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Género

A Diego gracias, al feministómetro, ni justicia

La muerte de Maradona generó un debate picante en redes: ¿está bien ser feminista y llorar por un contradictorio ídolo? En esta nota, ideas sueltas sobre el amor y el odio que genera Diego en las trincheras violetas.

Diego Maradona

Diego Maradona

Por: Paula Gimenez

La muerte de Diego Maradona generó caos, tristeza y dolor en toda la sociedad y en el mundo entero. Y dentro de los feminismos también generó cosas. Feministas enojadas con otras feministas porque celebran la muerte del astro, feministas enojadas con otras feministas porque lo duelan.

De un lado y del otro, en los grupos de guasap, mientras los varones lloran, las peleas y las discusiones sobre los límites, la cultura de la cancelación, el machismo en el fútbol y la impune idolatría, se debaten en las arenas de quienes sufren día a día una desigualdad estructural devastadora de la que muy pocos responsables se hacen cargo.

Pero Maradona. Maradona no es ni fue un personaje igual al resto de los personajes de nuestra cultura. Maradona atravesó a una sociedad en carne viva por una guerra injusta y le dio un mundial como recompensa, un ser los mejores del mundo como alivio. Y digo los mejores y no las mejores porque en ese momento, en el 86, casi ninguna mujer se atrevía a mirar y gozar de este deporte tan machista como hermoso.


Las redes se prendieron fuego con esta noticia. Maradona, que nunca jamás se iba a morir, se murió y este debate interno de los feminismos generó muchas broncas. Las feministas en twitter e instagram se tiraron con detodo. Que hay que entender que Diego es más que su machismo, que no, que en realidad es una figura que avala y representa las cosas más horribles de esta sociedad patriarcal, que si sos una buena feminista no bancás ni llorás a Maradona, que el feministómetro se lo pueden guardar en el bolsillo que acá todas hacemos lo que podemos.

Y la verdad es que ni a favor ni en contra. Que Maradona haya sido lo que haya sido como hombre, en un mundo que ni siquiera conocía ni abusaba de la palabra “deconstrucción”, un chabón con guita que pudo tener vínculos sexoafectivos sin casi consecuencias con todas las mujeres que quiso sin importar sus edades (aún así sabemos que acostarse con menores de edad está penado por la ley), que tomó más cocaína y champagne que nadie nunca, que creció en una villa, que le dio esperanza a millones de chiquitos de los estratos sociales más bajos y que representó al deporte como un derecho humano, que fue humilde, loco, violento con la prensa, generoso, despampanante, que se cagó en todas las mujeres que se cogió y dejó hijos e hijas por todos lados, que vivió una vida agitada como nadie, difícil, agotadora, magnífica, extraordinaria, vertiginosa. Insoportable.


Me llama la atención cómo cancelan quienes cancelan para hacerlo con tanta convicción habiendo tanta información cruzada dando vueltas. Cómo y desde dónde algunos sectores del feminismo señalan a quienes ven en Maradona un suceso histórico inigualable. Un Diego que duele porque hizo cualquiera, pero que maravilla porque hizo lo que nadie pudo en un momento del país en el que nadie podía nada.

Qué sé yo. De toda esta mezcolanza de ideas, de estas líneas que van y que vienen sobre los pro y los contras, después de pensarlo bastante, de charlar con colegas, creo que quienes deberían tener vergüenza o estar incómodos, no son ni las feministas maradonianas, ni siquiera el mismo Diego, sino aquellos comunicadores que jamás cuestionaron el horror o la impunidad que tuvo y que tienen los varones con ese nivel de poder.

No importa lo que haya hecho Maradona (de hecho sí importa y por eso esta nota, este debate y esta contradicción), lo que es clave es entender qué es lo que hicieron con él quienes tenían la responsabilidad de informar, de bajar línea, de reflexionar y cuestionar sus acciones.

Esta nota es casi para agradecerle a Diego por todos sus errores porque es un gran ejemplo de todo lo que no debe pasarle, de todo lo que no debe hacer, por todos los lugares por los cuales no debe pasar nunca más cualquier chabón con su magia, su dinero y su poder. Porque es importante destacar una y otra vez que Maradona era una persona, no un Dios. Y como persona cometió errores. Pero además de persona, Diego era varón y como varón un hijo sano del patriarcado.

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