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Actualidad

Las discusiones internas del Gobierno en la recta final de las negociaciones con el FMI

El Gobierno se encamina a llegar a un entendimiento con el Fondo Monetario Internacional antes de fin de año. Sólo resta definir algunos detalles, pero el verdadero desafío vendrá el día después de la firma.

Martín Guzmán, ministro de Economía, con Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI.

Martín Guzmán, ministro de Economía, con Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI.

Por: Gonzalo Finlez

El Gobierno entró en la recta final de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional para resolver el préstamo por US$44.000 millones recibido en el 2018. Este fin de semana, una comitiva del gabinete económico viajará a Washington a discutir los números finos del nuevo programa. El Gobierno apunta a que antes de fin de año se redacte una Carta de Intención, paso previo para la oficialización del acuerdo. 

Luego de dos años de mandato, donde Alberto Fernández anunció una querella criminal contra los responsables del programa, insinuó una investigación sobre la fuga del dinero recibido, y un endurecimiento de la postura argentina frente a la burocracia del Fondo durante la campaña electoral, el presidente dio la orden de acelerar la búsqueda de un acuerdo cuando todavía no se habían terminado de contar los votos.

El acuerdo

El Gobierno fracasó en sus intentos por conseguir un acuerdo que supere los 10 años de plazo para el pago de la deuda y la eliminación de la sobretasa por haber prestado más de lo autorizado por el estatuto del organismo. Pese a la violación de la legislación nacional y las normativas del Fondo, el enfoque de “responsabilidad compartida” parece quedar atrás luego del visto bueno de la vicepresidenta Cristina Kirchner para que el ejecutivo llegue a un acuerdo.

De esta forma, la relación entre ambas partes luce más cercana a una imposición que a una negociación. Lo dijo el propio jefe de Gabinete, Juan Manzur, este miércoles frente a la Unión Industrial Argentina: “Vamos a poner todo nuestro esfuerzo, queremos resolver este problema y queremos pagar. Lo único que pedimos es una condición, que nos dejen crecer para poder pagar”.

La carta del crecimiento es la última que se juega el equipo económico durante las reuniones de los próximos días. Para ello, el gabinete presiona por un sendero fiscal más laxo: dejar que la inflación haga su trabajo silencioso de licuar el gasto (como ocurrió durante este año), en lugar de ir hacia un ajuste profundo en el corto plazo. Por caso, Guzmán pretende recortar el déficit fiscal en 0,7 punto durante el próximo año en relación a este 2021,  mientras el Fondo reclama metas fiscales más ambiciosas. 

Además, el organismo dirigido por Kristalina Georgieva reclama un fortalecimiento de las Reservas del Banco Central, con el objetivo de asegurar los dólares que serán destinados eventualmente a pagar deuda. Para ello, es necesario ir cerrando la brecha entre el oficial y los paralelos. En este sentido, el Fondo pide una depreciación más acelerada del peso.

Se trata de puntos muy delicados para la vida cotidiana de los argentinos: un ajuste fiscal atenta directamente sobre las tarifas, los salarios públicos y la asistencia social; una devaluación más abrupta amenaza con recalentar el nivel de precios. 

Pero también son cuestiones de suma urgencia para los funcionarios: si los dólares del Banco Central deben ser protegidos a toda costa, ¿de dónde van a salir las divisas necesarias para la industria que impulsa el Ministerio de Desarrollo Productivo? Si el peso comienza a devaluarse a un ritmo mayor, ¿cómo frenará la inflación la Secretaría de Comercio Interior? Si hay que subir las tarifas para llegar a la meta fiscal, ¿habrá acuerdo entre Economía y la Secretaría de Energía sobre la implementación de la quita de subsidios?

Las internas

Pese a que toda la plana mayor del Gobierno coincide en ir hacia un acuerdo con el Fondo, las múltiples preguntas que se abren sobre sus consecuencias ayudan a explicar las internas sin resolver en las que navega el oficialismo.

Las contradicciones son evidentes. Manzur, cara visible del acercamiento oficial hacia el establishment, escuchaba este miércoles los reclamos de la cúpula de la UIA sobre la necesidad de simplificar la carga impositiva (bajar impuestos) y modificaciones en la legislación laboral. Al mismo tiempo, el ministro Guzmán visitaba el mismo día a la CGT, quienes aseguran que el Gobierno no avanzará hacia una reforma laboral, pese a figurar en el recetario del Fondo.

Mientras las representaciones sindicales y empresariales alientan al ejecutivo a firmar un nuevo programa con el FMI, los movimientos sociales que forman parte del Frente de Todos no tienen una posición homogénea. Es sabido que un achicamiento del déficit amenaza sobre el gasto social. La vicepresidenta se refirió al tema en su carta del sábado pasado, cuando avaló las negociaciones, pero defendiendo el “crecimiento CON INCLUSIÓN SOCIAL”.

Las diferencias salen a la vista en las decisiones cotidianas de la administración. El desconcierto que provocó el anuncio del fin de los pagos en cuotas para el turismo exterior no fue sólo un error de comunicación, sino una muestra de la fractura interna. El Banco Central se limitó a publicar un comunicado, pero nadie explicó la medida. Al mismo tiempo, Desarrollo Productivo resaltaba un anuncio paralelo: las facilidades al acceso de divisas para que las Pymes puedan importar maquinaria. Con el paso de los días, en medio de un escenario hostil para el Gobierno, Kulfas intervino para explicar las medidas y se convirtió en los hechos en vocero de la autoridad monetaria.

El ministro de Desarrollo Productivo se anotó otro poroto en la interna este jueves, con la renuncia de Débora Georgi a su cargo en Comercio Interior. La exfuncionaria llegó a la Secretaría con Roberto Feletti, pero Kulfas, responsable del área, no había firmado aún su designación, pasados 52 días desde su desembarco. Es imposible entender la decisión sin recordar la desautorización pública del autor de "Los tres kirchnerismos" al secretario de Comercio sobre la posibilidad de aumentar retenciones a la carne.

Finalmente, la búsqueda acelerada del acuerdo se da en el marco de una liquidación de las Reservas del Banco Central. Todo el gabinete económico rechaza la idea de una devaluación brusca del peso para recomponerlas. Pero el ritmo de las mini depreciaciones diarias, el nivel de emisión monetaria, y la tasa de interés son ejes donde el Ministerio de Economía no acuerda con Miguel Ángel Pesce. De nuevo, estas diferencias de fondo están detrás de las declaraciones públicas contrapuestas de los últimos días. 

Tomada la decisión de ir hacia un nuevo programa, la coalición disfuncional se ampliará con los equipos técnicos del Fondo sentados en la mesa de la toma de las decisiones fundamentales de política económica. Sin embargo, recaerá en los actores internos de este cogobierno la determinación del día después: sobre quién recaerá el ajuste requerido por el staff del organismo para pagar la deuda contraída por la administración de Mauricio Macri.

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