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Cine y Series Winners Don't Use Drugs

Análisis | El Negocio de las Drogas, un documental que explora más allá de lo básico

El sistema de streaming de la N roja sigue sumando docuseries a su grilla, esta vez, centrada en el negocio de las sustancias ilegales. 

Una industria multimillonaria(Netflix)

Una industria multimillonaria | Netflix

Por: Jessica Blady

Netflix tiene un amplio catálogo dedicado a series documentales enfocadas en diversos temas. Ahora suma “El Negocio de las Drogas” (The Business of Drugs, 2020), miniserie de seis episodios cuyo título lo dice todo. Amaryllis Fox, ex analista de la CIA, es la cara más visible de esta producción que se mete de lleno en el “negocio” de diferentes tipos de drogas ilegales. La narradora y anfitriona no duda en comparar la guerra contra el narcotráfico con la lucha contra el terrorismo (de la que también tiene experiencia), y llega a la conclusión de que la primera genera muchísimas más víctimas por el camino, y ganancias millonarias para los elementos más altos de esta cadena que saca provecho de los marginados y necesitados.

Al menos, es el contexto de “Cocaína”, el primer capítulo de esta docuserie que va cambiando de foco y punto de vista, siempre dependiendo de la sustancia de la que se haga eco. En este caso, el viaje arranca en las selvas de Colombia y narra cada paso del proceso hasta llegar a los consumidores en los Estados Unidos. Imposible dejar afuera la influencia de Pablo Escobar, cuya muerte (y fin del reinado del cartel de Medellín) obligó a reestructurar los mecanismos del narcotráfico local, impactando directamente en la economía. El hueco pronto se llenó de un abanico de productores descentralizados y mejor organizados a la hora de esquivar el accionar de las autoridades.

Los cocaleros -primera parte de la cadena-, encargados de la plantación, y muchas veces de los primeros procesos de síntesis, entienden los riesgos que corren al sumergirse en esta actividad ilegal, pero el rédito bien vale la pena, más en regiones como Buenaventura, donde la población que vive bajo el nivel de pobreza equivale al 70%. Así, la plantación de la coca (y sus derivados) se convierte en la “salida laboral” más cómoda y rentable, justamente, porque el mercado ostenta una estabilidad que no se compara a ningún otro producto. Fox y sus entrevistados se animan a las comparaciones con empresas como Ikea o Walmart, dejando bien en claro que este negocio multimillonario también es parte fundamental de la economía de varios países.        

Cuando se trata de cocaína (una droga sumamente dañina y adictiva para el organismo), el contexto socioeconómico no se puede dejar de lado. De Colombia y sus cocaleros, la historia se traslada a México, donde el cartel de Sinaloa se encarga de que cruce la frontera hacia los Estados Unidos. Acá, no se ve a los ricos consumidores de Wall Street, una imagen muy de la década del ochenta que persiste hasta nuestros días. En cambio, sí se atestigua la marginación (y muchas veces la violencia) que abunda en cada etapa del proceso, llegando hasta los pequeños distribuidores (los famosos dealers), que eligen esta vía riesgosa en favor de los beneficios económicos.  

Amaryllis Fox en el centro de la escena

“El Negocio de las Drogas” no pretende hacer apología ni justificar las acciones ilegales de estos individuos que ocultan sus identidades ante la cámara (porque no olvidemos, son ilegales). Por el contrario, intenta mapear el territorio de una industria mega organizada que no parece tener fin siempre que haya consumidores y poderosos que la respalden. En la vereda de enfrente se encuentran las “Drogas Sintéticas”, un episodio que busca mostrar el lado terapéutico de estas sustancias que fueron prohibidas definitivamente en la década del ochenta.

Este segundo capítulo se centra en los estudios del químico Alexander Shulgin, quien en 1965 sintetizó la MDMA (más conocida como éxtasis). Shulgin, junto a su esposa Anne, y como tantos otros investigadores de la época, se convirtieron en conejillos de India para testear las propiedades más beneficiosas de estas sustancias, por ejemplo, en tratamientos del trastorno de estrés post traumático. Lamentablemente, el gobierno (y el poderío de las farmacéuticas) nunca vio estos ensayos con buenos ojos y colocó al psicotrópico en el conjunto de drogas peligrosas e ilegales.

Cada sustancia es un mundo aparte

De esta manera, la MDMA tomó el camino de la clandestinidad, transformándose en una droga recreativa que, mal utilizada (o elaborada), puede provocar grandes daños, así también como la marihuana sintética y otras sustancias de la misma familia. Este capítulo también sondea en los “psiconautas” y la elaborada dark web donde pueden conseguirse estas sustancias, de manera no tan diferentes a cualquier otra compra que uno haga por Internet.

“El Negocio de las Drogas” es una propuesta más que atractiva para los interesados en el tema, bien llevada por Amaryllis Fox, que no duda en meterse de lleno en el campo de batalla o entrevistar a productores y pequeños traficantes, al mejor estilo periodístico. Desde su formato, no nos trae nada novedoso y muchas veces no puede evitar “glamorizar la miseria”, pero resulta más interesante cuando explora la cara más positiva del flagelo, como en el caso de los veteranos de guerra que pueden acceder a tratamientos “alternativos” para hacerles frente a sus traumas.         

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