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“La botera”: la odisea de crecer y encontrar la libertad

A través de un relato crudo y personal, la ópera prima de Sabrina Blanco expone una historia de crecimiento, de identidad, de lucha, de descubrimiento. En esta nota, el análisis de la historia que expone una realidad situada en los márgenes de la ciudad. 

Análisis de "La Botera"(Foto: Gentileza prensa)

Análisis de "La Botera" | Foto: Gentileza prensa

Lejos del suburbio y del caos de la masividad, a la vera del Riachuelo se ubica Isla Maciel. Es allí donde crece Tati, una joven que comienza a dar sus primeros pasos en la adolescencia y que empieza a cuestionar: ¿Quién era ella? ¿qué es lo que debería ser? ¿por qué todos dicen que debe ser así? 

La ópera prima de Sabrina Blanco expone una realidad ajena al espectador porteño, que llama a darle atención a zonas que fueron desligadas hacia los márgenes de la ciudad. Y lo hace a través de la historia de esta joven, sus dilemas, sus angustias, sus alegrías y tristezas.

Protagonizada con actores no profesionales, la directora se acercó hasta la isla para realizar el casting, con el fin de que la historia sea representada en carne y hueso por los habitantes de ese lugar. Lo cierto es que el trabajo de la protagonista Nicole Rivadero se destacó en cuanto a la espontaneidad y lucidez en ese papel. 

Con solo 13 años, Tati vive aislada, inmersa dentro de la soledad. Así lo deja en claro en la convivencia con su padre, un remisero alcohólico con el que no tiene una buena relación. Cuando sale de su casa para ir a la escuela, el panorama no mejora: roba las tijeras de las maestras para defenderse del bullying que recibe por parte de sus compañeras.

Es ahí, en ese momento donde todo parece perdido, cuando ella se sube al bote. La profesión es muy común en esa zona; justamente, durante muchos años la única manera de ingresar era a través de botes en La Boca.

Los conventillos, edificaciones de chapa y madera: la película exhibe lo que representa la vida en ese lugar. Justamente, expone la precariedad de la atención médica cuando la protagonista lo necesita. Con una iluminación oscura, la estética de la película buscó amoldarse al ambiente. 

Con un imponente carácter y un espíritu avasallante y empoderador, busca convertirse en una de las pocas mujeres boteras de la zona, a pesar de que es una profesión mayormente empleada por los hombres. 

"La Botera"

Pero como mujer, también deberá enfrentar los diferentes mandatos sociales a los que conduce naturalmente la sociedad patriarcal. Ya sea desde el intento por maquillarse los labios, sumarse a bailar en el grupo del colegio o pintarse las uñas. En este punto es clave la visión femenina detrás de la cámara para combatir esta idea: no solo Blanco estuvo en la dirección, sino que el equipo estuvo conformado en su mayoría por mujeres -con excepción del sonidista-.

La mirada de la mujer se pudo notar, por ejemplo, en la elección de la crudeza en este cambio a la preadolescencia, la violencia detrás de este crecimiento, en lugar de romantizar el proceso. Así lo reconoció la directora, en diálogo con Página 12, donde dijo: "Yo quería filmar esa etapa de la preadolescencia, el despertar sexual, que en las chicas es muy complicado. Y en las chicas pobres, mucho más. No tienen armas para enfrentarlo, están confundidas y con miedo, se tienen que arreglar solas. Es un período del que se habla poco. Los relatos de iniciación, que son todo un género, son masculinos".

"Prácticamente no hay relatos de ese tipo protagonizados por chicas. Y cuando hay, están muy romantizados, muy edulcorados. Cuando la chica tiene su primera regla se estila regalarle flores. Pero lo que le pasa no tiene nada que ver con las flores: sangre, pérdidas, hemorragia, dolores. Quería mostrar eso más crudo, más físico. Lo que suele quedar fuera de cuadro", agregó.

"La Botera"

En su soledad, Tati desea tener una vida adulta, en la cual todos estos inconvenientes ya no sean un problema. Prueba con el adicciones como el alcohol o el cigarrillo; sin embargo, cuando tiene tiempo libre hace figuras con la sombra de la mano en la pared, o duerme abrazada de algún peluche. El proceso de transición, de metamorfosis, en primera persona y de manera real.

En esta búsqueda relata un proceso de iniciación sexual, su primer amor, e incluso la primera desilución. Cuando logra conseguir el bote, representa un acto de libertad, no solo a modo de victoria por poder trabajar de lo que ella deseaba, sino como su lugar en el mundo, autónoma, sin máscaras.

"La Botera" 

“Siempre lo pienso”, le dice Tati a su mejor amigo en uno de los diálogos, cuando soñaban con viajar fuera de la isla. Sin embargo, sin muchas opciones, ella se queda, lucha por su puesto y resignifica ese sueño para apropiarse de su manera de encontrar la libertad. 

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