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"Un'estate italiana": de la épica de Diego a la mejor canción de los Mundiales

Deportes

"Un'estate italiana": de la épica de Diego a la mejor canción de los Mundiales

A 30 años de Italia 1990, en Filo.News viajamos a esa Copa del Mundo de las hazañas imposibles, hablamos con Gianna Nannini, la cantante de "Un'estate italiana", que le mandó un mensaje a Maradona, y entendemos por qué, al final de cuentas, Carlos Bilardo no tenía razón.

Por: Rocío García

Prepárense, abróchense los cinturones y dispóngase a disfrutar. El tablero del DeLorean indica junio de 1990 y está listo para viajar en el tiempo. Sean todos bienvenidos. Los mayores de 30, tienen sus lugares reservados para un recorrido que les removerá la nostalgia. Y súbanse también los Millennials y Centennials, aunque tengan en claro una cosa: sepan que nunca van (vamos) a sentir eso que sintieron los que tuvieron la suerte de vivirlo. Pero por ello no se autoprohiban la libertad de emocionarse con la historia. De abrir los ojos con asombro cuando escuchen los relatos y vean las imágenes de esas épicas imposibles, ni de reírse con las desopilantes aventuras de Carlos Bilardo y el resto del reparto.

Es que hay sucesos que marcaron la historia y el tiempo no los puede borrar. Y el Mundial de Italia 1990 es una película a la que vale la pena darle play, aunque se haya estrenado hace 30 años. Es cierto: quizás la historia se recuerde más por su bajo nivel atractivo (que obligó a cambios de reglas), sus roces y patadas con alevosía que por los goles y destellos de buen fútbol. Pero cuenta con un guión repleto de hazañas, de esas que hacen saltar del sillón y dejan las pulsaciones tan altas que después cuesta dormirse: el triunfo ante Brasil, los penales del Goyco, la otra "Mano de Dios". Tiene la banda de sonido más linda de todas en la voz de Gianna Nannini y Edoardo Bennato. El tobillo del Diego o la tibia y peroné de Pumpido son esas escenas que impresionan. La trama se torna oscura con el "Bidón de Branco". Y tiene un final que va a doler toda la vida.

La ceremonia inaugural en el San Siro de Milán

El himno de los Mundiales

"Notti magiche, inseguendo un goal, sotto il cielo, di un'estate italiana...", suena en los auriculares de un principiante que la escucha para motivarse en su estreno como runner. Suena en versión remixada en algún boliche. Suena a fin de año, cuando después del octavo brindis, la familia entera se abraza en una ronda y la entona casi como una plegaria mirando al cielo. "Un'estate italiana" vuelve a sonar bien fuerte en las radios, las teles y los celulares por estos días en los que se recuerda el 30 aniversario de Italia 1990. Suena como la tarde del 8 de junio de ese año, en la que Gianna Nannini y Edoardo Bennato hicieron vibrar al San Siro de Milán en la fiesta de inauguración.

"Un'estate italiana" es un flechazo certero que trascendió Mundiales y generaciones. ¿Acaso existe alguien que nunca la haya escuchado? Sin embargo, en un principio, la canción -originalmente escrita en inglés por Giorgio Moroder y Tom Whitlock- no terminaba de cerrarle a la cantante italiana. "Inicialmente no quería hacer esta canción, no quería mezclar fútbol con música. Pero luego, mientras la escribía, la canción tomó el control y sacó a relucir esa parte de mí que ama los deportes. Cantándola, la escuché transformarse en un mensaje de solidaridad entre los pueblos, con todos aquellos equipos que representaban a sus países", revela Nannini en diálogo con Filo.News desde su casa de Milán.

Gianna Nannini sigue rockeando en los escenarios de las grandes ciudades del mundo. Foto: gentileza Simone De Luca.

Lejos de quedarse atada a ese himno, Gianna, que junto a Bennato ya en aquel entonces eran íconos del rock italiano, hoy tiene 66 años y conserva la misma impronta de siempre. Es mamá de Penélope, de 9 años, reafirma sus convicciones sobre los derechos de las mujeres, y sigue rockeando en los escenarios de las grandes ciudades del mundo con su inconfundible voz ronca. En noviembre del año pasado sacó La Differenza, su vigésimo disco, mientras que para junio de 2021 prepara un concierto junto a otras seis artistas contra la violencia de género ("Una. Nessuna. Centomila").

Con "Un'estate", Gianna se ganó un lugarcito en los corazones de todos, y un abrazo de Diego Maradona que hoy, 30 años después, no puede olvidar. "Emoción pura...", recuerda sobre el día que conoció al capitán argentino. Y continúa: "Hace mucho tiempo quería conocerlo, pero no esperaba que saliera solo por el césped, a la espera de sus compañeros de equipo. Así que bajé las escaleras y corrí hacia él en ese abrazo que abrió todo el mundo. ¡Encuentro mágico es poco decir!". ¿Te gustaría volver a verlo? "Sí, no veo la hora... podríamos hacer un duo".

Edoardo Bennato y Gianna Nannini junto a Diego Maradona. Foto: ANSA.

Gianna, quien más de una vez reconoció que en su honor el Diez le puso Giannina a su hija, debió suspender conciertos por la pandemia que tuvo a los italianos más de dos meses en cuarentena. Mientras tanto, aprovechó el tiempo para dedicarse a la música y al deporte. "Soy triatleta. Y luego estudio piano clásico, para mejorarme. Es como meditar". Además, pasó su receta para mantenerse con la energía intacta: "Seguramente nunca dejaré el deporte, incluso el competitivo, y practicar constantemente el Método Original de Pilates. Y luego bebiendo buen vino, que también produzco".

Los Mundiales seguirán pasando con sus canciones de turno. Pero mientras Gianna y Edoardo nos canten esas "noches mágicas persiguiendo un gol bajo el cielo de un verano italiano", no habrá, ni por asomo, Waka Waka que los destrone.

Por la ventana

Después de la ceremonia inaugural, el campeón del mundo en México 1986 sufrió un cachetazo en el debut ante Camerún (perdió 1 a 0) que dolió más que las patadas sistemáticas que primaron durante el juego, y que tuvieron como víctimas principales a Diego Maradona y Claudio Caniggia.

"Mejor que pasemos primera ronda, si no el avión de regreso lo tiro abajo yo" dijo -palabras más, palabras menos- Carlos Bilardo en la previa del partido contra la Unión Soviética. Menos de una semana después del estreno fallido, en el San Paolo de Nápoles, el escenario de las mil epopeyas del Diez, Argentina dio vuelta la página y logró una victoria por 1 a 0. Pero el del 13 de junio no fue un encuentro más. Es que transcurrían los 11 minutos de juego cuando Nery Pumpido se quebró la tibia y el peroné, y Sergio Goycochea ingresó para no salir nunca más. Fue el día de los tres arqueros, porque Diego fabricó la otra "Mano de Dios" con un penal que el árbitro no vio.

Nuevamente en Nápoles, un triunfo era el camino necesario para evitar tener que empezar a hacer cuentas. Finalmente, fue empate 1 a 1 ante Rumania, y el defensor del título clasificó como uno de los cuatro mejores terceros. Aparecía Brasil en el horizonte…

El tobillo inflamado de Maradona que él mismo se infiltró para jugar contra Brasil. Foto: El Gráfico

Alegría não tem fin

De la samba del primer tiempo a la oportunidad única. De los pelotazos en los palos a esa sentencia gloriosa del Hijo del Viento. Del clásico imposible a la alegría eterna. El panorama pintaba oscuro después de la angustia de la Fase de Grupos. Sin embargo, el 24 de junio el rival a vencer era Brasil y nadie en el plantel estaba derrotado de antemano. ¿Faltaba alguna motivación más que tener al rival de toda la vida enfrente, en un Mundial y con un boleto para los cuartos de final en juego? Ninguna. Por eso, quizás, este partido es el más especial de toda esa Copa del Mundo.

Maradona llegó con un tobillo averiado producto de las patadas que recibió ante Unión Soviética y Rumania. El propio capitán contó que de la hinchazón, el doctor Raúl Madero no podía aplicarle la aguja para infiltrarse, entonces él mismo se la terminó inyectando. Y aunque no fueron sus mejores 90 minutos, hizo lo suficiente para que se lograra la gesta. Tras una corrida memorable mientras era hostigado por varios brasileños, el Diez habilitó a Caniggia, el arquero Taffarel quedó desparramado y la pelota infló la red para siempre.

El gol de Caniggia y la alegría eterna ante Brasil

Sobre el final del primer tiempo, tuvo lugar uno de los episodios más famosos de la historia de los Mundiales, ese que para algunos será una brillante avivada y para otros un ejemplo de deslealtad. Lo cierto es que cuando el doctor Madero y el asistente Galíndez entraron al campo para atender a Pedro Troglio, lo hicieron con una heladera que tenía botellas de agua mineral. Branco, el lateral brasileño, tomó de una de ellas y se sintió mal el resto del partido. Tiempo después, denunciaría que la bebida fue intencionalmente adulterada con alguna sustancia. Maradona sabía del chanchullo y lo contó en 2004, durante una entrevista en televisión.

Millones de veces se habló del "Bidón de Branco". Y se seguirá hablando hasta el final de los días.

Siammo fuorri della Copa

Los cuartos de final ante Yugoslavia le dieron la bienvenida a los penales luego de un empate sin goles en 120 minutos de juego. El arquero Tomislav Ivkovic le atajó el remate a Maradona, pero ahí apareció Goycochea con su capa de héroe, en un adelanto del partido que lo consagraría para la eternidad.

"Goyco", el héroe: capítulo 1 vs. Yugoslavia

De Florencia a Nápoles, otra vez, aunque ahora con un agregado extra: para ganarse un lugar en la final había que derrotar a Italia, el local. El morbo se adueñó de la atmósfera del estadio y acá vale contextualizar. Por aquellos años, el norte italiano subestimaba a sus compatriotas del sur, pero de la mano de Maradona, Napoli rompió los esquemas y emparejó la balanza contra los poderosos Juventus y Milan. Ahora bien, en plena semifinal mundialista, ¿los napolitanos iban a apoyar a su país o a su ídolo?

"Maradona Nápoles te ama, pero Italia es nuestra patria" ("Maradona Napoli ti ama, ma l'Italia è la nostra patria") rezaba una bandera colgada en el San Paolo que dilapidó todos los interrogantes.

En aquel 3 de julio de 1990, del que hoy se están cumpliendo 30 años, había sabor a final. Un nuevo empate (1-1) obligó a definir las cosas por penales. Y el desenlace ya es conocido: Goyco en modo prócer, con su mítico buzo multicolor, le atajó los remates a Donadoni y Serena, y todo fue euforia... La bandera argentina, por segunda vez consecutiva, iba a flamear en la final del mundo.

"Goyco", el héroe: capítulo 2 vs. Italia

El dolor más grande

Del éxtasis total a la desazón. El Diego pasó de los insultos que dieron la vuelta al mundo mientras los silbidos tapaban el himno argentino en el Olímpico de Roma, a las lágrimas durante la premiación.

"Hi-jos-de-pu-ta": Maradona respondió con insultos los silbidos al himno argentino

Edgardo Codesal no cobró el penal que Lothar Matthäus le hizo a Gabriel Calderón, ni el de Goycochea a Klaus Augenthaler, pero sí el de Roberto Sensini a Rudi Voller, ese que nunca va a dejar de discutirse. Y a los 84 minutos se definió la historia de un Mundial que quedó grabado a fuego en el corazón de los argentinos a pesar de ese maldito final.

En definitiva, Italia '90 fue el último gran acto de Maradona con la camiseta de la Selección Argentina, donde sacó a relucir más que nunca su estampa de líder para levantar a un equipo castigado por las lesiones, las patadas y los insultos, y que a pesar de eso, estuvo cerca de abrazarse a la gloria. Lo que vino después, no fue nada bueno. Pero eso ya forma parte de otra película.

El gol de Andreas Brehme que derrumbó la ilusión argentina

Héroes igual

"En Italia '90, para la gente fuimos campeones. Mucha gente me agarra las manos y me dice 'gracias a estas manos fuimos campeones del mundo'", comentó Goyco en una entrevista con El Gráfico. Y Burruchaga agregó: "Nos sorprende porque hasta parece que nos valoran más el '90 que el '86".

Las reflexiones de los subcampeones se ven reflejadas en el recibimientos que tuvieron el día que volvieron de Italia. Miles de personas se concentraron en Plaza de Mayo para agradecerle a un equipo que regaló emociones inolvidables pero no pudo traer la Copa.

Bilardo no tenía razón. Al fin y al cabo, su aforismo se diluía ante los aplausos de esa Plaza que dieron su veredicto: en la historia no sólo quedan los que ganan.

Una Plaza de Mayo repleta recibió a los subcampeones del mundo

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