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Actualidad

Dólar planchado, inflación elevada: ¿Cuánto puede durar la paz cambiaria?

El Gobierno apunta a atrasar el tipo de cambio durante el año electoral. Las carteras de inversión se acomodan al cambio de expectativas. Sin embargo, los pronósticos de inflación para este año no varían. 

Martín Guzmán, ministro de Economía.

Martín Guzmán, ministro de Economía.

Por: Gonzalo Finlez

El Gobierno va a repetir una receta conocida para un año electoral: atrasar el tipo de cambio. Por un lado, el Banco Central desaceleró el ritmo diario de la devaluación del peso. De esta forma, apunta a cerrar el 2021 con un dólar aumentando un 25%.

Por el otro, las expectativas de inflación que calculan las consultoras privadas esperan un incremento en el nivel general de precios superior al 45% para el año corriente. Cuando el dólar sube por debajo de la inflación, el peso argentino se hace más fuerte en relación a la divisa norteamericana. En esto consiste el atraso cambiario.

Esta política genera un “efecto riqueza” en nuestro país. Como la mayoría de los ingresos de las personas están nominados en pesos, una apreciación de la moneda nacional permite comprar más bienes y servicios que dependen del valor del dólar. 

La gran incógnita que se desprende de esta ecuación es si el gabinete económico cuenta con las herramientas para evitar una depreciación mayor del peso. O un salto del tipo de cambio. Sobre todo, teniendo en cuenta las tensiones cambiarias vividas durante el año pasado (y el 2018 y el 2019) donde el blue llegó a coquetear con los $200. 

Sin embargo, estamos cerrando un febrero pacífico en el frente cambiario. Según los analistas, el segundo mes del año iba a ser el más difícil de transitar. A partir de las próximas semanas, se estima comenzará el alivio por la llegada de las divisas provenientes de la cosecha 2020/2021, con precios internacionales en niveles récord. 

Paz cambiaria

 

La tregua entre los mercados y el Gobierno puede verse en varios frentes. Detrás de todos ellos, el elemento principal que aporta a la estabilidad es el incremento sostenido del precio de los commodities en los mercados internacionales. La soja ya se ubica por encima de los US$520. En contrapartida, las exportaciones del rubro Manufacturas de Origen Agropecuario tuvieron un salto del 49,5% durante enero. 

El dólar futuro es uno de los termómetros cambiarios. En este mercado, los exportadores suelen cubrirse de los eventuales movimientos en el tipo de cambio oficial, o los agentes pueden especular contra el valor de la moneda.

Las tasas de devaluación implícita de este mercado, en los tramos más cortos, pasaron del 70% a ubicarse entre 32% y 40%. De esta forma, el Banco Central (BCRA) redujo su posición vendida a $2.600 millones, de los casi $5.700 millones en contratos que poseía hace tres meses. En criollo: el mercado de futuros está abandonando la posibilidad de una devaluación brusca.

Las reservas internacionales del BCRA son la principal herramienta del Gobierno para defender el valor del peso. En lo que va de febrero, la autoridad monetaria tiene un saldo a favor en unos US$550 millones por su intervención en el mercado oficial de cambios. Aunque es una cifra menor, se trata de un cambio de tendencia para las reservas, que encadenan tres meses de suba. 

Incluso en las cotizaciones alternativas, que escapan a las restricciones oficiales, se observa este cambio. El MEP cotiza en los $142 y el CCL en $145,50, una caída mensual del -4% y -3,4%, respectivamente. Por su parte, la brecha entre el mayorista y el blue cayó por debajo del 60%, el nivel más bajo desde abril del 2020.

La pregunta es si la tregua en estos mercados es sostenible. La historia en los mercados es que las cotizaciones financieras caen circunstancialmente por la liquidación del Aporte de las Grandes Fortunas. Los alcanzados por el impuesto por única vez estarían convirtiendo a pesos activos dolarizados en el exterior, a través del contado con liquidación, empujando su cotización hacia abajo. 

Del dólar al peso 

La caída en las expectativas de ver un salto del dólar se reflejan también en los movimientos de las carteras de inversión. Por caso, los bonos atados a la cotización oficial del dólar (dollar linked), caen entre un 5% y 7% desde su pico de finales del 2020. Desde que Guzmán deslizó que la devaluación del oficial será del 25% durante este año, predomina la venta de estos bonos de cobertura.

La contracara del movimiento es un pasaje a instrumentos de inversión en pesos. Los bonos a tasa fija suben hasta 50% (TO23) en lo que va del año. Los depósitos privados a plazo fijo acumulan un incremento de $218.000 millones en 2021. La inversión minorista del momento, el plazo fijo indexado, aumentó su stock de depósitos un 18% mensual. 

Estos últimos son los plazos fijos UVA, que ajustan por el CER del Banco Central. El Coeficiente de Estabilización de Referencia refleja la variación del IPC del Indec. De esta forma, se trata de un instrumento indexado a la inflación.

Este coeficiente es usado también en los BONCER (bonos ajustados por CER), la inversión estrella del mercado local. Sólo durante este 2021, sus cotizaciones suben del 9% al 15%. Se trata de uno de los instrumentos más demandados en el mercado por ofrecer una cobertura frente a la inflación más un adicional fijo, desde el 1% hacia arriba, dependiendo el bono.

Mientras el mercado parece creer en la palabra del ministro de Economía sobre el atraso del dólar oficial, no ocurre lo mismo con la inflación. Aunque Guzmán repite que mantiene su pronóstico del 29% anual, el 4% de enero y el nivel similar que dará febrero lo desmienten. Por este motivo, los inversores apuestan por instrumentos atados a la evolución de precios. 

Cómo sigue

¿Es el “veranito” duradero? Dependerá de una combinación de factores: el precio internacional de los commodities, el ánimo de los exportadores respecto a la política oficial de atraso cambiario y la evolución de la tasa de interés de los Estados Unidos. 

En los últimos días, los mercados globales se tiñen de rojo frente a una suba sostenida en los rendimientos de los bonos del Tesoro norteamericano de largo plazo. Aunque se mantienen en niveles históricamente bajos, su tendencia al alza amenaza la estabilidad financiera internacional.

En nuestro país siempre se mira con atención esta variable. Cada vez que las tasas de interés estadounidenses suben, acá suenan las alarmas, ya que un fortalecimiento del dólar puede poner en riesgo todo el esquema desarrollado anteriormente.

A la espera que la Reserva Federal (FED) de los Estados Unidos intervenga en la curva de rendimientos, y mientras el Riesgo País vuelve a superar los 1.500 puntos, Argentina se encuentra en negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). 

Gran parte de las expectativas cambiarias y financieras locales se escudan en un acuerdo con el FMI y luego con el Club de París. El superávit fiscal primario de enero es un guiño importante en ese sentido. 

Pero acordar con los organismos internacionales no es gratuito para el Gobierno. Viene con condicionalidades. Avanzar hacia un mayor ajuste fiscal y políticas recesivas puede tener consecuencias sociales negativas. Comenzando un año electoral, el ejecutivo parece querer desentenderse de un acuerdo rápido.

En un contexto donde el cambio de movilidad jubilatoria hará que los haberes vuelvan a perder contra la inflación, tres años consecutivos de caída del poder adquisitivo y elevados niveles de pobreza y desempleo, atrasar el tipo de cambio para generar un “efecto riqueza” sobre los ingresos en pesos puede no ser suficiente para cambiar los ánimos.

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