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Bolivia debate habilitar a las Fuerzas Armadas para intervenir en las protestas
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Fue testigo clave en los juicios contra Miguel Etchecolatz. Fue visto por última vez el 18 de septiembre de 2006, el mismo día de los alegatos.

Jorge Julio López fue secuestrado, por primera vez, el 27 de octubre de 1977, días en que la Argentina atravesaba la dictadura cívico militar más sangrienta de su historia. Fue liberado en junio de 1979, tras pasar por diversos centros clandestinos de detención.
Dos décadas después, en 1999, se presentaba a declarar por primera vez en los Juicios por la Verdad. Allí, ante los jueces de la Cámara de Federal de Apelaciones, brindó un minucioso relato sobre su secuestro, las torturas sufridas, los asesinatos, violaciones y demás delitos de lesa humanidad que presenció, y los diferentes centros clandestinos en los que estuvo. Sin embargo, el procedimiento judicial no tuvo consecuencias penales.
La nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sancionadas durante el Gobierno de Raúl Alfonsín, promovió la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos hasta 1983. El primero de esos juicios reabiertos fue el que se siguió contra Miguel Etchecolatz, ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense durante la dictadura, y uno de los principales responsables de los delitos cometidos contra Jorge López.
En 2005, López se presentó a declarar nuevamente en la etapa de instrucción de la causa contra Etchecolatz. El 28 de junio de 2006, Julio López declaró ya como testigo del juicio oral. Frente al tribunal, volvió a contar todo lo que había visto y vivido entre 1977 y 1979.
Dos meses y medio después, el 18 de septiembre de 2006, era el día de los alegatos. López iba a estar ahí. Sin embargo, nunca llegó. Desapareció sin dejar rastros. Fue visto por última vez en los alrededores de la casa de Susana Gopar, una policía bonaerense en actividad cuyo teléfono figuraba en la agenda de Miguel Etchecolatz.
Un día después, Etchecolatz era condenado a cadena perpetua por su participación en la última dictadura militar al considerar los testimonios de, entre otros, Julio López.
“La justicia no hizo nada, se me ríen en la cara; siempre que llega la fecha de su desaparición salen a hablar del entrecruzamiento de 50 millones de llamadas telefónicas pero nunca se hizo nada”, dijo el año pasado su hijo, Rubén.
Ya son 15 años sin Julio López, 15 años de impunidad y encubrimiento.

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