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Espectáculos ENTREVISTAS

"Jauría", testigos y cómplices: "Se tiene que disolver la fraternidad de los hombres"

¿Por qué decimos que todas tenemos a una amiga que vivió situaciones de violencia pero ninguno reconoce tener un amigo violento? ¿Cómo impactan los hechos sobre el escenario? En este Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y a la luz de las violaciones que vulneran a diario, algunas miradas sobre la obra con las voces de la actriz Vanesa González y el actor Gastón Cocchiarale. Y así como la puesta contrasta el relato de la joven con sus victimarios, esta nota busca lo mismo.

"Jauría", testigos y cómplices: "Se tiene que disolver la fraternidad de los hombres"(Foto: Instagram @gastoncocchiarale)

"Jauría", testigos y cómplices: "Se tiene que disolver la fraternidad de los hombres" | Foto: Instagram @gastoncocchiarale

Por: Antonella Morello

Cuántas veces alguien te dijo que lo tuyo era hacer teatro. Y no me refiero simplemente al talento escénico, sino más bien a esa frase que se arroja con ánimos de interpretar cierto dramatismo en tus palabras. Se vuelve teatro, entonces, eso que pasa sobre el escenario, pero también por debajo.

Lo destaco porque encuentro en esta frase hecha el valor del teatro como representación de lo que (nos) pasa. Arte al que así como en sus inicios el Hamlet de Shakespeare recurrió para sacar a la luz los conflictos de su familia, y que media corte se sienta aludida, la actriz Vanesa González lo definió al hablar de su trabajo en "Jauría" -citando a la escritora mexicana Sabrina Berman- como "el lugar donde la tribu se reúne a la noche para discernir sus conflictos".

En "Jauría" parte de ese valor transformador del teatro se funda en la fuerza del grito social "Yo te creo hermana", pero también en la crudeza de mirar. Porque ver, porque actuar, los hechos de una realidad violenta, nos vuelve cómplices y testigos. Y eso incomoda.

"Creo que a todos nos vuelve cómplices y testigos lo que pasa, en la medida que no hagamos algo con eso. Cada día pasa más. No es algo que estamos resolviendo sino todo lo contrario.
Me parece que el teatro da la oportunidad de escuchar desde otro lugar, de estar sentados y sentadas frente a una realidad. Mismo nosotros haciéndola, escuchamos desde otro lugar. Es un momento de comunión donde todes estamos tratando de entender esto que pasa y que no estamos pudiendo resolver: un acto de violencia social del que estamos siendo víctimas todes, pero en primer lugar la mujer", reflexiona la protagonista en diálogo con Filo.News.

Vanesa González y Gastón Cocchiarale en "Jauría" | Foto: Instagram

La obra argentina se presentó durante el 2021 en el Teatro Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857, CABA) dirigida por Nelson Valente, quien adaptó el texto del dramaturgo español Jordi Casanovas, sobre las declaraciones y testimonios del caso real que sentó precedente en delitos de violencia sexual: la violación a una joven de 18 años (interpretada por Vanesa González) cometida por cinco amigos (llevados a escena por los actores Gastón Cocchiarale, Lucas Crespi, Martín Slipak, Julián Ponce Campos y Gustavo Pardi), conocidos como "La Manada" (así como se llamaba su chat compartido de whatsapp), en la madrugada del 7 de julio de 2016, durante las fiestas de San Fermín.

Sin embargo, pareciera poder trasladarse, pareciera que cuenta los hechos que sucedieron el pasado fin de semana en el barrio porteño de Palermo, así como tantos otros, en tantas regiones del país, del mundo. Se repiten patrones y casi el mismo modus operandi: de nuevo, el cuerpo de una mujer como víctima; de nuevo un grupo de varones.

"Hacer 'Jauría' me cambió la vida, fue un enorme aprendizaje"—reconoce Gastón Cocchiarale —"Me obligó a revisarme y debatirme sobre muchas cuestiones con relación al género: qué significa ser hombre y la propia masculinidad. Lo más potente de la obra es que justamente esos pibes y sus comportamientos están mucho más cerca de nosotros de lo que creemos. Tomar conciencia de eso es muy potente. No sólo nos pasó a nosotros como actores. También le sucedió a los espectadores hombres que vinieron a ver la obra. Se iban bastante conflictuados porque se habían espejado en esos muchachos que nosotros representamos".

"En relación con el caso de Palermo, hay un reportaje a una conocida de uno de los violadores donde cuenta, muy impactada, que ese mismo muchacho la acompañaba hasta la parada del colectivo para que no le pasara nada. Ese mismo muchacho que había violado durante horas a otra chica en un auto. Creo que hacernos cargo de eso es lo más doloroso y horroroso que nos toca como sociedad", añade. 

El delito ocurrió alrededor de las 15 horas el pasado lunes 28 de febrero, en la calle Serrano al 1300, cuando una pareja dueña de una panadería intervino tras darse cuenta de que la joven de 20 años estaba siendo abusada por seis jóvenes dentro de un auto Volkswagen Gol estacionado junto a la vereda, donde dos de ellos estaban parados delante, en una maniobra de distracción y "campana". La pareja actuó y realizó la denuncia, y a ellos se sumaron vecinos deteniendo al grupo de victimarios, y así trascendieron sus identidades: Ángel Pascual Ramos (23), Tomás Domínguez (21), Lautaro Pasotti (24), Ignacio Retondo (22), Alexis Cuzzoni (20) y Franco Lykan (24).

"Jauría" adapta los hechos del caso por violación a una joven de 18 años en España (2016) | Foto: Instagram @gastoncocchiarale
  • ¿Cuánto pensaste en "Jauría" al enterarte del caso que sucedió este fin de semana en Palermo?

Gastón Cocchiarale: Mucho. Fue volver a recordar al instante todo el proceso de investigación y de trabajo que hicimos para componer ese material teatral. Sobre todo, porque el caso de Palermo tiene muchas similitudes con el caso español. Las características del ataque son muy parecidas. La gran diferencia, creo yo, radica en la reacción social. Pensemos que el caso español fue en el 2016. Recién empezaban las primeras marchas y los primeros movimientos feministas fuertes en el mundo como el #MeToo o el #NiUnaMenos (3 de junio de 2015) acá en nuestro país. Había muy poca conciencia con relación a todos los temas que hoy están muy arriba de la mesa. En ese momento, la reacción de la sociedad española fue muy dividida frente a este caso tan mediático.

Vanesa GonzálezEs una pena que el material de Jauría sea completamente actual, no veo diferencias entre los casos (de España y Palermo), sólo que son diferentes víctimas, y diferentes grupos de chicos pero el formato es el mismo. Pareciera que exactamente la misma causa, con la misma perversión. Eso no me deja de asombrar. Lamentablemente estos son casos actuales, no paran y hasta parecería que van creciendo.

La obra sigue siendo una oportunidad para que podamos revisarnos, tanto nosotros cuando la hacemos, como el público cuando la va a ver. No pretendemos ser una bajada de línea, sino ponerle voz a los testigos, a la víctima, y revisarnos como sociedad.

***

Cultura de la violación: ni "hombres buenos", ni "hombres malos"

Este término es uno de los más fundamentales para analizar los mecanismos patriarcales y micromachistas que se deslizan a diario en sociedad. Fue utilizado a partir de la década de 1970 por los movimientos feministas en pos de sus luchas por la igualdad de género. Entre sus primeras menciones, se remontan a la publicación de Violación: El Primer Libro de Consulta para la Mujer, editado por Noreen Connell y Cassandra Wilson en The New York. Y fue a partir de este concepto que comienza a pensarse el abuso sexual como parte de un entramado social y no como hechos aislados, con una crianza, un contexto, una cultura que naturaliza formas violentas mediante la que los hombres manifiestan tener pocesión (y por ello disponer) de los cuerpos de femeneidades.

La antropóloga argentina Rita Segato, acuñará el término como "cofradía masculina", para evidenciar este pacto de silencios y complicidad entre varones.

El foco en los hombres, para repensarse | Foto de "Jauría": Instagram @vanesangonzalez

En estos días, desde las redes sociales, como redes de mujeres y movimientos de género, cobró fuerza una consigna que pronuncia la desigualdad: por qué todas las mujeres tenemos una amiga que vivió una situación de vulneración pero nungún hombre reconoce ser ni tener un amigo violento. Desde acá, lo urgente que resulta que desde los espacios de varones comiencen a revisarse y cuestionar sus privilegios.

"La cultura de la violación se encuentra tan metida en nosotros que en algunos casos esos hombres ni siquiera tienen registro de que están cometiendo un acto de violencia. Por eso es muy importante correr a los violadores del lugar de animales, o seres del diablo que aparecieron en la tierra y cometen estos actos. Esos pibes estudian y trabajan, y pueden ser buenos amigos. Ahí radica el debate más profundo y fuerte que tenemos que darnos como sociedad. Que el violador puede ser cualquiera. Poder erradicar esto es una tarea de todos y todas. Las mujeres ya han dado un gran paso con todo lo que hacen diariamente. Creo que ahora nos toca a los hombres empezar a profundizar en ciertos temas que además de poder erradicar todas estas violencias y microviolencias hacia las mujeres, creo yo, nos hará más felices", reflexiona Gastón, al tiempo que enumera mandatos que hacen a esa masculinidad inquebrantable, que es necesario discutir: "no poder llorar, o mostrarse vulnerable, ser el proveedor, o estar activo sexualmente todo el tiempo". 

"Sería un pilar importante que ellos puedan hablar desde su exceso de privilegios", aporta, por su parte, la protagonista, considerando fundamental "cambiar las formas en las que nos comunicamos, poniendo más escucha en lugar de juzgar a quien denuncia".

"Jauría" | Foto: Instagram @vanesangonzalez

"No generalices", "no todos los hombres somos así", son algunas de las respuestas más recurrentes, y entre la que se corre el peligro de naturalizar las conductas machistas. Porque aunque situaciones de abuso no se dan en todos los casos, el problema está -como sostiene la comediante australiana Hannah Gadsby- en que "todos los hombres creen que son buenos".

"Necesitamos hablar de esto porque cuando solamente los hombres buenos pueden trazar ese límite, este mundo, lleno de hombres buenos que hacen cosas muy malas, todavía creen en su corazón, que son hombres buenos porque no cruzaron el límite porque mueven el límite por su propio bien", expresa la artista en uno de sus monólogos.

  • Sin correrte de ese límite, ¿cómo te interpela esto?

Gastón Cocchiarale: Estoy convencido de que todos los hombres hemos accionado de mala forma con alguna mujer alguna vez en nuestras vidas. A través de un chiste, a través de un comentario, de una mirada, de una acción, etc. Todos tenemos la cultura de la violación y de la mujer como objeto chipeado en nuestras cabezas. Hay que ser honestos con esto. Siempre suele ocurrir desde la propia subjetividad de los seres humanos que hay justificación para accionar como accionamos. Siempre hay una excusa. Y por eso estamos todos y todas en este maravilloso proceso de deconstrucción de la masculinidad tóxica.

Más allá del movimiento social que se está dando, creo que única forma de modificarlo en profundidad es con ESI. A mí, por ejemplo, me educó el porno que veía en internet o las charlas con mis pares hombres. Ni mi familia ni mi escuela. Eso es terrible. Porque después uno comienza a explorar su vida sexual y está completamente alejado de esos estándares que plantea la industria de la pornografía. Estándares violentos y machistas para con la mujer, pero también para con las exigencias que un hombre debe tener a la hora de su desempeño sexual

  • ¿Cuánto te movilizó este personaje a nivel personal? ¿Cómo lo fuiste componiendo?

Vanesa González: Me movilizó mucho y me sigue movilizando. Soy mujer y desde que existo vivo estas situaciones, como todas, otras más, otras menos. Me reviso bastante cuán instalado está el formato patriarcal, cuánto falta trabajar en la escucha, en la concientización. Me pasó, estudiando la letra de la obra, que me hacía preguntas y le hacía preguntas al personaje.

Vanesa González y Gastón Cocchiarale en "Jauría" | Foto: Instagram @gastoncocchiarale

Entender que no se trata de hechos aisaldos, que forman parte de una misma trama, destruye el prototipo de hombre que desde hace años se construye y justifica en una especie de animal que "no puede" controlar sus impulsos. Y por tanto, que se termine de llamar a una violación grupal como un ataque entre animales. De ahí a repensar el título, que elude a "La Manada", nombre con el que se identificaron en su grupo de chat los victimarios del caso español.

"Desconozco porque la obra tiene ese título. Pero aún así, la obra siempre se ocupó de mostrar que no son animales, sino personas hacen lo que hacen porque hay una cultura y una sociedad que lo permite", responde el actor. 

"El problema es que en lo sexual el hombre fue criado como si fuera un animal de competencia. El famoso concepto de 'macho', de quien la tiene más larga. Concepto de la masculinidad tóxica que nos han hecho mucho daño", manifiesta Cocchiarale.

Sobre este punto, el escritor y conductor, Alejandro Dolina, realiza una interesante observación. En una reflexión sobre el "piropo", el autor sostiene que cuando estos hombres se lo dicen a una mujer, no quieren seducirla a ella sino a "los hombres que forman parte del grupo".

"Los tipos que están juntos en una pizzería y le dicen un piropo a dos minas que están aterrorizadas a las cuatro de la mañana esperando el 143, no se quieren levantar a esas minas, se quieren levantar a los amigos. No sé de qué manera, pero así funciona. (...) No digo que le gusten más los hombres que las mujeres, digo que prefieren la seguridad de una misoginia ejercida desde la pizzería a las verdaderas aventuras del amor, que no son gritarle cosas a las mujeres que pasan por enfrente, son otra cosa, requieren otra destreza y otra apuesta, de otro orden. (...) Gritar 'che, qué gambas', eso es un mensaje para el que está al lado: 'Che, mirá qué piola que soy'", desarrolla el artista.

"Jauría" | Foto: Instagram @gastoncocchiarale

"Pienso que se tiene que disolver, la fraternidad de los hombres en estos temas, este silencio que manejan los varones violentos que están cerca. Me parece que está empezando a cambiar en otros ámbitos: nos estamos animando a hablar y (algo más difícil y valioso) a sostener lo que decimos , lo que no significa que perdamos los miedos a quedarnos sin trabajo o que no nos hagan sentir que somos las que inyectamos el problema en un espacio", complementa Vanesa González.

"Creo mucho en poner el cuerpo y transitar la propuesta con los compañeros y el director Nelson Valense. Es una obra que corre el riesgo de, por momentos, ser atravesada o paralizada por la emoción, entonces tratamos de poner la atención en el relato y en los hechos desde los testimonios. Tenía el miedo y el prejuicio de ser intervenida por la emoción, porque es un tema que me vulnera y realmente me interpela mientras que a la vez necesito hablarlo, entonces se requiere equilibrarlo. Es el trabajo que me toca como actriz", agrega.

En el cuerpo

Con una escenografía fundida en negro, a excepción de cabinas trasparentes que funcionan como las celdas de los detenidos, y van cambiando acordes con las escenas, la obra no abunda en elementos para destacar la fuerza de su texto y fundamentalmente de las actuaciones que lo evocan, mediante las que fluyen testimonios que fueron pronunciados en un día y lugar. "Yo solo cerré los ojos, porque quería que terminara", dirá varias veces la denunciante en voz de Vanesa, sumergiéndonos en esa oscuridad.

"Jauría" | Foto: Instagram @gastoncocchiarale

"Jauría" nos pone frente a los reiterados abusos que sufre una víctima, una cadena de revictimización a la que la exponen primero sus victimarios (quienes además la graban con sus celulares), una sociedad que cuestiona sus vivencias, un sistema patriarcal que también la violenta desde los tribunales.

"La obra se ocupa de relatar esas muchas violaciones que sufre la víctima. Pensemos que uno de los argumentos que usan los abogadores defensores de los violadores es que 'ella se fue de vacaciones y se fue a vivir su vida'. O sea, no alcanza con que la hayan violado, sino que además la víctima tiene que volverse un fantasma por la vida para que su denuncia tenga validez. Entonces, frente a semejante panorama es difícil que una persona se anime a denunciar porque justamente sabe todo lo que conlleva a nivel personal, judicial y mediático", analiza Cocchiarale.

La violencia queda en evidencia mediante los diálogos, torrente en el que fluyen y se contrastan las voces. "Me parece que ese contrarrelato está siempre y es una de las cosas más valiosas de la obra y cómo decide contarla Nelson: dejar al crudo esa contraposición, esos caminos sin ser intervenidos", reflexiona Vanesa.

"Lo más fuerte de 'Jauría', en ese caso puntual, es que expone precisamente lo que los violadores dijeron en el juicio. Todo ese texto que nosotros decimos en escena es extraído de los legajos judiciales. No hay ficción", suma el actor. 

Pensar en ello, le recuerda a la protagonista otro caso reciente: una adolescente de 17 años denunció haber sido abusada por un compañero de 16 en una fiesta del Último Primer Día (UPD) de la secundaria del colegio Cristo Rey; festejo que se realizó en una casa de la localidad bonaerense de Lanús.

"Escuchaba a la mamá de ella decir cómo se sentía y por otro lado a la familia del varón que había acusado y cómo estaba funcionando la policía a partir del hecho...", señala la actriz.

Los jueves post función, "Jauría" creaba un espacio de debate entre espectadores y elenco. Así ese mismo relato se nutría y veía intervenido con la participación del público. Recuerda Vanesa que en una función, una joven dijo: "Por momentos me sentí mal porque me pareció que empaticé con este grupo de varones".

"Me pareció muy valiente que lo dijera. Si bien suena fuerte, me parece la confesión tácita de la sociedad. Todes hemos sido criades y educades bajo estos patrones", defiende la protagonista.

"Jauría" | Foto: Instagram @vanesagonzalez

Otro punto interesante de la obra es que los mismos actores interpretan a los victimarios, y también al tribunal y abogados. Mientras que la protagonista, la única mujer en escena, cumple a su vez el rol de la fiscal. Sin embargo, éste es el único momento que se invierte la asimetría de poder.

"Lo que sucede en la segunda parte de la obra, cuando me toca el rol de la fiscal, es que ella al tener una posición de poder, parece que la ayuda a ser oída desde otro lugar. Más allá de que también lo habilita la situación escénica, porque los varones se ven ante una situación de responder y deja totalmente en evidencia la violencia de este grupo de varones. Pero es justamente algo que hay que cambiar: porque no importa la posición, ni los roles o trabajos que tengamos, sino que hay que lograr una igualdad de raíz. Pareciera que una víctima sólo puede ser ser escuchada si está visualmente destrozada, que no bastara con su palabra", analiza Vanesa sobre sus personajes.

"Materiales como 'Jauría´' son muy valiosos en el campo del arte y de lo social. El teatro que se ocupa de representar la realidad para que hagamos el ejercicio de revisarla es el arte que más me gusta"— complementa Gastón Cocchiarale, al tiempo que concluye— "Es muy importante utilizar el arte como una herramienta de cambio social. Construimos nuestras vidas en base a los cuentos que nos cuentan. Esto no quiere decir hacer corrección política, bajada de línea e indicarles a los espectadores que es lo que tienen que pensar. Eso no. Sino más bien que se ocupe de exponer y representar situaciones con ciertos huecos que pueda rellenar el espectador con sus reflexiones, generando debate y enriqueciendo la vida cultural de una sociedad". 

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