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Chegusan Comida

Qué lindo es comer en Mar del Plata: 3 restaurantes imperdibles

Se viene el Festival de Cine y, ahí nomás, la temporada de verano. Si vas a La Feliz y te gusta morfar bien, anotate estas coordenadas. 

Qué lindo es comer en Mar del Plata: 3 restaurantes imperdibles

Qué lindo es comer en Mar del Plata: 3 restaurantes imperdibles

Por: Abril Correa Leveratto

Si hablamos de comer en Mar del Plata, enseguida resuenan algunos nombres clásicos como Manolo o Chichilo: lugares que cumplen para las salidas grupales y familiares del verano, con un servicio relativamente rápido y salones infinitos preparados para recibir al malón de turistas hambrientos post día de playa. Sin embargo, más allá de las multitudes y de las cartas pobladas de minutas, hay un mundo de placer: en Mar del Plata hay gente trabajando para ofrecer un producto mejor pensado, más fresco, más creativo y más rico, aprovechando los ingredientes de la zona y el gran talento que se oculta en las cocinas. 

Este 9 de noviembre arranca el Festival de Cine y, poco más adelante, llega por fin el verano. Se amontonan las excusas para encarar a la costa. Acá hay algunas más: en estos tres restaurantes, La Feliz hace honor a su apodo con platos llenos de alegría, energía y sabor. Si te da el presupuesto, ni lo dudes:

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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SARASANEGRO

Esto no es una novedad. Los que vivimos hablando de comida sabemos que lo que hace Patricio Negro es alta cocina y que Sarasanegro es uno de los mejores restaurantes de Argentina. Si bien ya es un nombre reconocido, la propuesta no deja de sorprender por su originalidad y su exquisita ejecución, como también por el precio: si un menú degustación varía entre $3.000 y $5.000 en Capital, a 500 kilómetros aparece este lugar donde 5 o 6 pasos pueden costar entre $1.250 y $1.700 (compitiendo tranquilamente en calidad). Es muy recomendable el "menú de crudo", que comprende lo que indica: platos sin cocción, con el pescado y los mariscos como hermosísimos protagonistas. Como suele pasar en esta gama de restaurantes, el servicio es milimétrico y personalizado, más pomposo de lo que se espera en un salón bastante modesto. De la cocina salen magias como pargo marinado en crema de ají, caballa ahumada con crema ácida y pickles de manzana, lenguado con pistachos tostados, carpaccio de langostinos y más. La carta de vinos es más extensa que la Biblia (hay por copa a buen precio) y la cava es impresionante. Todo funciona: hay que ir. Dirección: San Martín 3458.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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LO DE TATA

Acá se cruzan dos ideas: la que todos tenemos de un restaurante marplatense -muchos ingredientes de mar, mozos de oficio y ambiente de fonda- y la que todos tenemos de un buen restaurante sin importar su ubicación geográfica -productos fresquísimos, platos impecables y precio justo-. Digamos, un sueño hecho realidad. Lo de Tata es obra de Lisandro Ciarlotti, propietario y jefe de cocina, y ya es un clásico de la ciudad costera. Siempre está lleno y tiene con qué. Se sirven pescados enteros del día asados con papa hervida y espinaca salteada o con chips y ensalada de hinojo, en fuentes para compartir por entre $700 y $1000 aprox (si hay abadejo, por ejemplo, cuesta $950). De entrada, salen como piña los langostinos sarteneados con huevo frito (alrededor de $400), y de postre, el flan mixto ($160) es inflaible. Para beber, la casa recibe con un vermú de cortesía y se puede seguir con algún lindo vino como los de Finca Suárez. Dirección: La Rioja 3098.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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CALDO

El mismo dueño de Lo de Tata, Ciarlotti, unió fuerzas con el cocinero Hernán Domínguez para abrir Caldo (antes llamado Brodo). En una casona muy acogedora, esta dupla se propuso ofrecer cocina italiana posta posta, meta que, por suerte, fue alcanzada convirtiendo al lugar en uno de los puntos claves para comer pastas en Mardel. Por supuesto que los pescados y mariscos también tienen su espacio, tanto en el antipasti como en rellenos, salsas y risottos, pero sin duda hay que elegir un plato principal con la harina como protagonista. No hay escapatoria. ¿Un ejemplo? Los casonceli de ricota y espinaca con hongos ahumados -también en la masa- servidos en caldo de res ($470). Perfectos. El postre puede ser igual de inolvidable si se elige el cannolo de pastelera y ricota, acompañado por helado de pistacho (riquísimo, $290). A tener en cuenta: las porciones son individuales, así que un buen esquema de cena puede ser una entrada, dos platos y un postre cada dos personas. Dirección: San Luis 2779.

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