feministas, pero los espacios para el diálogo son claves y la reflexión social, necesaria. 

"Me parece que el feminismo viene a ofrecernos una maternidad más amorosa con nosotras mismas. Un empezar a tratarnos bien, a tenernos más paciencia y a entender que no tenés la obligación de que todo siempre sea perfecto porque nada lo es", indica Ro ferrer. 

Cuestionar lo establecido y hacerlo con responsabilidad, acompañar y entender, debatir y escuchar las problemáticas que acarrean la vida de millones de personas gestantes en nuestro país es una de las tareas de uno de los movimientos más grandes, poderosos y heterogéneos de la humanidad. 

La maternidad tal y como la conocemos es funcional a un sistema de desigualdades que se basa en acatar los roles establecidos y callar ante el mundo, tus amigas y tu familia sobre los dolores, angustias y miedos que da semejante labor. 

"Necesitamos que esta nueva ola feminista incorpore a su agenda las necesidades, los derechos de las madres y de las criaturas. Si no es el feminismo quien reivindica acabar con la violencia obstétrica, ¿quién defiende el parto respetado? ¿Quien reivindica licencias de maternidad más amplias? ¿Quién lo va a reivindicar?", se cuestiona Vivas y agrega: "Es imprecindible poder reivindicar el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo a lo largo de la experiencia materna para que no se sigan vulnerando nuestros derechos". 

Es momento de dejar las culpas afuera, de compartir experiencias y de desarmar para armar nuevas figuras maternas, esas que se construyen de generación en generación. Roles más libres, menos exigidos y más comprensivos con la crianza. Y festejar el Día de la Madre con alegría, sí, pero también con la convicción de que hay esperanza en un futuro mejor para nosotras y que la maternidad será deseada y feminista o no será.    

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