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Género

Desarmando el discurso TERF: ¿hembras humanas?

El eterno debate vuelve a flotar en el aire. ¿Es el feminismo radical transexcluyente, feminismo? ¿Son las personas trans parte del movimiento? En esta nota intentamos desarmar, junto a una bióloga y una psicóloga especialistas en género, este engañoso y peligroso discurso.  

Mujeres hacen el gesto que simboliza la vagina durante la manifestación del 8-M en Bilbao.

Mujeres hacen el gesto que simboliza la vagina durante la manifestación del 8-M en Bilbao.

Por: Paula Gimenez

No hay un feminismo sino montones. El movimiento, que es amplio y absolutamente heterogéneo, tiene objetivos muy claros pero, como toda idea, diferencias. Diferencias que se esgrimen adentro pero que también sobrevuelan en la superficie. 

En las últimas semanas un debate que siempre parece saldado (pero no) volvió a las redes sociales. ¿Son parte las personas trans del movimiento feminista? La pregunta incomoda, es violenta. ¿Hay que hacerla? Dar lugar a un discurso violento, ¿es darle entidad a esa violencia? Como comunicadora creo que, si bien hay discursos que no valen la pena siquiera hacer eco, hay otros, igual de peligrosos pero además influyentes que preocupan y, ante eso, nada mejor que dar fundamentos para desarmarlos. 

Una militante TERF ("Trans-Exclusionary Radical Feminist", en español "Feminista Radical Trans-Excluyente") subió a sus redes un video en el que justificaba por qué las personas trans no deben ser parte de los feminismos. Por supuesto que, primero, ellas no se autodenominan transexcluyentes aunque en la práctica lo son y segundo no hablan en plural del movimiento, aunque es necesario hacerlo. Negar la interseccionalidad de una de las organizaciones políticas más grandes del mundo, sería apelar a la necedad más necia. 

A ese video, ya eliminado por la autora, le respondió una militante ¿transfeminista? (término que también incomoda porque su existencia, creo, legitima la idea de que existen feminismos excluyentes de las personas trans). El video se viralizó y se llenó de comentarios. Enfrentamientos en la cancha 2.0 sobre ideas que se debaten hace décadas en la vida real.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Leyla Bechara (@leylabecha) el

Cuentas y grupos de Whatsapp de adolescentes de clase media, porque por alguna razón la mayoría de sus integrantes lo son, suman adeptas. La vulva como estandarte y un confuso discurso engatusan a un feminismo que si excluye feminidades y derechos, lejos está de serlo.

En los videos, el concepto "hembra humana" se repite. Es su carta. Las personas trans, dicen, no son "hembras humanas", ergo, no sufren el mismo tipo de violencias (las mujeres sufren opresión, las personas trans, discriminación) y es por eso que tienen que militar desde otros lugares.

Para entender qué quieren decir al referirse a "hembras humanas" y la diferencia entre opresión y discriminación, Filo.News habló con Alejandra Petino Zappala, bióloga especialista en género y con Lara Fuchs, psicóloga y también especialista en el tema. 

Esta nota es extensa y compleja como el tema que aborda. Antes de empezar a leer a nuestras fuentes, me interesa hacer una aclaración por demás importante: si se consultó a una especialista bióloga, no es porque sea la biología quien deba determinar el derecho de las personas trans a su identidad autopercibida. Esa batalla, por lo menos en el DNI, ya está saldada. 

La idea de interpelar a la biología busca desarmar el propio discurso de este sector del feminismo, que lo utiliza como bastión para repetir y sostener violentas convicciones las cuales, creo, hay que analizar con detenimiento. 

 XX, XY, XXY, XXYDETHKNKSJS

Vivimos en un mundo que estructuró todas sus bases sociales en la división de dos géneros: varones y mujeres. A partir de ahí, el resto de las cosas. Los vínculos, los valores, las metas, los problemas y las soluciones. Pero ese binomio hace rato que está siendo cuestionado dentro de las ciencias y específicamente en la biología. "Estamos en una etapa en que se empiezan a notar mucho los límites de las categorías rígidas y de la simplificación (y esto no vale sólo para las cuestiones relacionadas al género). Las personas que trabajan en biología del desarrollo, especialmente, saben que un individuo es un resultado (que sigue en constante modificación) de distintos factores, que podríamos separar muy groseramente en genéticos y ambientales, pero que en realidad no son tan independientes como parece", explica Petino.

Si bien separar en dos géneros puede resultar cómodo y práctico para resolver algunas cuestiones, es problemático cuando hablamos de inclusión ya que ese binomio no acepta gris alguno.  "La idea que la mayoría de la gente maneja es: cromosomas XX -> mujer (con vagina, mamas grandes, más estrógenos etc), cromosomas XY -> hombre (con pene, más musculoso, más testosterona, etc). Pero sin embargo, el desarrollo es mucho más complejo, y tanto las hormonas, los genitales, las características secundarias y básicamente todo lo que somos es mucho más que los cromosomas", agrega la especialista.

Es que sí, entender que somos las partes más allá del todo es fundamental en este debate. No mirar a les individues como un general sino como un particular pero siempre sin perder de vista lo colectivo, es la dificultosa tarea que se propone. "Cuando las TERFs dicen que una mujer trans es una persona de sexo masculino están sosteniendo una mirada esencialista, reduccionista, biologicista y binaria de la sexualidad", sostiene Fuchs y agrega: "En primer lugar hay que entender que el sexo es un concepto mucho más amplio que el de la biología. Se tiende a creer que existe por un lado el sexo biológico, una condición 'natural' fácilmente objetivable, y el género, que sería la interpretación cultural de esto. Pero si hay algo que nos enseñó Butler, basándose en la teoría de Freud y Foucault, es que el sexo está tan socialmente construido como el género. Lejos de ser un conjunto de características materiales no cuestionadas, invariables, 'dadas', el sexo es una construcción teórica insterdisciplinaria que tiene una historia".

Así como desde la psicología se tiene en cuenta, por decirlo de alguna manera, no sólo el contenido sino también el recorrido, desde la biología, también la lectura es integral. 

Judith Butler, filósofa estadounidense que realizó importantes aportes en el campo del feminismo, la teoría queer, la filosofía política y la ética.
Judith Butler, filósofa estadounidense que realizó importantes aportes en el campo del feminismo, la teoría queer, la filosofía política y la ética.
 

O sea. Hay tendencias, pero a su vez hay muchos conectores y especificidades que nos hacen ser quienes somos. ¿Y entonces de qué hablamos cuando hablamos de sexo biológico? ¿Se puede definir o también es una mezcla y todo es confusión? Para Petino, el sexo biológico se fragmenta y las definiciones quedan chicas. "El punto es que podríamos partir el 'sexo biológico' en varias partes (cromosomas, hormonas, gónadas, genitales externos e internos, caracteres sexuales secundarios) y también están los roles e identidades de género, orientación sexual, etc. Y no siempre están alineados. Si pensamos estadísticamente, es cierto que la mayoría de las personas XX tienen vagina, útero, ovarios, mamas grandes, menos vello corporal que los XY y probablemente se sientan cómodas al ser identificadas como mujeres. Pero también hay muchas otras combinaciones de estas características y que sean menos comunes no hace que dejen de ser igualmente válidas", sostiene.

El binarismo y la negación de la existencia de los medios y los grises, es violencia. Estas lecturas dejan afuera a muchísimas personas que no entran en las características que hay que tener, social y biológicamente, para ser sujetes de derechos. En este mundo, si no sos varón ni mujer, si nacés en "el medio" entre estos dos conceptos 'bioculturales', la medicina lo soluciona mutilando y adaptando esos cuerpos a los "permitidos". "La asignación del sexo biológico que funciona hasta hoy día en la medicina es cruenta: cuando un bebe nace se miden sus genitales con una 'regla falométrica', si mide de 0-1cm es un clítoris aceptable, si mide entre 2,5 y 4cm es un pene aceptable, y todo lo que queda en el medio es leído como una patología que muchas veces desencadena en cirugías a neonatos para que puedan encajar en las categorías que tenemos. Lo más llamativo es que el número de casos en el medio es de 1 entre 1000, lo cual no es menor", indica la psicóloga.

"Lo peor, creo yo, es que la idea de binarismo sirve para borrar a todas esas personas del medio. Queremos creer que lo que es estadísticamente más común es lo que DEBE ser. Y eso nos lo inculcan desde chicos: nacés, te miran si tenés pene o vagina (y pobre de vos si naciste con genitales ambiguos porque aunque seas un bebé recién nacido te van a someter a cirugías cruentas e invasivas para hacerte "encajar" en una de las dos cajitas), te anotan con un nombre de acuerdo al género asignado, y de ahí en más en mayor o menor medida la socialización te va empujando cada vez más hacia alguno de los extremos", indica Petino y agrega: "El tema de las cirugías genitales a bebés es una demostración de lo mal que lidiamos con todo lo que sea ambiguo y se salga de la dualidad femenino-masculino, y bien lo saben todas las personas que desafíen ese binarismo, porque probablemente intenten disciplinarlos muchas veces en la vida y de formas muy violentas. Estamos todo el tiempo reforzando esa diferencia estadística tratando de transformarla en algo 'esencial'".

Fijate de qué lado de la mecha te encontrás

Si bien en teoría uno de los objetivos de este grupo es "abolir la noción de género en su totalidad", las militantes TERFs, en la práctica, hacen todo lo contrario. En el video que fue borrado por la joven, ella asegura que las personas trans, son "personas de sexo masculino" luego de decir tres o cuatro veces que no son "hembras humanas" como sí lo son las mujeres.

Aunque la base de ese discurso es violenta y discriminadora, intentan una y otra vez, "explicar" que para ellas "está bien" que las personas trans existan, pero que al no ser "hembras humanas" tienen que pelear por sus derechos fuera de los feminismos. 

Lo tremendo de esto es que es hasta confuso y en esa confusión, la violencia brota en silencio. Los argumentos de las personas TERFs le dan la mano a la Iglesia (enemiga íntima de muchas de las luchas feministas) y también se ronronea con los líderes mundiales más conservadores. "Hoy, algunos gobiernos parecen estar siguiendo el modelo romano, si no están matando a personas que no encajan en uno de los dos contenedores etiquetados por sexo, al menos tratando de negar su existencia. Este mes, el primer ministro Viktor Orban de Hungría prohibió los programas de estudios de género a nivel universitario, declarando que 'las personas nacen masculinas o femeninas' y que es inaceptable 'hablar de géneros socialmente construidos, en lugar de sexos biológicos'. Ahora, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de la administración Trump quiere hacer lo mismo al definir legalmente el sexo como 'el estado de una persona como hombre o mujer en función de rasgos biológicos inmutables identificables antes o antes del nacimiento'", sostiene la bióloga y especialista en estudios de género Anne Fausto-Sterling en un interesante articulo en el diario New York Times.

Desde 1950 hasta acá, hay cientos de estudios y pruebas que indican que no existe una medida biológica única que ubique a todos y cada uno de los humanos en una de dos categorías: masculina o femenina. Pero eso a las TERFs, parece no importarles demasiado. 

Es algo doloroso porque sostienen militar dentro del movimiento feminista y luchar, se supone, por las mismas cuestiones y objetivos. Marchan junto al resto y participan, aunque muchas veces de forma caótica y conflictiva, de las asambleas. Pero su discurso, el cual ni siquiera creo biologicista pues ya tenemos muestra suficiente de que hasta desde la biología cuestionan este binarismo violento y adoctrinador, se parece mucho a la ideología que los feminismos buscan derrotar. 

De la clasificación a los derechos

Como ya vimos, las categorías funcionan y sirven para poder acomodar y ordenar un mundo llenísimo de personas. Pero este mismo mundo, para nada inocente, tiene una ideología dominante que utiliza esas etiquetas para controlar y ejercer poder a partir estándares médicos cuestionables que tambalean, ya que el binomio varón-mujer está en constante cuestionamiento.

"Se usa 'hembra humana' en biología y medicina como una clasificación que puede ser útil en algunos contextos, (aunque puede entorpecer en otros, especialmente si te olvidás de que armaste un grupo de personas según un criterio más o menos arbitrario). Y probablemente cada uno que la use, va a usar un criterio distinto. Por ejemplo, en medicina, 'hembra humana' es una paciente que tiene vagina y caracteres secundarios femeninos, pero probablemente no tenés idea de qué cromosomas sexuales tiene", indica la bióloga y agrega: "Es como cuando en física hablás de una masa puntual: es un concepto que no existe en la realidad como tal pero te resulta útil para resolver una pregunta".

Así como Trump, la iglesia o tu tío Carlos, las mujeres que militan dentro del movimiento TERF acompañan y legitiman un discurso muy distinto al que los mismos feminismos promueven. "Hay que entender que detrás de esa categorización discreta y binaria de la sexualidad se esconde como finalidad estratégica sostener un sistema de (re)producción capitalista que tiene como unidad mínima a la familia tipo propia de la modernidad. El marco binario no deja de ser una ficción reguladora que refuerza y naturaliza los regímenes de poder que convergen en la opresión masculina y heterosexista", sostiene Fuchs.

Que las bases de tu movimiento estén centradas en la genitalidad y no en la interseccionalidad cultural, además de todo esto, cae en los mismos lugares comunes en donde las mujeres son oprimidas desde hace décadas. "Algo que creo fundamental es tener en cuenta que, en el discurso TERF la sexualidad queda reducida a la reproducción. Por eso esa lectura es una matriz heterosexual y la reproducción, el engranaje fundamental del capitalismo que es la familia. Estos discursos atrasan 100 años y desconocen completamente los aportes transfeministas e interseccionales de la cuarta ola feminista", explica la psicóloga. 

Quien esté libre de opresión que tire la primera piedra

El argumento TERF está claro: distinta violencia vivida, distinta lucha. ¿Pero es realmente distinta? ¿No son en esta sociedad todes los cuerpos indentificades por lo femenino oprimidos? "Recuerdo haber leído en Whipping girl, de Julia Serano, una argumentación bastante sólida acerca de que la transfobia es en realidad una forma más de misoginia (tanto cuando se dirige a mujeres trans como a hombres trans). Si el mundo está organizado en términos binarios (y donde encima los términos de un lado siempre son 'superiores' a los del otro) tanto la transfobia como la opresión a mujeres cis (y también la homofobia, el desprecio de lo que se ve como femenino en hombres cis) tendrían un origen similar. Mantener esa diferencia, preservar el binarismo, es humillar y disciplinar a cualquier individuo que no acepte pertenecer a uno de esos extremos", explica la bióloga.

Tal vez, una de las preguntas más interesantes que podemos hacernos es ¿qué es, en realidad, ser mujer? En 1959, Simone de Beauvoir puso en jaque el concepto incuestionable de la feminidad al postular que "No se nace mujer, se llega a serlo". "Es fundamental cuestionarnos la construcción ontológica de la categoría identitaria 'mujer' que se basa en una falsa unidad, como si existiera una identidad perfectamente acabada. No hay una identidad o esencia femenina porque no hay un ser detrás del hacer. La identidad es en acto, es performativa como dice Butler. Esto quiere decir que cualquier género es un tipo de imitación que no tiene un original (ni hetero, ni cis, ni trans). Esto aplica a las mujeres cis también, mal que les pese a las TERFs. Este llegar a ser mujer, del que habla Simone, es un acto que lleva toda la vida. Por eso tampoco se puede reducir todo a la socialización primaria, y te lo dice una psicoanalista", aporta Fuchs.

"No creo que haya dos personas que sufran exactamente la misma opresión. Hay infinitos feminismos basados en esa interseccionalidad, hay feminismos populares, transfeminismo, feminismo latinoamericano, feminismo afroamericano, en que se comparten ciertas vivencias que son más "exclusivas" de ese grupo", agrega Perino y para finalizar, pregunta retóricamente: "¿Por qué pretender dejar afuera a las mujeres trans por eso? No veo que nadie pida un movimiento separado para mujeres de clases populares, o movimientos separados por razones étnicas, y también hay ahí opresiones que las feministas blancas o de clase media o alta no sufrimos".

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