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Religión y pandemia en Argentina

Religión y pandemia en Argentina

Actualidad

Religión 2.0: cómo se adapta a los tiempos de pandemia

Hablamos con referentes católicos, judíos, evangélicos y musulmanes acerca de cómo afectó la cuarentena al sector eclesiástico en Argentina, la relación de las tradiciones con la tecnología y las preocupaciones y desafíos de la “nueva normalidad”. 

Por: Micaela Robles

Las misas se transmiten por Zoom, los festejos de Ramadán se realizan de forma online, el Pesaj se celebra frente a la computadora, los salmos se comparten por Instagram y los fieles se contactan por WhatsApp. Las prácticas de culto también tuvieron que adaptarse a la pandemia.

Desde el inicio de la cuarentena, en diferentes países del mundo se cancelaron las peregrinaciones y cerraron los templos, iglesias, sinagogas, mezquitas de acuerdo a las normas sanitarias establecidas, por lo que las diferentes ceremonias y rezos grupales tuvieron que reinventarse de manera online. Mientras tanto, muchos creyentes proyectan la fe como la búsqueda de respuesta divina a la crisis: así, en Estados Unidos se dictaminó el “Día Nacional para la oración”, en Francia los fieles asistieron a las misas en coche y en México la Catedral compartió varias oraciones.

En Argentina, frente a la disminución de casos en las provincias, el Gobierno habilitó actividades religiosas individuales en lugares de culto bajo un estricto protocolo, que incluye un máximo de diez fieles por templo, el uso de tapabocas, desinfección del calzado, no tocar imágenes religiosas y no usar agua bendita. Sin embargo, la medida no incluye a AMBA, donde los casos siguen creciendo.

Para conocer cómo atraviesa el sector eclesiástico esta “nueva normalidad”, la reinvención de las tradiciones con la tecnología y las preocupaciones y desafíos a futuro, Filo.News dialogó con referentes de diferentes expresiones religiosas.

Rezar a través de la pantalla: el presente religioso en Argentina

Religión católica

La imagen impacta. El Vaticano vacío. El Papa Francisco oficia la eucaristía desde la Basílica de San Pedro, en el rito del Vía Crucis, aunque esta vez en soledad y bajo la lluvia. Mientras tanto, los fieles acompañando desde sus casas por la televisión y por las redes sociales, a través de los canales vaticanos. “En esta barca estamos todos”, decía, mientras reflexionaba sobre la situación que atraviesa el mundo y, junto al Santísimo Sacramento, otorgaba la bendición excepcional que suele impartir en navidad y pascua. 

En la religión católica se tomaron diferentes medidas de prevención en las iglesias, ya sea en la organización de liturgias, en las diócesis y conferencias episcopales. Específicamente, la cuarentena afectó a la cuaresma cristiana y la pascua; por esa razón, de cara a Semana Santa, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ofreció una serie de indicaciones para obispos, que incluye la celebración de ritos sin la presencia del pueblo y omitir el saludo de la paz. Además, muchos sacerdotes colgaron olivos en las puertas de las iglesias para que los fieles lo puedan retirar.

Alejandro Bertolini es el cura de la Iglesia Santa María de la Lucila, situada en San Isidro, y dirige la Sociedad Argentina de Teología. Desde su lugar, también tuvo que respetar cada norma sanitaria, como también el distanciamiento social. Según evalúa, los fieles se acercan más a sus creencias en tiempos de crisis: “En épocas críticas la gente se pregunta para donde estamos yendo, por qué nos toca vivir esto. La situación límite obliga a preguntas profundas”.

En este sentido, Carolina Bacher Martínez, subdirectora de la Sociedad Argentina de Teología, opina a modo personal: “La religión se convierte en una clave de sentido sobre cómo experimentar, vivir, transitar este proceso, un núcleo que tiene que ver con la comprensión. El desafío es pensar lo que está pasando, profundizar tradiciones y recrearlas de manera nueva. En ese diálogo, según cuenta, los teólogos. Siempre en nuestra reflexión la intención es muy importante”. 

Así, según cuenta, en tiempos de crisis la religión vuelve a estar en primer plano para la vida de muchas personas: “Para muchos por distintas razones no era prioritario ir a una misa, pero por tener que estar encerrados pudieron participar. Mucha está sola, angustiada, y así se siente acompañada. Ahora participa muchísima más gente de la misa virtual que de la presencial. Dan más plata a los pobres, colaboran más con la parroquia, rezan más por el otro”, afirma. 

Frente a la imposibilidad de realizar la comunión, que definió como tradición “fundamental”, se instaló el debate sobre el concepto de “comunión espiritual” en la pandemia. “Es una arma de doble filo -advierte Bertolini y amplía-, la verdadera es con toda la propia vida, con todo el cuerpo. El riesgo enorme es suponer que podemos entrar en comunión con Dios sin entrar en comunión con los demás. ¿No podés comer la ostia? no, ahora está complicado, pero podés rezar por los demás, ocuparte por el otro, rezar para estar unido a Dios y cuidar de los más débiles”.  De todas formas, resaltó que “nadie comulga en una misa virtual”, por lo que no se llevan a cabo comuniones, bautismos o confesiones, ya que el “sacramento se da en el marco de un encuentro personal real, con cuerpos interactuando”.

De esta manera, los encuentros se realizan vía online, y las misas son por streaming, lo cual no es un fenómeno nuevo pero si se potenció en el último tiempo. Bertolini envía un link de zoom con anticipación, como también las lecturas, intenciones y canciones. Según indica, la preparación de la misa no lleva el mismo tiempo que antes, ya que durante estos días está solo y, además de lo habitual, hay que ajustar muchos detalles técnicos: sonido, luz, encuadre, canciones por bluetooth, entre otros. Del otro lado de la pantalla lo esperan decenas de fieles, cada uno desde sus casas, conectados a través de una cámara. 

 

Así, tuvieron que simplificar los horarios y adaptarlos a la vida de cuarentena; por esa razón, durante la semana las misas se realizan a las 9 de la mañana, y los fines de semana solo una vez por día: 19:00 los sábados y 10:30 los domingos. El párroco destaca la virtualidad como lugar de encuentro: “La presencia física para nosotros siempre será superior, aunque estamos viendo qué es esto de Zoom”.

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Esta nueva capacidad permite, según opina Bacher Martínez, en llegar de manera más directa a las nuevas generaciones: “Se hizo más transversal. La mayoría de la instituciones están conducidas por personas más grandes, así que esto vino para quedarse, aunque de forma complementaria”, afirman. De todas formas, advierten que la relación con Dios es concreta, por lo tanto lo virtual funciona solo como alivio y consuelo.

Sin embargo, diferentes sectores presentaron resistencia y presionaron por la vuelta de las ceremonias presenciales. Así se inició la campaña “Devuélvanos las misas”, impulsada por grupos de fieles católicos conservadores, con el fin de presionar a las Iglesias para que exijan la reapertura de los templos. A pesar de que originalmente surgió en España, pronto se replicó en Argentina y en diferentes países del mundo, donde diferentes religiosos publican videos -solos o en familia- resaltando la importancia de la celebración. 

El cura Bertolini, en su opinión, explica que existen opiniones encontradas, en relación a qué actividades se consideran como esenciales y la importancia del gobierno a la dimensión espiritual, aunque admite: “Hay sectores que reclaman la vuelta de las misas con mucha furia, son los sectores más conservadores. Lo más sagrado que tenemos que es la vida, por eso si reunirse para celebrar la misa es un riesgo importante para la vida, entonces no”.

Sin embargo, advierten que la consigna de “quedarte en casa” no significa lo mismo para todos. Por esa razón, cuentan que se reconfiguraron diferentes centros religiosos barriales como comedores, centros de compañia, de prevención de salud, de acompañamiento a enfermos. En el chat de Facebook de su Iglesia, diferentes jóvenes que se organizan para llamar por teléfono a gente que está angustiada y sola. “Hay personas que no la llevan tan bien la pandemia”, reflexionan.

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En los barrios populares, los curas villeros trabajan para dar respuesta a la desigualdad que evidenció la pandemia. Así lo confiesa el padre “Tano” de la Parroquia La Voz de San José, situada en el Barrio 17 de marzo de La Matanza.

A finales de marzo, un grupo de representantes de la Iglesia almorzaron con Alberto Fernández en Olivos, donde expresaron sus reclamos por la pérdida de changas en los barrios y también la falta de agua potable para la prevención de la enfermedad. Justamente, el cura Guillermo “Willy” Torre, de la parroquia Cristo Obrero de la Villa 31, dio positivo de coronavirus.

“Si la crisis es grande a nivel mundial, no es difícil imaginar cómo golpea en los barrios más humildes de un país del tercer mundo. En nuestros barrios vivimos lagrimeando. Hay veces que lo hacemos de dolor porque vemos que se nos está cayendo la vida. Las familias quedan sin casas al no poder pagar su alquiler, estamos desbordados y hay gente haciendo colas durante horas frente a los comedores. Es muy triste no saber el día en el que esa cotidianidad va a terminar”, detalla.

En un plano espiritual, explica: “Nuestra comunidad es una comunidad de abrazos. Desde el altar hay veces que ese momento es un espectáculo. Personas que cruzan toda la iglesia para ir a abrazarse con otros. Cada persona abraza a no menos de diez hermanos y hermanas. Imaginate lo que es hoy no poder decir ‘hola’ con un abrazo, no poder consolar. Cuesta muchísimo”.

En este contexto, el cura destaca la solidaridad y hermandad entre vecinos en los barrios en tiempos de crisis: “Tenemos personas que han venido a los comedores a ponerse a cocinar para cientos de personas, arriesgando su salud y la de sus familias. Tal vez no ha sido tan notorio a través de los medios o en barrios en los que no es tan fuerte la fe católica, pero sí lo fue en nuestras comunidades. Nuestra gente vive con los principios de la doctrina católica por una cuestión cultural más allá de la fe”.

Así, se reúnen para desinfectar las zonas de servicio y acompañan los operativos de ANSES, RENAPER y el Centro de Acceso a la Justicia. Además, durante este período diferentes canales de televisión y radio aumentaron su programación religiosa; en el caso de la agrupación, el rezo y la lectura de la palabra se realiza a través de la radio “La Voz de san José” FM 105.7 y de las redes sociales, de manera conjunta. 

“Hoy todos nos encargamos de cocinar para miles, de construir lugares de contención para los que están en la calle, de cuidar a nuestros abuelos y abuelas... Nuestra parroquia ha intensificado mucho el trabajo. Hoy tenemos una unidad de traslados y un médico que atiende las 24 horas, un equipo de calle viendo donde están los pacientes de riesgo. La fe es acción”, sigue.

Es que, más allá de estas herramientas, el cura indica que el problema está centrado en pensar cómo sobreviven las familias en la pandemia y cómo construir un mundo con justicia social a partir de la crisis: “Hay cosas que pueden resolverse manteniendo las distancias y utilizando la tecnología que tenemos a disposición. El hambre, el dolor, la enfermedad, el sufrimiento no pueden ser curados a distancia ni por zoom”.  

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Religión judía

Debido a la pandemia, en la religión judía también se tuvieron que cancelar ceremonias, cerraron las sinagogas y desinfectaron el Muro de los Lamentos, el sitio más sagrado del judaísmo, para evitar el contagio a través de los roces, besos y tocamiento de las piedras sagradas por los fieles. 

Justamente, a finales de marzo se celebra el Pesaj, la festividad judía que recuerda la liberación del pueblo hebreo de Egipto tras 210 años de esclavitud. Aunque originalmente se suele realizar el Séder y convocar a la reunión familiar, este año fue diferente:  “En el Pesaj la gente estuvo conectada con ellos mismos y sus familias, pero esta vez desde sus casas”, cuenta el rabino Shlomo Levy de Jabad Lubavitch, en diálogo con este medio.

El rabino cuenta que las sinagogas, escuelas y clubes cerraron, aunque aumentaron los encuentros virtuales. En este sentido, en El Centro para la Juventud El Lazo donde trabaja cuenta que tuvieron contaron con miles de minutos de reproducción en Zoom, Facebook y Youtube, 12 conferencias con invitados especiales, cinco mil asistencias, 28 workshops, 185 shiurim y 10 capacitaciones profesionales. A su vez, desde la cuenta de Instagram, lanzaron “Shabat Challenge” o “Tefilin online”. 

“Nosotros tenemos mucho más trabajo, porque la gente estaba muy metida en lo que tenía que hacer y no tenía mucho tiempo para dedicarse a su fe y su espiritualidad, a lo mejor el fin de semana. Pero ahora, que toda esta cuarentena dio esa posibilidad”, indica y sigue: “La gente necesita respuesta en medio de la incertidumbre, necesita rumbo, dedicarse a lo profundo”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Según su visión, la cuarentena también permite potenciar el vínculo de las personas con la Iglesia: “Uno ve en las fiestas que hay un despertar especial pero no es porque la gente quiere religión, quiere una manera de vivir, la esencia de su familia, de su historia. Entonces en este momento, que uno está menos atareado, está más conectado hacia adentro”, afirma. 

Frente a la nueva normalidad, los sectores ortodoxos de Estados Unidos o Israel mostraron resistencia a respetar las medidas de distanciamiento. En Argentina, autoridades de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y un grupo de rabinos argentinos lograron que el gobierno nacional autorice una excepción religiosa en el confinamiento: que puedan hacer el baño ritual del judaísmo, Mikve, a través de un estricto protocolo, luego de que se registraron diferentes incidentes y detenciones por incumplimiento de la cuarentena.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El rabino, por su parte, considera: “Creo que las medidas de la cuarentena son muy importantes, de acuerdo con la Torá la vida es el propósito más grande. Es lamentable que se cierre un templo, la conexión con Dios también se genera desde casa. Hoy por ejemplo hicimos un zoom donde la gente estaba en su casa, rezamos juntos, estudiamos juntos. Las medidas de salud y seguridad son muy acertadas, nosotros entendemos que todo el tiempo que hay necesidad en estas medidas. No es correcto reclamar cuando siguen aumentando números de casos; no hay ceremonias, ningún tipo de actividad de culto. Rezar en comunidad tiene más fuerza, por supuesto, pero la conexión con Dios es individual, por lo tanto debe haber una conexión siempre”.

En esta línea, destaca la importancia de conectarse con el otro a través de la solidaridad. Organizaciones como ACIERA o AMIA se unieron para la campaña “Somos Uno”, que busca ayudar a las personas en situación de vulnerabilidad ante la emergencia generada por la pandemia y los efectos de la cuarentena. Desde El Lazo, impulsaron diferentes proyectos solidarios, como colecta de abrigos para repartir a personas en situación de vulnerabilidad en la Ciudad de Buenos Aires. “Aumentó de manera muy grande todo lo que es la ayuda solidaria, la gente se hizo mucho más humilde, en una época donde uno sabe que no hay seguridad, no hay certeza”, asegura.

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Religión musulmana

La mezquita de Al Aqsa, uno de los lugares más importante para los musulmanes Islam, cerró sus puertas por primera vez en la historia para evitar la propagación del coronavirus, al igual que diferentes mezquitas y santuarios de todo el mundo. Para la religión musulmana el coronavirus también representó una reinversión de las prácticas, como la forma de transitar el Ramadán, el mes sagrado coincide con el momento en que Mahoma recibió su primera revelación del Corán, el libro sagrado del Islam.

En nuestro país Marwan Gill, responsable de la Comunidad Musulmana Ahmadía en Argentina cuenta a este medio: “Este año el Ramadán fue muy distinto y extraño. Normalmente en muchas mezquitas, aparte de los rezos en congregación, se rompe el ayuno también en comunidad. Este año faltaba el entorno de la congregación y se extrañaba este lazo fraternal. Tal vez sirvió la cuarentena a otros en retirarse mejor espiritualmente durante Ramadán y enfocarse mejor en su vida espiritual”.

De todas formas advierte: “No se necesita estar en un lugar particular ni la asistencia de una persona particular para realizar las prácticas religiosas. Cada individuo tiene una relación directa con Dios y así puede cumplir todos los mandamientos sin estar en una mezquita o en congregación”. En este escenario, asegura que la tecnología se volvió parte de su rutina: “Hacemos estudios y las charlas sobre el islam por medios virtuales. Obviamente no es lo mismo ni tiene cada miembro acceso a las plataformas virtuales, pero debido a la situación actual es la única forma de mantener el contacto y seguir con los estudios”.

En este punto, coincide con que “muchas personas nuevas” se pusieron en contacto con el islam en este contexto: “Parece que por la cuarentena algunos prestan más atención a sus necesidades y preguntas espirituales”, evalúa.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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A finales de mayo, países como Irán, Turquía comenzaron a retomar la reapertura de mezquitas; en Arabia Saudita, por ejemplo, casi 90.000 templos volvieron a recibir fieles, con excepción de la ciudad santa de La Meca. Sin embargo, frente a la nueva aparición de casos, muchos tuvieron que dar marcha atrás.

¿Qué pasa en Argentina? “El islam ordena obedecer a las autoridades, sean religiosas o seculares, mientras que no contradigan a las enseñanzas del islam. Todas las medidas establecidas de precaución por el Gobierno son conforme las enseñanzas del islam. Por lo tanto, respetamos y cumplimos con todas las medidas preventivas y mantenemos una buena relación con el gobierno y los municipios”, resalta.

En este punto considera: “Creo que antes de volver a las ceremonias religiosas es importante tener en consideración las recomendaciones de los expertos y las autoridades. No hay duda que la religión y las ceremonias espirituales juegan un papel importantísimo para muchos, pero no se puede arriesgar la salud de los participantes. Ya vimos en que varios países muchos se contagiaron justo durante una ceremonia religiosa. Entonces, para mí hay que cooperar y realizar las ceremonias religiosas conforme las medidas establecidas por los expertos y las autoridades. La salud y la precaución para mi debe ser por ahora la prioridad”. 

En este contexto, apela al “trabajo juntos codo a codo” de diferentes sectores religiosos y políticos “para ayudar a las personas en cubrir sus necesidades básicas y luego sus necesidades espirituales y morales”. Por esa razón, desde la Comunidad Musulmana Ahmadia Argentina realizaron diferentes donaciones de alimentos y barbijos para barrios y hospitales: “El islam enseña a ser solidarios con todas las personas sin importar su origen”, contaban.

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Religión evangélica

En la religión evangélica, las funciones de culto también se vieron desafiadas a reconvertirse en la pandemia. Así lo confiesa Néstor Míguez, presidente de Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), en diálogo con este medio, quien cuenta los templos permanecen mayormente cerrados y que tomaron mayor lugar las actividades de servicio, como comedores, merenderos, distribución de alimentos, hogares y servicios de salud.

Así, asegura que muchas de las iglesias evangélicas tuvieron que modificar las liturgias a las formas no-presenciales, como también preparar espacios en internet para el canto congregacional, “una práctica muy valorada en el culto evangélico”. Según indica, a los fieles los “ayuda en el aislamiento y les da sentido de pertenencia y comunidad”: “Muchos han mostrado su voluntad de colaborar, aportando reflexiones, cadenas de oración, poesías, y otras formas de compartir su testimonio de fe. Hay iglesias que difunden meditaciones cotidianas”, opina.

Para la religión evangélica, el recurso de “teleevangelismo” abría la posibilidad de la transmisión de las ceremonias, que tuvo su época de gloria en los 80’ o 90’. La práctica consiste en diferentes predicadores que difunden el evangelio a través de la pantalla chica, que en Argentina funciona en el programa “Pare de Sufrir”. 

En la actualidad, también potenciaron su vínculo con las nuevas tecnologías: “Se vio la necesidad de ser creativos y disponer de otras formas de comunicación que no eran las habituales. Reconocemos que en muchos casos son insuficientes, pero procuramos cumplir con nuestra tarea de fortalecer la fe y la esperanza de los creyentes, y dar un mensaje de aliento y esperanza a todo el pueblo”, cuenta Miguez.

Aun así, diferentes grupos religiosos presentaron resistencia a la cuarentena, e incluso muchos decidieron retomar las actividades. En este sentido, Miguez advirtió: “No todas las iglesias evangélicas tienen las mismas actitudes. Por un lado reconocemos la difícil situación, pero por otro lado afirmamos el llamado de Dios a renovar nuestro ministerio de acompañamiento, servicio, colaboración. Algunas iglesias han acordado con otras iglesias y con el Estado formas de colaboración en la emergencia. Es una manera de servir a Jesús sirviendo a nuestro prójimo”. 

En tanto, indicó que existe un protocolo acordado, aunque por el momento en el AMBA las ceremonias religiosas están restringidas: “Procuramos respetar esas medidas porque hacen a nuestra responsabilidad civil”, explicó y siguió: “Las iglesias que conforman la FAIE reconocemos la dificultad que enfrenta el país. Deseamos poder retomar nuestros cultos y otras actividades normalmente, cuando todo el país y todas las actividades se vayan normalizando porque superamos el tiempo crítico de la pandemia. Pero forzar excepciones o apurar los tiempos puede ser perjudicial”, advierte.

Mientras tanto, desde FAIE comenzaron a trabajar en forma conjunta con el Ministerio de Desarrollo Social de Argentina para asistir a personas en situación de vulnerabilidad en la emergencia sanitaria, donde repartieron 11.000 kilos de mercadería. “Se buscará desarrollar una nueva política social no solo para la actual coyuntura, sino para el tiempo que vendrá posterior a la pandemia”, señalaron.

Distintas prácticas, el mismo fin: sobrevivir a la pandemia

En estos tiempos de crisis, existen numerosos ensayos y debates sobre lo que ocurrirá con la religión en post-pandemia. Catequistas, obispos, sacerdotes, cada uno desde su lugar trata de dar respuesta a lo que está pasando, y a cómo afectará a futuro al sector. 

En visión del cura Bertolini, la pandemia no traerá un futuro positivo necesariamente, sino que serán nuestras acciones las que definirán la continuidad: “El virus no nos hace mejores, lo que nos hace mejores son nuestras opciones, depende de como nos lo tomemos. Por eso, final abierto. El post pandemia es un gran signo de pregunta. La religión sigue dando un montón de frutos, meditando, orientales, judíos, sigue siendo un factor de humanización”. Su compañera, Bacher Martínez, destaca que la pandemia “marcó la generación global” y coincide: “No imagino un futuro cerrado, sino que depende de las tomas de decisiones que hagamos en el corto plazo”.

Mientras tanto, el padre “Tano” resalta la importancia de exigir ‘tierra, techo y trabajo’ en la nueva concepción de realidad: “Lo que nos preocupa es la vida de nuestra gente. Ese concepto del Papa Francisco es universal y atraviesa tanto todas las religiones como a las personas que no son creyentes. El Pueblo Argentino ha dado un paso adelante cuando decidió cuidarse para cuidar a los abuelos y abuelas, a los pacientes en riesgo, a los más débiles. Es tiempo de pensar que podemos hacer mucho más”.

En este sentido, el rabino acuerda en que “la gente cambió, es más humilde, solidaria”: “Nosotros no estamos con preocupaciones sino con ocupaciones a futuro, sabiendo que la gente está más sensible entonces va a necesitar más espiritualidad; el mundo en general la gente está buscando fe, justicia, igualdad, paz”.

Mientras tanto, desde la comunidad musulmana Ahmadía, aseguran que no será un camino fácil, ya que la pandemia dejará algunas huellas, sean económicamente, socialmente o mentalmente: “La lucha contra la frustración será un desafío para toda la sociedad. La fe es y debe ser un instrumento para garantizar la paz, la esperanza, la justicia y la armonía en la sociedad”, señala.

Desde la FAIE destacan que es importante reflexionar sobre nuestra realidad y el rol que tendrá la religión en la nueva normalidad: “Nuestra esperanza y compromiso, nuestra fe, se seguirá manifestando, aunque esta experiencia nos obligará a pensar y reflexionar sobre la mejor forma de hacerlo en un mundo y una humanidad que es más vulnerable de lo que se creía”. 

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