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Cine y series #High fidelity

Análisis | High Fidelity triunfa cuando más se aparta de la obra original

La novela de Nick Hornby llega a la pantalla chica con algunos cambios radicales. 

Análisis | High Fidelity triunfa cuando más se aparta de la obra original

Todos tenemos un lugarcito especial en el corazón para “Alta Fidelidad” (High Fidelity, 2000), la dramedia musical de Stephen Frears basada en la novela homónima de Nick Hornby. En aquella ocasión, el Rob Gordon de la historia quedó en manos de John Cusack, el treintañero dueño de una tienda de discos de vinilo -la Championship Vinile- que no tiene pudor en romper la cuarta pared para contarnos sus gustos musicales y sus rupturas románticas más resonadas, ampliamente relacionados entre sí. Tomando la misma premisa, las productoras Veronica West y Sarah Kucserka nos traen esta nueva apuesta de Hulu: una vez más el relato de Hornby, pero con una vuelta de tuerca.

En “High Fidelity” seguimos teniendo la Championship Vinyl (por supuesto) y los desencantos amorosos, pero es Zoë Kravitz la que nos mira directo a cámara para narrar sus frustraciones y esos rompimientos que hicieron mella en su estado emocional. El más reciente es Russell "Mac" McCormack (Kingsley Ben-Adir), el que parecía tener la llave de su inquieto corazón. Pronto descubrimos que Rob (Kravitz) fue la verdadera culpable de esta relación fallida, una que intenta dejar atrás a través de la música y una lista de hits armada minuciosamente.

Las calles de Brooklyn son el escenario ideal para esta historia que tarda un poquito en arrancar, pero pronto encuentra el camino y su propio estilo a la hora de contar. Cada episodio, de apenas 30 minutos, nos lleva atrás y adelante en el tiempo para reconstruir los momentos de romance que parecían inquebrantables y los pequeños detalles que lo llevaron al fracaso. En el presente, Rob intenta encausar su vida con la ayuda de sus empleados y amigos, Cherise (Da'Vine Joy Randolph) y Simon (David H. Holmes), y su hermano Cameron Brooks (Rainbow Sun Francks), siempre dispuesto a remarcarle sus errores.

Pero lo mejor de “High Fidelity” no son sus acaloradas discusiones musicales -geniales cuando abren el debate sobre separar a la persona del artista (Cof Michael Jackson Cof)-, o los turbulentos romances de Rob, sino la decisión de cambiar el sexo del protagonistas, corriéndose de arquetipos y lugares comunes, y demostrando que las mujeres pueden ser igual de inmaduras y conflictivas a la hora de los compromisos.

Con una ayudita de mis amigos 

“Top Five Heartbreaks” y “Track 2” -los primeros dos episodio de esta temporada de diez- alcanzan para entender por dónde viene la mano y, más que nada, a una protagonista que parece haber perdido el rumbo y debe recuperarlo. La Rob de Kravitz es el verdadero centro de una historia cargada de matices emocionales, aunque su personaje no sea en un 100% encantador. Ahí reside gran parte de su hipnotismo en la pantalla, dejándonos entrever a una persona tan real como imperfecta a la hora de tomar decisiones en el amor, o decisiones en general.

Originalmente, “High Fidelity” iba a formar parte de la gruilla de Disney+, la plataforma de streaming del ratón. Pronto quedó claro para todos que el tono adolescente y ATP no cuajaban en este relato, y fue ahí donde se vino la “cancelación” y la mudanza hacia Hulu, que pertenece a la misma compañía.

All You Need Is Love

La narración no siempre encuentra el ritmo apropiado y los constantes saltos temporales pueden desbalancear la trama, pero la efervescencia de Zoë alcanza para engancharnos lo suficiente y sumergirnos en este “grandes éxitos” de rupturas amorosas que recién nos muestran la punta del iceberg. En esta nueva adaptación, la obra de Hornby encuentra frescura y originalidad, algo que no siempre se consigue repitiendo las mismas fórmulas.

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