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Las puericultoras: entre la lactancia, la salud mental materna y la deuda del sistema público

El 17 de marzo se celebra el Día de la Puericultura y desde Filo News hablamos con profesionales y maternidades sobre una especialidad que acompaña a las familias en uno de los momentos más vulnerables de la crianza, para entender qué es esta profesión, qué lugar ocupa en la salud mental perinatal y por qué es importante garantizar su acceso.

Las puericultoras: entre la lactancia, la salud mental materna y la deuda del sistema público

Por Kiara Zangari

El nacimiento de un bebé suele imaginarse como un momento de felicidad para madres y padres, pero también sabemos que es una etapa atravesada por cambios profundos, en especial para las personas gestantes.

El puerperio es un momento donde la información, el acompañamiento y la contención pueden marcar una diferencia real.

En ese escenario, la puericultura ocupa un lugar cada vez más relevante dentro del cuidado perinatal, porque “lejos de lo que uno podría llegar a pensar, las profesionales trabajan más con los adultos que con los bebés”, explica Sandra Rodríguez, Lic. en obstetricia y consultora internacional de lactancia.

Está comprobado que el apoyo profesional durante el puerperio puede mejorar la experiencia, no solo de la lactancia, sino que también ayudar a prevenir dificultades frecuentes y fortalecer el bienestar tanto de quien cuida como del recién nacido. 

Entonces, ¿por qué en Argentina el acceso a ese acompañamiento todavía es desigual? Incluso muchas veces depende del lugar donde se atiende una familia o de la posibilidad de pagar una consulta privada.

"Amamantar se aprende"

Uno de los mitos más comunes sobre la lactancia es que, por ser un proceso natural, debería darse de forma automática. Sin embargo, en la práctica no siempre pasa así.

“La lactancia es una función fisiológica, pero está tan influida por la cultura que es necesario un tiempo de aprendizaje”, afirma Sandra, y esto muchas veces se debe a la falta de información y a las dificultades de la vida cotidiana.

Según la Encuesta Nacional de Lactancia Materna (ENaLac) 2022 del Ministerio de Salud de la Nación, solo el 45% de los bebés reciben lactancia exclusiva a los seis meses. Si bien esa cifra creció respecto a 2011, cuando era del 30%, la distancia entre querer amamantar y poder sostenerlo sigue siendo grande.

Para Rodríguez, eso no sorprende cuando el sistema no acompaña: “Que vos promuevas la lactancia no garantiza que las personas, por el solo hecho de proponérselo, vayan a lograr el objetivo”.

“Quien se ve obligado a elegir entre seguir amamantando o volver al trabajo, por ejemplo, elegir entre una cosa y la otra, no está eligiendo; se ve obligado a tomar un camino porque no tiene otra alternativa”.

“Entonces es un mensaje muy contradictorio este de tenés que amamantar durante seis meses y continuar hasta los dos años, pero también tenés que volver al trabajo, tenés que trabajar 12 horas. Además, si estabas estudiando, seguir estudiando, ocuparte de tu casa. Es muchísimo y en algún lugar desborda; y donde suele desbordar es en la lactancia”, asegura.

Sandra Rodríguez (Lic. en obstetricia y consultora internacional de lactancia - Cortesía de prensa, Carla Guglielmo)

En medio de ese escenario, donde muchas veces las expectativas chocan con la vida cotidiana, las puericultoras suelen correrse de los discursos más estrictos sobre la lactancia. Su trabajo no pasa por imponer un único camino, sino por acompañar a cada familia a encontrar el suyo.

Soledad Méndez, doctora en Bioquímica y puericultora, lo plantea de esta manera: “La información es poder, y el poder decidir cómo alimentar a un bebé tiene que venir desde la información real, desde lo que va a suceder, desde los riesgos y beneficios”.

Parte de ese enfoque, explica, también tiene que ver con combatir la desinformación que todavía rodea a la lactancia: “Hay muchos mitos que recorren la lactancia desde el inicio hasta el final; y, cuando no hay información, terminamos tomando decisiones desde la culpa”.

Soledad Méndez (Doctora en Bioquímica y puericultora - Cortesía de prensa, Carla Guglielmo)

Por eso, además de acompañar a familias en la práctica cotidiana, también trabaja desde la investigación. En julio viajará a San Diego con una beca para estudiar componentes de la leche humana, en particular los oligosacáridos, con el objetivo de avanzar en uno de los primeros reportes sobre el tema en Argentina. “Es empezar a traer investigación sobre lactancia al país”, explica.

Para poder hacer ese viaje, Soledad también organizó una recaudación a través de su curso online “La leche que no te contaron”, donde aborda la lactancia más allá de su dimensión nutricional, junto otros aspectos vinculados al desarrollo del bebé.

Para cerrar, aclara algo que suele aparecer en muchas consultas: “No es que somos fundamentalistas de la lactancia, que sí o sí todas las mamás del mundo tienen que amamantar porque es el deber. No viene de ahí, no viene de una imposición, sino que viene del conocer cuáles son los beneficios reales y cómo funciona la lactancia”.

Ese tipo de investigaciones también ayudan a entender algo que muchas veces se pierde en el debate público: la lactancia no es solo una cuestión de alimentación. Además de su valor nutricional, la leche materna cumple otras funciones importantes en el desarrollo temprano del bebé, como en la formación del sistema inmunológico.

Desde la pediatría, Sabrina Critzmann lo explica así: “La lactancia no es solo alimento, también forma un perfil metabólico y forma un perfil en la microbiota de esas infancias”.

“El acompañamiento, las indicaciones iatrogénicas o inclusive las decisiones de las personas son uno de los puntos más importantes cuando trabajamos en puericultura Las puericultoras no forzamos lactancias de ninguna manera. Los pediatras tampoco lo hacemos: acompañamos todas las decisiones y las situaciones posibles de cada familia”, afirma.

“Lo que mi teta podía lograr” 

Caetano tenía dos meses y medio cuando llegó a terapia intensiva con respirador. Su mamá, Celeste, empleada administrativa de 43 años de San Luis, hacía dos días que tenía mastitis y las tomas no le salían bien. 

La explicación llegó después: su hijo no podía succionar. El diagnóstico era botulismo del lactante, “una enfermedad que afecta a todo lo neuromuscular”.

Por suerte, Adru, la cuñada de Celeste y puericultora, quien vivía en Buenos Aires, estaba de visita esa semana. 

Lo que vino después fue un plan de extracción para evitar la leche de fórmula, que consistía en “extraer manualmente por teta” cada hora y media, día y noche, en la sala de terapia del hospital. 

“Tenía un extractor manual y así iba, juntaba 10 mililitros de leche, golpeaba la puerta de terapia, ‘por favor, denle esto’. Y ahí fue repuntando”.

“Mi pareja siempre dice que ese fue el acto más mamífero que pudo haber visto en una persona”, aseguró Celeste. 

Además del amor por su hijo, la información fue lo que la sostuvo en todo momento: “Mi hijo se estaba muriendo y me dieron a entender que mi leche lo iba a salvar”.

Celeste (Mamá de Caetano - Cortesía de prensa, Carla Guglielmo)

Pero ¿qué pasa cuando amamantar no sale como se esperaba o simplemente no es posible? En esos casos, la experiencia del puerperio puede volverse especialmente desafiante, y la salud mental de quien cría pasa a ocupar un lugar central.

Hay algo que las puericultoras repiten y que todavía cuesta instalar: el puerperio dura mucho más de lo que se cree. 

Durante mucho tiempo se lo asoció sólo con los primeros cuarenta días después del nacimiento, pero como remarca Sabrina Critzmann, el puerperio “es mucho tiempo, incluso años”.

Además, es un período que implica una adaptación profunda. No solo aparece un bebé en la vida de una familia: también llegan el cansancio acumulado, las dudas, las expectativas y muchas veces la presión sobre cómo debería vivirse la maternidad o la lactancia.

“Uno de los mejores regalos que le podemos hacer a las infancias es nuestra propia salud mental, y observar la salud mental de las personas que están criando es fundamental”. 

Sabrina Critzmann (Pediatra, puericultura y consultora internacional de lactancia - Cortesía de prensa, Carla Guglielmo).

“Ante ciertos signos, como muchísima tristeza o cambios en el patrón alimentario de la persona que está criando, cambios en el patrón de sueño, la imposibilidad tal vez de despertarse o de no querer levantarse de la cama. Amerita una consulta precoz”, advierte. 

“Cuando la persona se siente completamente incapaz de cuidar del bebé cuando la angustia está presente casi todo el tiempo, cuando disfrutar del bebé es algo que no sucede, cuando la sensación de hundirse en la oscuridad es muy recurrente, es necesario hacer una consulta. El límite que separa lo normal de lo no normal puede ser diferente de persona a persona, pero me parece muy importante compartir esta idea: no hay que quedarse solo en el puerperio”, agrega también Sandra Rodríguez

La importancia de hablar de salud mental en la crianza, no solo dentro del consultorio

Hablar de salud mental en la crianza no sólo implica reconocer cuándo pedir ayuda. También obliga a mirar qué tipo de redes, ya sean familiares, profesionales o públicas, existen para acompañar a quienes atraviesan ese momento.

Porque muchas veces el sostén no aparece únicamente en el consultorio, sino también en el día a día. “El regalo de la consulta de puericultura, las políticas públicas que apoyen su presencia en el sistema público de salud. Pero también llevar la comida, ir a limpiar los pisos, lavar los platos, cortar el pasto. Todas esas pequeñas cosas que influyen en la salud mental”, aconseja Critzmann.

Rodríguez también lo piensa desde esa misma inquietud: “En estos tiempos donde la realidad es tan cambiante y tan vertiginosa, me parece más necesario que nunca pensar en cómo cuidamos a la familia. ¿Cómo puedo acompañar? ¿Cómo puedo sostener y contener para que el otro pueda tomar las mejores decisiones posibles en su situación particular?”.

Detrás de ese consejo hay algo que muchas veces queda en segundo plano: el trabajo de quienes acompañan esos procesos. 

No es un trabajo liviano ni siempre reconocido: “Es una enorme tarea. Es ponerse realmente al servicio del otro”, dice, y señala que muchas veces esa entrega convive con condiciones difíciles. 

“En la actualidad, los profesionales de salud en su mayoría están viviendo situaciones muy complejas, vinculadas con el trabajo, con tener que sostener jornadas muy largas para poder llegar a un ingreso suficiente”.

“No olvidemos en este tiempo la importancia que tiene sostener y cuidar al equipo de salud, que incluye a las puericultoras, para que puedan ejercer su profesión de la mejor manera posible”, plantea, sin olvidar que ese cuidado no es sólo individual, sino colectivo: “es un beneficio para la sociedad en su conjunto”.

La deuda del sistema público

En 2025, la provincia de Buenos Aires sancionó la Ley 15.525, que reconoce formalmente a la puericultura dentro del sistema de salud y regula su ejercicio profesional. Otras provincias avanzan en el mismo sentido, con proyectos similares en trámite. Sin embargo, en la práctica, el acceso sigue siendo desigual.

“Las personas que tienen la oportunidad de tener a sus hijos en sanatorios privados tienen muchas más probabilidades de ser acompañadas por una puericultora que quienes atraviesan la maternidad en hospitales públicos. Todavía es una gran deuda que tenemos con las familias: el poder asegurarles a todos el derecho a ser acompañados, a ser sostenidos, a recibir la mejor calidad de atención”, explica Sandra Rodríguez.

Esa distancia entre lo que debería ser y lo que efectivamente pasa, también atraviesa el día a día de las profesionales. “La puericultura hoy es un privilegio para muchas”, resume Méndez, y en esa frase aparece una de las tensiones centrales: el acompañamiento existe, pero no llega a todas.

“Estamos trabajando para que no lo sea”, agrega, en referencia a un proceso que implica disputar espacio dentro del sistema de salud y ampliar el acceso en lo público.

“Hay leyes de puericultura en la provincia de Buenos Aires, se aprobó para que puedan estar en hospitales, que podamos empezar a trabajar en lugares de salud pública”, explica. Y vuelve sobre la idea que atraviesa todo: “es importante porque no debería ser un privilegio”.

De esta forma, el Día de la Puericultura invita a abrir una discusión más amplia, no solo para todas las familias, sino también para poner en valor el trabajo de las profesionales que se dedican a acompañar a quienes cuidan.

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