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¿Por qué es importante vacunarse?

En el marco de la "Semana Mundial de la Inmunización" de la OMS, una breve explicación de cómo funcionan las vacunas y por qué vacunarnos y vacunar a nuestros hijos es un acto de solidaridad. 

¿Por qué es importante vacunarse?

¿Por qué es importante vacunarse?

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Por: Lucía Bartolomeu*

Desde el 24 hasta el 30 de abril se celebra la "Semana Mundial de la Inmunización", promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El lema de este año es "Protegidos colectivamente: ¡las vacunas funcionan!" y el objetivo es "sensibilizar acerca de la importancia fundamental de lograr una inmunización completa a lo largo de la vida". La inmunización es la intervención sanitaria más importante desde el siglo pasado: ayuda a prevenir enfermedades, discapacidades y defunciones a través de la vacunación. 

¿Qué es la vacunación? 

La vacunación es una medida preventiva para controlar e incluso erradicar enfermedades. Cuando nos enfermamos, nuestro sistema inmune nos defiende atacando a los agentes que nos invaden y, a la vez, guarda una memoria que permite que, si este mismo agente vuelve a atacarnos, ya tengamos una defensa más rápida y eficiente. Ese es el objetivo básico de las vacunas: entrenar a nuestro cuerpo para que esté preparado para atacar lo más inmediatamente posible al agente que causa la enfermedad.
Pero vacunarse no beneficia solamente al vacunado. Lo más importante desde el punto de vista social es, de hecho, que un porcentaje alto de la población esté vacunado, lo cual contribuye a lo que se denomina "inmunidad colectiva". Hay inmunidad colectiva cuando una población está protegida frente a una enfermedad porque los individuos que la componen están en su mayoría inmunizados contra ella
Es decir: si una determinada enfermedad avanza sobre una población, pero a su paso se encuentra con muchos individuos inmunizados, la cadena se va cortando y baja la chance de que un individuo susceptible (como un bebé o un anciano, que no se pueden vacunar) se encuentre con un individuo infectado y se contagie. 
Así llega un momento que se frena la transmisión y nos protegemos entre todos. Cuando aparece un brote, a mayor cantidad de individuos vacunados menor será el avance de la enfermedad en toda la comunidad porque se frena su propagación cuando no encuentra individuos susceptibles. Por eso el Calendario Nacional de Vacunación es de carácter obligatorio (de acuerdo con la Ley 22909).

Un poco de historia

Edward Jenner, conocido como el padre de la vacunación, fue quien utilizó en el año 1796 la primera vacuna para frenar el avance de la viruela, que se terminó erradicando a fin de la década del 70 del siglo pasado. Decir que se erradicó significa, lisa y llanamente, que no existe más en la faz de la tierra el virus que producía esa enfermedad, causa de muerte de millones de personas. Ningún otro adelanto médico antes fue capaz de erradicar enfermedades. 

Edward Jenner, el padre de las vacunas

Jenner logró la primera vacuna a partir de un virus de vacas que es muy parecido a la viruela (por eso se llaman vacunas, del latín "vacca"). Al inocularlo en personas no causa síntomas, pero nos protege contra la enfermedad. 
Desde entonces ya pasaron más de 200 años, durante los cuales la vacunación permitió controlar enfermedades que causaban muchísimas muertes en todo el mundo. En particular, de 1900 a 1973 los países desarrollados incorporaron las vacunas en forma masiva y en 1974 la OMS llevó adelante el Programa Ampliado de Inmunización para llevar la vacunación a países en vías de desarrollo, con vistas a controlar determinadas enfermedades en la región, como por ejemplo el sarampión.

Las críticas

Sin embargo, hay algunas conocidas críticas a la vacunación. La historia más conocida viene de un artículo publicado en 1998 en la revista The Lancet, en el que un grupo de científicos estudiaban a un grupo de niños y aseguraban que la vacunación inducía autismo. 
    Sin embargo, el Consejo Médico General del Reino Unido comenzó luego una investigación que concluyó con la anulación de dicho artículo, puesto que se descubrió, por un lado, que los niños habían sido sometidos a procedimientos sin aprobación ética y, por el otro, que había una intención de lucro detrás de la posible anulación de las vacunas. Nuevos estudios realizados en poblaciones con mayor cantidad de individuos mostraron que no hay ninguna correlación entre la vacuna y el autismo.
Otra conocida crítica es que las vacunas son tóxicas porque portan mercurio. Es cierto que algunas vacunas poseen timerosal, que es un compuesto que contiene mercurio y se usa para conservar las vacunas y evitar que se contaminen desde la década del 30. Sin embargo, debemos saber que esta droga se metaboliza a etilmercurio, una sustancia inocua para nuestro organismo y no a metilmercurio, que es la forma tóxica reportada.
Como vemos, la idea inicial de la vacunación era controlar las epidemias que asolaban a la humanidad hace 200 años. Cuando algunas de estas lograron ser controladas y disminuyó el temor general, la vacunación fue perdiendo progresivamente su rol protagónico y volvimos a estar en peligro por enfermedades que, paradójicamente, sabemos perfectamente cómo prevenir y controlar. 
Por eso, es fundamental que haya políticas de salud a nivel universal que acompañen constantemente las campañas de vacunación para evitar que aparezcan nuevos brotes de enfermedades -incluso de aquellas que parecían controladas- que encuentren individuos susceptibles para propagarse. 
 

*Bióloga (UBA)

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