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Género

¿Qué es "el feminismo"? ¿Lo puedo romper?

Los debates internos de uno de los movimientos más fuertes, gigantes y en expasión de nuestra historia hoy laten en las redes sociales y en los medios de comunicación. Feministas enojadas, agotadas y discriminadas piden un freno. ¿Pueden acaso bajarse? ¿Podemos romper con el feminismo? Reflexiones de una boluda cualquiera que tiene cosas para decir. 

Mujeres en una marcha feminista.(Foto: Viento Sur.)

Mujeres en una marcha feminista. | Foto: Viento Sur.

Por: Paula Gimenez

Bueno. Se fue todo a la mierda. La discusión sobre si trabajo sexual sí, trabajo sexual no, escaló lo suficiente y las consecuencias de que el debate se haya viralizado de esta forma son incómodas. Incómodas para todas las feminidades que habitan este mundo y que además tienen redes sociales. Para el resto, no. Seguramente ni se enteró. 

Y justo de eso quiero hablar. De los feminismos que laburan afuera, en la calle, en los barrios, de las feministas que salvan a mujeres de relaciones violentas al acompañarlas a la comisaría, de las feministas que trabajan en hogares, consultorios, espacios de apoyo. 

Este movimiento, que es tan grande y tan heterogéneo, queda borroneado en los medios de comunicación con discusiones casi paródicas entre historias de Instagram y tuits de mujeres que militan adentro de la web un feminismo también necesario y clave. 

Marcha y performance de la creación chilena 'un violador en tu camino' en Buenos Aires.
Foto: Facebook.

Las redes, las instagramers, las feminidades con voz y repercusión dentro del mundillo que tracciona notas y pone en agenda el aborto, la prostitución, el trabajo sexual y la trata de personas, tienen un vínculo directo con muchos sectores de poder en donde lo que prima es lo que vende. Y ya quedó clarísimo que la cuestión de género no sólo atraviesa la vida de millones de personas e indentidades, sino también los negocios de una sociedad capitalista que todo lo vuelve funcional al sistema. 

Pero así como el capital aprovecha, los feminismos avanzan. Y mientras todo esto sucede y referentes de las redes sociales se tiran con de todo porque las posturas son distintas y porque los egos, a veces, nublan la vista, otras feministas se calzan las botas para hundirse en el barro.

El Frente de Géneros de La Poderosa, por ejemplo, que es un espacio en el cual, a través de Las Casas de Las Mujeres y las Disidencias, las cooperativas de trabajo, los espacios de acompañamiento y la comunicación feminista, contruyen un feminismo desde los barrios más precarios de Buenos Aires y de varias provincias del país.

O la Casa del Encuentro, en donde psicólogas, asistentes sociales, abogadas y psicólogas sociales atienden y acompañan a feminidades en problemas que viven situaciones de violencia de forma gratuita. 

O las trabajadoras de la línea 144 que, precarizadas y todo, día a día hablan por teléfono con más de cinco mil víctimas para poder contenerlas. 

O les integrantes de la Red de Profesionales de la Salúd a favor del derecho a decidir la interrupción legal del embarazo que militan a diario y se enfrentan a vetustos objetadores de conciencia. 

O el equipo de Comando ESI, que labura en las escuelas para una correcta aplicación de la ley de Educación Sexual Integral. 

La Casa de las Mujeres Norma Nassif en San Miguel de Tucuman que milita y labura desde hace décadas para las feminidades que allí se acercan con inquietudes, dolores o denuncias por hacer. 

O los movimientos feministas de Córdoba, de Chacho, de Tierra del Fuego, de Salta. 

O las psicólogas, abogadas, pediatras, ginecólogas, periodistas, guionistas, asistentes sociales, cantantes, actrices que un día se dieron cuenta de que la unión hace a la fuerza y se especificaron en laburar por y para combatir la violencia de género. 

Espacios feministas en donde el todo puede más que las partes y donde queda claro que el laburo de décadas lanza frutos tangibles que poco tienen que ver con los me gusta recibidos en una publicación. 

Pero frenemos. 

Con todo esto no quiero decir que la militancia por redes sociales no sea útil. De hecho, creo que es una herramienta poderosísima (pensemos en cómo nació el movimiento #NiUnaMenos), pero no es la única. 

Y si bien las discusiones dentro del movimiento salieron a la luz después de que la cantante Jimena Barón se posicione a favor del trabajo sexual con un fuerte y polémico afiche callejero, hace décadas que este debate divide aguas. No es novedad. Lo que sí es novedad es que a través de las redes se viralicen discursos violentos con lecturas generalizadas sobre todo lo que es y no es el feminismo. 

Frente de Género de La Garganta Poderosa.
Foto: Instagram.

La idea de esta nota no es alimentar al monstruo de los dires y diretes sino, tal vez, poner el foco en algo que creo que es fundamental: es imposible decir qué es el feminismo porque no hay un solo feminismo y, además, no es verticalista. De hecho, una de las cosas más hermosas que tiene, es esta última característica. Acostumbrades a que el poder sea de unos pocos varones, los feminismos llegan para contarnos que hay otras formas de organización que se alejan de la acumulación de poder per cápita

Las dificultades a la hora de acomodar todo lo que los feminismos nos dan en este viejo paradigma que se desarma a medida que lo transitamos son muchísimas. Todo el mundo está confundido, nadie sabe bien qué hacer, nadie tiene claro nada y eso, lejos de ser algo trágico, está bueno. ¿Por qué? Porque los conceptos se construyen sobre la marcha, en la práctica activa de valores con perspectiva de género fundantes. 

Entre todo ese lío, suceden estas confusiones. Feministas hostigadas en redes que están cansadas y quieren parar la pelota porque el acoso virtual es agotador. Así como debe ser agotador querer ayudar a una adolescente que fue abusada por su papá y no puede siquiera hablar del tema o ser puta y que te señalen, juzguen o discriminen por serlo. 

Y si bien podríamos decir que ser feminista (en este mundo horrible) es abrumador, no tiene vuelta atrás. Pensar las interacciones sociales y el mundo con perspectiva feminista no depende de una decisión. Cuando ves esa desigualdad reinante, no podés dejar de notarla. Por suerte para muchas y no para tantas, no está nuestro nombre redactado en el libro gigante del feminismo y tampoco importan los egos de cada quien ya que es un movimiento que sucede con la tracción de todes. 

Ese empuje es clave y las individualidades, importantes a la hora de realizar análisis y buscar empatía, existen y sobreviven dentro de un todo que es, primero horizontal y segundo revolucionario. Y ya sabemos bien que la revolución será colectiva o no será. 

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