El cáncer de mama es el tumor más frecuente entre las mujeres a nivel mundial y, en Argentina, se estiman más de 20.750 nuevos casos por año. Sin embargo, un análisis de la Dirección Nacional de Cáncer del Ministerio de Salud registró una disminución sostenida de la mortalidad del 1,7% anual entre 2014 y 2026, vinculada, entre otros factores, al diagnóstico precoz y los avances en los tratamientos.
Cáncer de mama: a qué edad se recomienda realizar una mamografía
La enfermedad es más frecuente después de los 50 años, aunque puede aparecer a cualquier edad. Según las recomendaciones del Consenso Nacional Inter-Sociedades citadas por los especialistas, se indica una mamografía de base entre los 35 y 37 años y controles anuales a partir de los 40. La frecuencia debe adaptarse al riesgo individual y a la evaluación médica.
La doctora María Eloísa Godino, especialista del Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento (IADT), advirtió que no es necesario presentar síntomas para consultar, ya que el tumor puede desarrollarse sin dolor ni cambios visibles. Entre las señales que requieren evaluación médica se encuentran los bultos en la mama o axila, alteraciones en la piel, retracción del pezón y secreciones espontáneas.
Los avances en el diagnóstico y tratamiento del cáncer de mama
En los últimos años se incorporaron herramientas como la mamografía 3D, la resonancia magnética y los estudios con contraste, que permiten evaluar lesiones con mayor precisión en situaciones específicas. A su vez, los tratamientos evolucionaron hacia procedimientos quirúrgicos menos invasivos y terapias adaptadas a las características de cada tumor.
“Pasamos de tratamientos más generales a tratamientos cada vez más específicos. Esto permitió mejorar las posibilidades de curación en la enfermedad localizada y prolongar la vida de muchas pacientes con enfermedad avanzada”, explicó el doctor Juan Ignacio Hernández Morán, jefe del Servicio de Oncología del IADT.
Por su parte, el mastólogo Francisco Santillán destacó que las nuevas técnicas permiten realizar cirugías conservadoras y reducir intervenciones sobre los ganglios axilares. Los especialistas remarcaron que la detección temprana aumenta las posibilidades de curación y que mantener hábitos saludables, realizar actividad física y limitar el consumo de alcohol contribuye a reducir el riesgo, aunque no lo elimina por completo.