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La pobreza alcanza al 30% de los argentinos y se frena la mejora en los hogares

Con la indigencia en 6,5% y la infancia como el sector más golpeado, la suba en alimentos y tarifas volvió a acorralar el presupuesto familiar.

La pobreza alcanza al 30% de los argentinos y se frena la mejora en los hogares

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, elaborado a partir de datos del INDEC, confirmó el freno en la recuperación social durante el primer trimestre de 2026. El relevamiento dejó en evidencia el fin de la racha descendente que se observaba de forma continua desde finales de 2024 y marcó el inicio de una fase de estancamiento en los hogares, con la pobreza alcanzando al 30% de la población y la indigencia al 6,5%.

Las cifras representan un leve deterioro de 0,1 puntos en pobreza y de 0,4 puntos en indigencia con respecto al cierre de 2025. Pese a este freno en la recuperación, la comparación interanual frente al primer trimestre del año pasado todavía arroja un saldo favorable, con bajas de 1,4 y 0,4 puntos porcentuales respectivamente.

El impacto del fenómeno continúa mostrando marcadas asimetrías territoriales. Concordia encabeza el mapa nacional con un 52,5% de pobreza, seguida por el Gran Resistencia con un 49,7%, Posadas con un 42,6%, Gran Santa Fe con un 39,7% y Corrientes con un 38,4%. En el terreno de la indigencia, el Gran Resistencia registra la situación más crítica al alcanzar a casi un cuarto de su población con el 24,3%.

Por su parte, el Conurbano bonaerense anotó un 34,3% de pobreza y la Ciudad de Buenos Aires la tasa más baja del país con un 8,4%. Además, la vulnerabilidad sigue ensañándose con la infancia, donde el 44,2% de los niños de entre 5 y 12 años se encuentra bajo la línea de pobreza.

Detrás de este freno en la mejora social convergen dinámicas económicas y laborales que erosionaron la capacidad de compra de las familias. Durante el primer trimestre, el aumento de las canastas de alimentos y servicios superó holgadamente al de los salarios. A esto se sumó un deterioro en la calidad del empleo: si bien la desocupación no sufrió grandes saltos, la informalidad escaló al 44,2% de los trabajadores. La desaceleración de la actividad económica, el rezago en las actualizaciones de la ayuda social y el fuerte peso de los aumentos en tarifas de servicios, transporte y alquileres terminaron de recortar el margen de ingresos destinado a la compra de alimentos.

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