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Mariquita Sánchez de Thompson: Feminista, rebelde y revolucionaria
Actualidad

Mariquita Sánchez de Thompson: Feminista, rebelde y revolucionaria

Fue una de las pocas mujeres en pertenecer al ámbito de lo público. Vivió un tiempo en  el exilio y sus cartas se consideran pilar de la literatura femenina argentina. Luchó por amor y por la patria. 

Por: Natalia Basualdo

María Josepha Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velasco y Trillo, más conocida como Mariquita Sánchez de Thompson y a la que la historia rápidamente linkea con la primera mujer que entonó las estrofas del Himno Nacional.

Sin embargo, decir esto solamente, sería demasiado ingrato para una figura de tamaña excepcionalidad como lo fue Mariquita. 

Para adentrarnos en su vida y en el por qué es una de las mujeres históricas que dio el primer paso, cuando no había nada, cuando no era concebible el rol de la mujer participativa,  y cuando era impensado tener en cuenta la opinión del género, ella peleó por los derechos, los propios y los de sus compatriotas, se sumó al fervor de la revolución y luchó con la pluma y la palabra, la sabiduría y la elegancia. Salió a la luz, cuando el mundo de las mujeres era solamente privado y se reveló ante quienes se impusieron sobre sus deseos.  

Porque Mariquita, ante todo,  era una mujer deseante del amor, de la libertad, de la educación para todos y las buenas costumbres. 

Su juventud y la rebeldía: NO ES NO

Partiendo desde un contexto de la época colonial, en donde la normativa se regía por la Real Pragmática Española que establecía: ”Que todas las mujeres blancas y menores de 25 años, debían casarse con el consentimiento de sus padres”, María, nacida el 1 de noviembre de 1786, hija única de Cecilio Sánchez de VelascoMagdalena Trillo, desde muy temprana edad se encontraba apalabrada para casarse con Diego Del Arco, un comerciante entrado en años, que aseguraría el curso de la buena fortuna de la familia.

Pero Mariquita a los 14 años se apasionó por un primo lejano, Martín Thompson. Pero como no caía en gracia a sus padres, se opusieron rotundamente al matrimonio. 

El día que se organizó la celebración del compromiso dispuesto por sus padres, ella mandó a llamar a un oficial Real a su casa. En medio de la ceremonia, llegado el momento de prestar su consentimiento, Mariquita dice “NO, no puedo comprometerme con este hombre porque yo ya estoy prometida con otro al que amo y pertenezco”. 

Ante el escándalo que significó para sus padres deciden enviar a María a una propiedad llamada Los ombúes, con  el fin de hacerla  reflexionar, y desde ahí la joven pareja decide apelar a un viejo recurso de la época: los denominados “juicios de disenso”.

El padre de Mariquita fallece, pero aún sigue la postura intransigente de su madre, que no solo se opone al casamiento, sino que envía a su hija a la reclusión inscribiéndola en La Casa de los Ejercicios Espirituales, una especie de convento, en donde pasó tres largos años.

La Casa de los Ejercicios Espirituales ubicada en Av independencia al 1100 

Corría 1804 y con María encerrada,  inicia el juicio de disenso que pretendía apelar a la autoridad máxima, en este caso el Virrey de Sobremonte, para obtener de él, un permiso que le permitiera casarse sin la necesidad de la  autorización materna. De este hecho  nace su epístola, quizá, más conocida. La famosa carta al Virrey. 

Carta al Virrey de Sobremonte, 10 de julio de 1804: “Me es preciso defender mis derechos : o Vuestra Excelencia mándeme llamar a su presencia, pero sin ser acompañada  de mi madre, para dar mi última resolución, siendo ésta la de casarme con mi primo, porque mi amor, mi salvación y mi reputación así lo desean y exigen, me mandará Vuestra Excelencia depositar por un sujeto de carácter para que quede en más libertad y mi primo pueda dar todos los pasos competentes para el efecto. Nuestra causa es demasiado justa, según comprendo, para que Vuestra Excelencia nos dispense justicia, protección y favor”.

 Un año más tarde de iniciado el reclamo consigue la autorización del Virrey, y el 29 de julio de 1805 se casa con Martín Thompson con el que tiene 5 hijos. Más tarde reflexionaría sobre ese hecho: “Se casaba una niña hermosa, con un hombre que no era lindo, ni elegante, ni fino, y que además, podía ser su padre. Es por eso que muchas jóvenes prefieren hacerse religiosas, en vez de casarse con hombres que les inspiran aversión más que amor. Amor, palabra escandalosa en una joven. El amor se perseguía, el amor era mirado con depravación.”

Porque para María decir NO ya era necesario en el 1800. No le interesaba casarse por diligencias económicas o las buenas apariencias, sino por amor, consentido, deseado y elegido. Pero la palabra de la mujer, o mejor dicho la opinión de la mujer,  nimia, reducida, domesticada, no era necesaria. Por esto, necesaria, fue su plegaria y su rebeldía para prestar precedente. De que NO ES NO, en el 1800 y en el 2020. 

De la joven rebelde a la mujer patriota y generadora de alianzas: IGUALDAD DE DERECHOS

A partir de la boda y la emancipación, la vida de Mariquita Sánchez, y ahora de Thompson,  estuvo ligada a los acontecimientos públicos, un lugar exclusivo para los hombres. Pero para conocer más el rol de esta mujer y su importancia para la historia, consultamos a la especialista e historiadora Pupina Plomer que nos contó: “Me gusta pensar a Mariquita como la punta del iceberg, es una de las pocas mujeres que tiene una impronta en los registros del período revolucionario y es, esa punta inicial, fundamental para llegar a otras mujeres que no figuran en los documentos.”

La situación de las mujeres de entonces la gráfico Mariquita en una estrofa  dedicada a una amiga:  

“Nosotras sólo sabíamos
ir a oír misa y rezar
componer nuestros vestidos
y zurcir y remendar”

Mariquita abrazó con fervor la causa de la libertad y, utilizando su posición económica y la educación a la que había tenido acceso por ser de una clase privilegiada, colaboró con todas las causas patrióticas, especialmente aquellas relacionadas con la revolución de 1810.

Su casa de la calle Umquera, hoy Florida, recibió a las personalidades más influyentes de la época y todos los temas  importantes y trascendentales que sucedían en el país se debatían en su casa. Tanto las tramas y alianzas políticas como los más exclusivos debates literarios y culturales. Y ella, no era un sujeto intrascendente, sino que su opinión contaba, se precisaba y se aplicaba.

En su salón se cocinaba una revolución de la que el matrimonio formó parte de manera muy activa. Por su lado Martín Thompson fue designado como capitán a cargo del puerto de Buenos Aires y tuvo un rol preponderante en la reconquista de la ciudad, además perteneció al grupo patriótico integrado por Rodríguez Peña, Castelli y Saavedra. 

Mientras Mariquita realizó numerosas contribuciones y recolectó, junto a otras mujeres, dinero para la causa durante la resistencia contra las invasiones inglesas. Situación que le trajo controversias e  inconvenientes con la iglesia, quién hasta ese momento era la única recaudadora y gestante de contribuciones benéficas. 

Con respecto a esto, Plomer nos alumbra y nos dice: “Ella es una de las pocas mujeres que tuvo  un peso en la política porteña equiparable a la de los hombres”. Y continua: “Organizaba eventos políticos privados para recaudar fondos para la revolución. Hizo mucho por la política y de hecho el primer documento que existe sobre una reunión política de mujeres está primeramente firmado por ella”. 

Este evento se basó en una junta de donaciones, donde cada mujer compraba un rifle, el cual llevaba grabado su nombre para donarlo al ejército combatiente. 

En sus famosas tertulias, un hecho que sin dudas fue un hito en la historia, y con el que fácil y rápidamente se asocia a la figura de Mariquita, fue la entonación por primera vez del Himno Nacional Argentino.

Esto sucedió en su casa, un 14 de Mayo de 1813, y algunos historiadores dicen que ella entonó las primeras estrofas. Aunque no existen registros de tal suceso en ninguno de los escritos de María. 

Placa ubicada en la calle Florida

De este suceso existe un óleo famoso de Pedro de Subercaseaux, quién imaginó en la tela cómo había sucedido ese momento, en un encargo que le solicita el Museo Histórico de Buenos Aires, para representar un hecho trascendental.

Pintura al óleo de Pedro de Subercaseaux

Ya finalizada la revolución, Thompson es enviado a Estados Unidos en una misión diplomática, donde a raíz de una enfermedad, enloquece y fallece en el viaje de regreso a Buenos Aires. Del matrimonio nacen Clementina en 1807, Juan en 1809, Magdalena en 1811, Florencia en 1812 y Albina en 1817.

María entendió a muy temprana edad que su condición de mujer no le valía los mismos derechos que a los hombres, fue por esto que luchó y con astucia e inteligencia logró su lugar, su salida a la luz y emparentó con los varones más condecorados y respetados de la sociedad y sentó las bases para los derechos de igualdad.

El exilio, el miedo y la escritura para canalizar la angustia: Vivas Nos Queremos

En 1820, un año después de quedar viuda, Mariquita vuelve a contraer matrimonio con Washington de Mendeville, un francés expatriado que le deparó un sinfín de sinsabores y con el cual tuvo 3 hijos: Julio, Carlos y Enrique.  Pero a raíz de una disputa política y por miedo, decide su exilio a Montevideo. 

En los años que duró el matrimonio, la casa de Mariquita fue el centro obligado de la sociabilidad de todos los extranjeros que acudían a Buenos Aires. También fue la época en la que se ganó la fama de mujer frívola y superficial al introducir en sus tertulias novedades europeas, como vajilla inglesa, tapizados del viejo continente y el uso de tapados de piel.

En 1832 tuvo un conflicto político con el que fuera su amigo de la infancia, Juan Manuel de Rosas, Gobernador de Buenos Aires, quien en plena disputa por los derechos aduaneros con Francia le reclama en una carta:

Conocí antes a una María Sánchez buena y virtuosa federal. La desconozco ahora en el billete con tu firma que he recibido de una francesita parlanchina y coqueta”.

 A lo que Mariquita responde:

“No quiero dejarte en la duda de si te ha escrito una francesa o una americana. Te diré que desde que estoy unida a un francés, he servido a mi país con más celo y entusiasmo (...) En tu mano estará que yo sea americana o francesa”. 

Una anécdota que la pinta de cuerpo entero es aquella referida a una fiesta brindada por el líder de los federales, Rosas, quien en ese entonces era de una extrema temeridad, había exigido el uso de la insignia punzó para demostrar fidelidad a la causa y al partido, de lo que se desprendía una seguidilla de fusilamientos a los opositores unitarios.

En este contexto, Rosas brinda una fiesta en su residencia de San Benito, donde las mujeres asistieron vestidas de completo rojo, color que representaba a los federales, salvo Mariquita que fue vestida de celeste, el color opositor. Se dice que al divisarla Rosas, le espetó: 

-Mariquita, ¿Cómo te me venís de celeste? 

-Para hacer juego con tus ojos, Juan Manuel, contestó ella. 

Sin embargo esa rebeldía, tiempo después la llevó a exiliarse en 1837 a Montevideo y luego a Río de Janeiro, donde sin quererlo comenzó su faceta más prolifera cómo escritora. En su huida Rosas la había interpelado:

- ¿Por qué te vas Mariquita? 

- Porque te tengo miedo, Juan Manuel

En el exilio Mariquita  se dedicó a escribir cartas entre ellos a Florencio Varela, Félix Frías, Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez, Juan Bautista Alberdi y Bartolomé Mitre. Todos  hombres con decisión e injerencia en la política, algunos más otros menos, pero definitivamente activos en la discusión de modelos e intereses que iban a terminar dando forma a la Argentina futura. 

Ese cúmulo de esquelas, junto a un diario íntimo son considerados hoy en día como los inicios de la literatura argentina, en manos de una mujer. Allí comienza a pensar en la falta de libertad, y la necesidad de educación, se desvelará soñando una escuela para niñas y jugará estrategias políticas con los hombres poderosos de la época. 

[…] Me río de los que quieren aquí mujeres literatas. ¡Pobres familias! Las mujeres argentinas estamos destinadas a la vida bruta. Muchas veces he pensado escribir algo como quisiera educar yo a la mujer, y lo que veo y la experiencia que cada día tengo me hacen vacilar en mi sistema. Si en todas partes es difícil la educación de la mujer, entre nosotros y en la actualidad es más difícil aún y lo más triste es que nadie educa a los hombres. 

Muchos historiadores se cuestionan o no saben responder muy bien al por qué, Mariquita, teniendo una relación tan cercana y familiar con Rosas se da al exilio. Ella lo expresa muy bien "Porque te tengo miedo".  Ante un hombre poderoso, temerario y de extrema rigurosidad para con sus enemigos, era natural que María no se sintiera a salvo, aún con todo el empoderamiento que ya había constituido de cara a la revolución. Porque solo el género femenino entiende el miedo y el sometimiento a manos de los hombres. 

Retorno a Buenos Aires: “Nos quitaron tanto que nos quitaron el miedo”

Luego de la derrota de Rosas, Mariquita regresa a Buenos Aires: “Mi destino me ha sido siempre ingrato. He tenido que andar errante sin sacar ventaja de mis viajes, sino gastos e incomodidades”. Le escribió a su amigo Juan Bautista Alberdi, un 24 de julio de 1852.

A su vuelta reanudó su labor en la Sociedad de Beneficencia, la cual ya había presidido entre 1830 y 1832. Su salón volvió a brillar y su preocupación y ocupación fue la de brindar educación a los huérfanos y huérfanas que tenía a cargo.

Ahí aprovechó su coraje y su sabiduría para regar e infundir en las niñas la necesidad de pelear por sus derechos: les generó conciencia, les compartió su experiencia en cuanto al matrimonio y los juicios de disenso, les sembró la duda, la rebeldía y el amor a la patria alejándolas de la domesticada vida inevitable. 

"…yo no puedo servir sino para las escuelas de las niñas (...) es preciso empezar por las mujeres si se quiere civilizar un país, y más entre nosotros, que los hombres no son bastantes y que tienen las armas en la mano para destruirse constantemente", citaba en una de sus incontadas cartas. 

Durante estos años mantiene una amarga correspondencia con su esposo, a quién no ve hace varios años, sobre todo reclamándole por la situación económica de la familia. No lo verá nunca más. Mendeville muere en Francia en 1863. 

"Tengo la desgracia de tener corazón de mujer y cabeza de volcán" reza un párrafo que le escribió a su hija Florencia. 

Mariquita encontró la forma de desafiar la estructura patriarcal, apelando a su femeneidad y al ejercicio de sus pensamientos como estrategia para posicionarse en un mundo exclusivo de hombres y llevando con ella a otras mujeres, quienes se encontraban delimitadas a la cuestiones de la casa y la sumisión.

De a poco se ganó su presencia en la escena pública así como, limitados pero significativos, espacios en el poder. Supo cosechar amigos y enfrentarse a ellos en clave de retórica, un ejemplo claro de esto es su pelea con  Domingo F. Sarmiento  con quién mantendrá una disputa por la educación de las niñas. 

Alguna vez dijo: “Voy a escribir la historia de las mujeres de mi país, ellas son gente, las madres, las esposas, las hijas, son patricias hermanas y compatriotas de los americanos, no han tenido hasta ahora un solo rasgo de atención y de liberalidad. No se ha conseguido hasta ahora que se dé una ojeada compasiva hacia nuestro sexo, desgarrado inmemorialmente, que forma la más dulce mitad de la especie humana”.  

Ya con 80 años, participa de la ayuda a los damnificados por la epidemia de cólera de 1866 y 1867. Sigue siendo la presidenta de la Sociedad, de la que desiste  en junio de 1868. 

Mariquita falleció el 23 de octubre de 1868 a los 81 años. Su retrato se encuentra junto a los de otras mujeres argentinas relevantes en el Salón Mujeres Argentinas de la Casa Rosada de Buenos Aires.

Mucho más que la dueña del salón donde se cantó por primera vez el himno: Fue pionera, fue revolución, fue feminista y es histórica.



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