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3 meses sin Facundo Castro

El joven está desaparecido desde el 30 de abril pasado. Cristina Castro, su mamá, habló con Filo.News sobre la última vez que mantuvo diálogo con su hijo, además de su incansable lucha por encontrarlo.

Amor de madre e hijo: Facundo Castro junto a Cristina, su mamá

Amor de madre e hijo: Facundo Castro junto a Cristina, su mamá

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Por: Juan Britos

El 30 de abril, Clarín anunciaba en tapa que los comerciantes porteños insistían para reabrir sus negocios. Por su parte, La Nación advertía que el cepo al dólar afectaría a los precios y la producción nacional. Mientras tanto, en Pedro Luro, a más de 700 kilómetros de CABA, Cristina Castro discutía con su hijo Facundo porque no quería que el chico de 22 años fuera a la casa de su ex novia en Bahía Blanca. 

Facundo no escuchó a su madre y salió a la ruta a hacer dedo. Desde ese día, Cristina no volvió a hablar con él. Aunque ahora quiera y no pueda. Aunque ahora grite su nombre con una pancarta que lleva su foto en blanco y negro, con la leyenda "Aparición con vida".

"Ese día fue la última vez que hablé con Facundo. Después me llamó la policía para avisarme que lo habían parado pero que lo dejaban seguir. Creí que iba a lo de la novia y que me llamaría para disculparse por haber ido a Bahía Blanca. Pero a los 15 días, los amigos me llamaron desesperados", recuerda Cristina, en diálogo con Filo.News.

Cristina no confía en la Policía ni en la Justicia. Dice que cuando fue a denunciar la desaparición de su hijo, quisieron convencerla de que Facundo estaba paseando por el país. Tampoco cree en el fiscal. Ella tiene la certeza de que a su hijo lo desparecieron. Y jura que no la van a convencer de lo contrario. 

"La denuncia tardó porque primero buscamos en redes, lo último que pensás es que la Policía desapareció a tu hijo", sostuvo la mujer.

Una vez más la apuntada es la Bonaerense. Los Patas Negras. La Maldita Policía. Ocurre que Facundo fue visto con vida por última vez cuando la Policía lo detenía para identificarlo por violar el aislamiento social obligatorio. Hoy, a tres meses de su desaparición, Cristina insiste con encontrarlo. "Hasta hoy sigo peleando por mi flaco porque es mío, me pertenece. Lo amé, lo amo y lo voy amar siempre", asegura.

Facundo también amaba a Cristina. Se nota en fotos, en esos abrazos que sólo una madre sabe recibir.

Rastros

En el bolso que Facundo dejó en la casa de su mamá, hay una camiseta de vóley y un par de pantalones y buzos. Todo de Boca, pasión que compartía con ella. Ese bolso es el tesoro de Cristina, que espera el regreso de su hijo para ir juntos a jugar al vóley. Pero ella sabe que las prendas tienen ahora una importancia única. Gracias a uno de esos buzos, Yatel (perro de Marcos Herrero, mismo perito que rastreó a Santiago Maldonado), encontró rastros de Facundo en los móviles policiales que habrían participado de su desaparición. Y confirmó las sospechas de la familia. 

"Dejó muchas cosas, era un viaje de ida y vuelta pero no me lo dejaron volver. Tengo todo preservado por si más adelante lo necesitan los perritos", cuenta Cristina.

Madre e hijo, el amor por Boca, la chance que tal vez ya no será. La duda y la culpa, dicen, son cartas de sobrevivientes. Cristina está arrepentida. Sabe que tal vez nunca más vuelvan a verse para cumplir la promesa de ir a La Bombonera. "Bruja este año -recuerda Cristina a Filo- vamos a La Bombonera".

Bruja. Así la llaman sus tres hijos. A ella, que nunca fue a la cancha a ver jugar a sus ídolos Martín Palermo o Carlos Tevez porque siempre tenía que trabajar en la estación de servicio. A ella que ahora se lamenta de no haber cumplido el sueño junto a su hijo. Ocurre que los francos escasean en la vida de Cristina. Por eso buscaba excusas y le decía a Facundo que no podía ir, que estaba cansada, que el viaje iba a ser largo. 

"Me arrepiento de no haberlo escuchado, de no haber sacrificado un franco. Boca era su vida. Una vez, iba a un cumpleaños de 15 y me sorprendió verlo con camisa rosa, jeans y zapatos. Ya era gracioso porque nunca se ponía jeans. Pero más me divertí cuando se abrió la camisa y tenía la camiseta de Boca abajo", recuerda.

Cristina es ella y sus tres hijos: Alejandro, Facundo y Lautaro. Una mesa de cuatro patas "a la que hoy –aclara- le falta una".

Que hoy se cumplan tres meses de la desaparición de Facundo parece una burla cruel del destino. Es que KuFa, como lo llamaban sus amigos, nació de forma prematura a los seis meses y Cristina tuvo que luchar tres meses en neonatología del hospital de Bahía Blanca para que él sobreviviera. Ella dice que nacieron “complicados”. Es que cuando un hijo nace, también nace la madre. Pero cuando un hijo desaparece, su madre lucha. Así lo hace Cristina, que lleva la sonrisa de Facundo, la más linda del planeta según ella, como brújula para atravesar la tormenta. 

"Mi hijo siempre estaba dispuesto, siempre con sus amigos. Laburante como pocos. Ese era mi hijo. Ese es mi hijo", sostiene Cristina.

El tiempo verbal, el fallido que se escapa. El pestañeo rápido y los labios que se fruncen rápido para no seguir hablando de Facundo en pasado. Entonces, el recuerdo.

Estilo libre

Facundo era fanático del hip hop y de Eminem. Cuando Cristina llegaba de trabajar y ponía Bronco en su parlante, él la cargaba: "Ahí está la Bruja con su música vieja". 

Él prefería las batallas de estilo libre en internet. Después caminaba hasta la plaza de Luro a rapear, mientras sus amigas tomaban mates y sus amigos andaban en skate. A KuFa le gustaba hacer murales y volver a su casa a mirar documentales sobre desaparecidos. Ese impulso nació en la secundaria, cuando participó del proyecto Jóvenes por la Memoria. Ahora, él es el símbolo de la lucha contra la violencia institucional.

"Yo soy su mamá, me lo tienen que devolver. Voy a luchar hasta encontrar a mi hijo. Como lo encuentre y donde lo encuentre. Si me hubiera puesto a llorar en el momento en que supe que a mi hijo lo había desaparecido la Policía, hoy no estaría acá, levantando los brazos y la voz".

Cristina no llora. Cristina no se quiebra. Ni el coronavirus le puede tapar la boca. Está encendida. Y tiene razones para estarlo: "Como sociedad debemos replantearnos el concepto de democracia. Esto no le tiene que pasar a nadie más. Antes se los llevaban en un Falcón verde, ahora en una Hilux. No está bueno que quien te tiene que cuidar, te desaparezca. La Policía está sacada, no puede seguir golpeando, secuestrando. La pandemia ha recrudecido la violencia policial".

Según el censo de 2010, Pedro Luro tiene casi 10 mil habitantes. Una ciudad pequeña, donde las noticias corren rápido. Cristina conoce a muchos vecinos porque vivió toda la vida allí junto a sus hijos. Además, trabajar en la estación de servicio de la ruta, hace que la conozcan hasta los que van de paso. Por eso la sorprendió la actitud de algunos vecinos, que conocían a Facundo y saben cómo era él. 

"Muchas personas que eran amigas, me dieron vuelta la cara. Tal vez lo hicieron por política o porque no quieren ver cómo va a terminar esto. Y esto va a terminar con todos los involucrados presos. No voy a descansar hasta que mi hijo tenga justicia. Hasta que me lo devuelvan, como tiene que ser. Porque hoy me tocó a mí. Pero mañana le puede tocar a cualquiera".

Lo dice Cristina. La Bruja. La que nunca fue a la Bombonera. La mamá de Facundo, la que no se calla, la que no va a parar hasta saber qué fue lo que pasó con su hijo.

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