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Cine y Series Nadaremos, nadaremos

Tiburón: A 45 años del estreno que creó un género

El escualo más famoso cumple 45 años y sigue aterrorizando tanto como ese primer día en que atacó las playas de Amity. 

Vamos a necesitar un barco más grande(Universal Pictures)

Vamos a necesitar un barco más grande | Universal Pictures

Por: Jessica Blady

Para 1974, el joven Steven Spielberg ya se había hecho de un nombre en la industria gracias a varios episodios televisivos y la buena acogida de “Loca Evasión” (The Sugarland Express, 1974), ópera prima cinematográfica que dejaba bien en claro que este oriundo de Ohio era un digno representante de esa revolucionaria camada de cineastas conocida como el “Nuevo Hollywood”. Claro que, sin saberlo, Esteban estaba por ‘traicionar’ cada uno de los mandatos del movimiento, creando un género en sí mismo: el blockbuster veraniego”.

El éxito de taquilla no era algo novedoso para la meca del cine, pero “Tiburón” (Jaws, 1975) inauguró un nuevo concepto de explotación comercial y modelo de negocios que perdura hasta nuestros días, además de convertirse en la primera película en sobrepasar los cien millones de dólares en recaudación en los Estados Unidos durante su estreno original, al menos, hasta ser superada por “La Guerra de la Galaxias” (Star Wars, 1977).

  

Para muchos “estudiosos”, la película  de Spielberg no es más que ese prototipo de ‘hit del verano’, germen del relato de acción y aventuras mega promocionado, que tiene como único fin atraer a la mayor cantidad de público a las salas, con historias sencillas y efectismos que poco y nada tienen que ver con el “cine de calidad”. Pero cuando se trata del escualo gigante, sabemos, que no pueden estar más equivocados, porque “Tiburón” (pese a quien le pese) es uno de los films más celebrados del séptimo arte, influencia para un sinfín de realizadores que supieron ver más allá del blockbuster y sumergirse en este thriller de terror que mantuvo a las masas alejadas del agua por unas cuantas temporadas vacacionales.       

El 20 de junio de 1975 las audiencias se congregaron en los cines de Estados Unidos para compartir las apacibles vacaciones de los habitantes de la pequeña isla de Amity, recreo que pronto se ve interrumpido por la llegada de un visitante inesperado. Al jefe de policía local, Martin Brody (Roy Scheider), le corresponde mantener la compostura, lidiar contra la desidia del alcalde Larry Vaughn (Murray Hamilton) -que pretende mantener abiertas las playas a toda costa-, y hacer equipo con un oceanólogo (Richard Dreyfuss) y un curtido pescador (Robert Shaw) para cazar y detener a esta terrible amenaza: un gigantesco tiburón blanco con ganas de almorzarse a todos los locales.  

*se escucha la musiquita de John Williams de fondo

Tomando como punto de partida la novela homónima de Peter Benchley, coguionista junto a Carl Gottlieb, Spielberg asumió la titánica tarea de llevar a buen puerto esta adaptación, después de que Richard D. Zanuck y David Brown Baren -productores de Universal Pictures- sopesaran la posibilidad de contratar al veterano cineasta John Sturges, quien ya tenía experiencia marítima con “El Viejo y el Mar” (The Old Man and the Sea, 1958), y a Dick Richards, que no paraba de confundir al escualo con una ballena asesina. El entusiasmo de Steven ganó la pulseada, pero el director empezó a arrepentirse al encontrar demasiadas similitudes entre esta historia y su antagonista de “Reto a Muerte” (Duel, 1971). Por suerte para todos nosotros aceptó el desafío, aunque el rodaje en sí, se convirtió en una verdadera pesadilla.  

La filmación de “Tiburón” se llevó a cabo, en gran parte, en la isla de Martha's Vineyard (Massachusetts). Una producción más que accidentada que sobrepasó el presupuesto inicial y se extendió más allá de las fechas previstas, pero el resultado sigue siendo indiscutible. ¿Estaríamos hablando de este clásico si no fuera, justamente, por esos fortuitos incidentes? Imposible no mencionar el destino de Bruce (que toma su nombre del abogado de Spielberg), el tiburón mecánico, estrella de la película, que a los días de comenzado el rodaje se hundió en la bahía y no pudo ser utilizado hasta casi el final de la producción.  

Postales desde Martha's Vineyard

Serendipia de por medio, el director se vio obligado a utilizar otros recursos y ahí fue cuando se conjugó la magia de esta historia que no perdió ni un ápice de poder visual (ni narrativo) a lo largo de estos 45 años. Prescindiendo de la presencia del tiburón, y al mejor estilo hitchcockiano, Spielberg se la jugó con “la parte por el todo”, la anticipación y el misterio. Acá, el drama y el terror se condensan en una aleta amenazadora y la minimalista partitura de John Williams: dos notas que predicen el horror y el peligro…, esas que nos sabemos de memoria.

Así, las fobias (sobre todo las de su realizador) se materializan en formas escalofriantes de la mano del escualo más famoso de la pantalla, y los jóvenes realizadores del mundo toman nota de esta atmósfera “por accidente” que moldeó este clásico de clásicos. Desde el Alien de Ridley Scott, hasta la Godzilla de Gareth Edwards, “Tiburón” muestra su legado y una herencia que se aseguró cuatro premios de la Academia, más de 470 millones de dólares recaudados a nivel global, y terminó de consagrar a ese entusiasta Steven Spielberg que, después de cuatro décadas, todavía consigue que el extraño movimiento de una ola nos ponga los pelos de punta.  

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