No te pierdas las últimas noticias

Activa las notificaciones y enterate de todo

No te pierdas las últimas noticias

Selecciona los temas que más te interesan

Utilizamos cookies para garantizar que siempre obtengas la mejor experiencia cuando visites nuestro sitio web. Al hacer click en "aceptar", aceptás nuestra configuración estándar.
Cine y Series Juegos, trampas y hierba de la buena

Análisis | Los Caballeros: Guy Ritchie vuelve a sus raíces, pero pierde la inspiración

El director inglés vuelve a terrenos conocidos con esta comedia de acción criminal en el marco del imperio de la marihuana. 

Ante todo, los buenos modales(BF + Paris Films)

Ante todo, los buenos modales | BF + Paris Films

Por: Jessica Blady

Después de probar suerte con franquicias exitosas como “Sherlock Holmes”, otras no tanto como “El Agente de C.I.P.O.L.” (The Man from U.N.C.L.E., 2015) y “El Rey Arturo: La Leyenda de la Espada” (King Arthur: Legend of the Sword, 2017), y transitar el terreno ATP con la versión live action de “Aladdín” (Aladdin, 2019), Guy Ritchie decidió volver al terrero conocido y lo que mejor le sale: las verborrágicas comedias de acción con trasfondo criminal en el ámbito de Inglaterra natal.  

“Los Caballeros” (The Gentlemen, 2020) es una película de Ritchie hecha y derecha que no se presta a confusión. Su cámara vertiginosa, sus personajes extravagantes, su violencia desmedida y casi caricaturesca, y sus diálogos afilados están presentes en cada una de sus escenas, pero trae poco y nada de novedoso a un estilo que se convirtió en su marca registrada desde sus comienzos cinematográficos. Entendemos que es parte de su registro “autoral”, aunque parece más un refrito de sus más grandes éxitos, más allá de que aplaudimos la idea original, algo no tan visto por estos días.

Mickey Pearson (Matthew McConaughey) tuvo una infancia pobre en Estados Unidos, pero una beca y su inteligencia lo llevaron a la universidad de Oxford, donde aprendió a hacer negocios vendiéndoles marihuana a sus compañeros ricachones y adinerados. Tras abandonar la escuela y hacer carrera criminal, Mickey se convirtió en el emperador de la hierba en la ciudad de Londres, empresa que ahora quiere vender para retirarse y vivir una vida más placentera junto a su esposa Rosalind (Michelle Dockery). El comprador en potencia es el multimillonario Matthew Berger (Jeremy Strong), otro magnate norteamericano, de entrada, bien dispuesto a pagar 400 millones por el producto y los métodos de elaboración que vienen aparejados dentro de la oferta.  

Las cosas se empiezan a complicar cuando Fletcher (Hugh Grant) entra en escena. Este detective privado y cineasta frustrado trabaja bajo las órdenes de Big Dave (Eddie Marsan), editor periodístico de un tabloide inglés resuelto a sacar a la luz los trapitos sucios de Pearson, después de que éste lo dejara mal parado en una reunión social. Fletcher es el encargado de reunir la información inculpatoria, pero en vez de reportarle a su ‘jefe’, prefiere dirigirse a Raymond Smith (Charlie Hunnam) -mano derecha de Mickey- para intentar sacar un mayor provecho a través del chantaje.

Nadie se mete con Mickey Pearson

Veinte millones de libras parece ser un precio bastante razonable cuando está en juego el imperio de la droga más grande y redituable de la región, negocio del que también quieren echar mano Dry Eye (Henry Golding), discípulo del mafioso chino Lord George, y “The Toddlers”, un grupo de jóvenes peleadores de artes marciales mixtas y aspirantes a youtubers que agarran cualquier trabajo peligroso para poder juntar más seguidores. El ataque a una de las bases de producción de Pearson es apenas la punta del iceberg de un complot criminal que se extiende por varias ramas y, obviamente, va a dejar unos cuantos cadáveres por el camino.

Ritchie, también responsable del guion, utiliza al estrafalario Fletcher como un narrador poco fiable, pero de lo más entretenido a la hora de llevarnos de la mano por este relato cargado de súper acción, violencia desmedida, momentos bizarros, confusiones y traiciones que siempre tienen sus consecuencias a la vuelta de la esquina. Nada que no hayamos visto antes en “Juegos, Trampas y Dos Armas Humeantes” (Lock, Stock and Two Smoking Barrels, 1998), “Snatch: Cerdos y Diamantes” (Snatch, 2000) o “RocknRolla” (2008), como para sumar algunos ejemplos, de ahí que “Los Caballeros” cumpla su función de divertimento, pero no tenga nada de nuevo para traer a la mesa.

Este plano ya se ha visto

El realizador se ampara en un buen conjunto de intérpretes -muchos de sus actores fetiche-, un elenco más “maduro”, como dejándonos bien en claro que él también ya está grande para este tipo de historias, aunque así es la vida… y los negocios. Tampoco podemos pedirle, a esta altura, que incluya más presencia femenina en sus mares de testosterona, pero al menos le da un lugarcito de privilegio a la experimentada Dockery, la Mary Crawley de “Downton Abbey”. El resto tiene la función de ser “un personaje en una película de Guy Ritchie”, con todo lo que ello implica, y lo que el público mejor sabe reconocer.

“Los Caballeros” es una película más contenida a la hora de los artificios visuales pero, igual, Ritchie saca a relucir todos esos talentos narrativos por lo que es reconocido. Tal vez, cae demasiado en los peores estereotipos, rozando actitudes un tanto racistas maquilladas con su clásico humor inglés, un tanto caduco por estos días. El resultado no deja de ser efectivo y entretenido, más aún para los seguidores del estilo del director que saben lo que van a encontrar cuando pagan una entrada.     

En esta nota:
  • los caballeros

Comentarios