Italia comenzó a sentir de forma concreta los efectos de la crisis energética derivada del conflicto en Medio Oriente. En los últimos días, varios aeropuertos del norte del país implementaron restricciones en el suministro de combustible para aviones, encendiendo alarmas en el sector aerocomercial europeo.
Las limitaciones afectan a terminales clave como Milán Linate, Venecia, Bolonia y Treviso, donde se redujo el acceso al Jet A1, utilizado en la aviación. La medida, que en principio se extenderá hasta el 9 de abril, responde a una menor disponibilidad por parte de proveedores como Air BP Italia.
Para sostener la operatividad, se estableció un sistema de prioridades que favorece vuelos sanitarios, oficiales y de larga distancia. En cambio, muchos vuelos comerciales enfrentan un tope de carga de apenas 2.000 litros por aeronave, una cantidad insuficiente incluso para trayectos cortos, lo que podría derivar en cancelaciones o reprogramaciones.
El escenario se da en paralelo a una intensa actividad diplomática de la primera ministra Giorgia Meloni, quien realizó una gira por países del Golfo como Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Desde allí, reclamó garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz, una vía clave por donde circula una parte significativa del petróleo mundial.
El estrecho de Ormuz se volvió un punto crítico tras la escalada bélica en la región, con interrupciones en el suministro que ya impactan en los precios y en la logística energética global. Europa, altamente dependiente de estas rutas, comienza a sentir las consecuencias, especialmente en sectores como el transporte aéreo.
Aunque las autoridades italianas intentaron llevar tranquilidad y aseguraron que las operaciones continúan, empresas del sector advierten que la situación podría agravarse si el conflicto se prolonga. Aerolíneas y analistas anticipan posibles aumentos de tarifas y mayores restricciones en las próximas semanas.
La combinación de tensiones en Medio Oriente, dependencia energética y problemas logísticos plantea un escenario incierto para Europa, que ya empieza a enfrentar las primeras consecuencias en el abastecimiento de combustible.