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Género

¿Las mujeres? Capaces since 1951

Siete décadas pasaron del día en el que los varones dejaron de negarnos el sufragio. O, mejor dicho, en el que las mujeres organizadas lo consiguieron. ¿Quiénes fueron? ¿Por qué fue tan necesario? En esta nota, algunas reflexiones. 

Eva Duarte y sus descamisadas.

Eva Duarte y sus descamisadas.

Por: Paula Gimenez

Todavía me cuesta pensar que mi abuela nació en un país que no la consideraba capaz de votar. Siempre que hablo de esto recalco la poquita cantidad de años en los que no sólo la sociedad sino nosotras mismas empezamos a darnos cuenta de nuestras capacidades

Hasta 1951, las mujeres no estaban consideradas como lógicas y suficientes para tomar ese tipo de decisiones políticas. Y aunque 70 años parece poco, recién en 1968 tuvimos los mismos derechos civiles que el resto. O sea, hace 53 años, las decisiones sobre nuestros hijos e hijas o inclusive las propiedades, no las tomábamos nosotras sino nuestros maridos. 

Parece que pasó mucha agua bajo el puente y que gozamos de los mismos derechos desde siempre, pero no. Son pocas las generaciones que viven esta libertad cívica desde el nacimiento y aunque las diferencias aún son muchísimas (la ONU sostiene, por ejemplo, que la brecha salarial de género se termina recien en 200 años) hay un mundo occidental despojado de la injusticia de no poder siquiera elegir a nuestros propios o propias representantes. Ni hablar de postularse para algún cargo, o estudiar una carrera o no querer tener hijos o marido. Las posibilidades eran nulas y si elegías ese camino, los problemas, muchos.

Pero un día como hoy, hace 70 años, la lucha de muchísimas mujeres "culminó" en el sufragio femenino. Y si bien realmente parece que fue hace demasiado tiempo, nuestras abuelas convivieron con muchas de estas mujeres que protestaron incansablemente para que podamos tener voz en el mundo público.

Mujeres argentinas a la espera de poder votar por primera vez.

La idea de esta nota es recordarlas, sí, pero también ser conscientes de que ningún derecho se gana sin levantar la voz. Fenia ChertkoffCarolina MuzzilliJuana Rouco, Virginia Bolten, Teresa Caporaletto y María Collazo, Julieta Lanteri, Alicia Moreau, Evita. Todas ellas y muchas más fueron quienes empujaron para que podamos decir en las urnas lo que pensábamos en casa. Eran anarquistas, radicales, de izquierda y peronistas que formaron centros y agrupaciones feministas para poder charlar, por primera vez, de todos los problemas, ausencias y dolores que implica ser mujer en este mundo

Porque en definitiva, creo, el feminismo es, además de derechos, escucha. Poder organizarnos implica saber y entender las distintas realidades, unir fuerzas bajo un propósito único. Y si bien la mayoría de ellas eran mujeres con dinero que, por esa razón, pudieron acceder a la educación formal, por ejemplo, su "suerte" y su valentía le sirvió a millones de otras en todo el país. El acceso a la educación, clave a la hora de hablar de conquistas.     

Falta aún mucho, hay todavía esclavas, todavía mujeres presas por su condición de género y clase, torturadas. Aún hay abusos, acoso, prejuicios y angustias. El patriarcado existe afuera y adentro y su construcción ¿sólida? pareciera que se escapa entre las hendijas de lo cotidiano. Hasta que hay una urna frente nuestro y una boleta en el sobre. La misma urna para todo el mundo, la urna que afianza la democracia y nos hace ser y sentir sujetas plenas de derecho. 

¿Se acuerdan del debate por el aborto? ¿Lo irrisorio de algunos argumentos y lo agotador de repetirse sin parar? Imaginen nacer 90 años atrás y tener que luchar por nuestro derecho más básico como argentinas. Lo dificil y frustrante que debe haber sido decir una y otra vez que somos capaces, que podemos, que no es justo si no sucede.  

Eva Duarte promulgó esta ley que hoy nos iguala, producto de décadas de lucha por ser escuchadas. Al poquito tiempo, murió de cáncer, pero eso sí, llegó a votar y su foto de ese momento cala hondo.

Gracias a ella y a todas las que pusieron el cuerpo y las convicciones. No debe haber sido nada fácil. 

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