Género

Ser puto y ser machista, ¿una contradicción?

Si bien nadie escapa del machismo pues es un sistema que atraviesa todos los géneros y estratos sociales, son los homosexuales parte del colectivo discriminado por el patriarcado. Aún así, eso parece no ser suficiente. Filo.News habló con tres referentes del movimiento para entender por qué sucede y cómo modificarlo. 

Foto: Terry Richardson.(Foto: Terry Richardson.)

Foto: Terry Richardson. | Foto: Terry Richardson.

Por: Paula Gimenez

Una tarde mi primo, indignado, me mandó un mensaje que me activó esta nota. "Está lleno de putos machistas, estoy harto", señaló y empezamos a charlar. Él es gay y su lectura me encendió una alarma, ¿por qué, si se supone que son discriminados y violentados por el machismo, son machistas? 

Así como existe la frase "lo puto no quita lo facho", existe "lo puto no quita lo macho" y sobre eso queremos hablar. Creer que por ser una minoría violentada son personas que no violentan, es un error. 

Esta nota busca, de alguna manera, generar debate sobre un tema que, si bien existe y está presente, cuesta abordar. Y esa dificultad tiene que ver con un colectivo que fue y es, durante toda nuestra historia moderna, perseguido, asesinado y torturado por este sistema heteropatriarcal. 

Para eso, Filo.News entrevistó al periodista Franco Torchia, al escritor y guionista Gustavo Pecoraro y al periodista Lucas "Fauno" Gutierrez, tres referentes del colectivo LGBTQI que se cuestionan, transitan y conviven con esta problemática.  

Putito goloso y qué

"Siento que sí, que son muchos los gays machistas, a veces a pesar de sí mismos; fueron seteados en este sistema y diseñados por madres, padres y otros agentes sociales. En todo caso hemos crecido, crecen muchos, en esta trama. Sería por lo menos iluso y simultáneamente violento exigirle a la disidencia ausencia total de machismo. Hombres gays y varones heterosexuales comparten rasgos y preferiría pedirle a los segundos cambios drásticos. Los primeros ya han desobedecido. Quebraron una matriz. Los otros, solo la reproducen", indica Torchia.

Franco Torchia, periodista, locutor y activista.
Franco Torchia, periodista, locutor y activista.

Y es que sí. Todes estamos bajo este sistema y es muy difícil escaparse de las lógicas machistas. Pero el debate, en este caso, se puntualiza por ser casi un oxímoron y, también, por la necesidad de cuestionar todos los espacios en donde el machismo impera. 

Cuando le pregunté si hay gays machistas, Pecoraro hizo una aclaración destacable: "Quiero dejar claro que no todos los gays nos identificamos con esa palabra para definir nuestra identidad o nuestra orientación sexual. Si bien es cierto que mundialmente es un concepto paraguas que nos engloba, hay que desprender muchas flechas de esa G tan omnipresente: homosexuales, gays, putos, maricas, bisexuales, varones transexuales con orientación sexual homosexual, no binaries, etc".

Las etiquetas impuestas y escaparse de ellas es una de las claves a la hora de combatir una lucha. La apropiación de nombres que antes eran un insulto, figuran como una fuerte carta identitaria. 

"Los gays machistas no son machistas por ser gays sino por machistas. En general también son misóginos lesbodiantes y transodiantes. O sea, ´Tinchos´ a los que le gustan los hombres, por decirlo elegantemente. Ser gay no significa reivindicar lo marica. Ser marica tiene un alto contenido político que permite reivindicar lo que para otros es un insulto (como la palabra puto o maricón), apropiando y convirtiendo ese insulto en orgullo. En orgullo marica en este caso", agrega Pecoraro.

La pasividad, ¿un insulto?

Dentro de las parejas homosexuales, el rol pasivo y el rol activo, se destacan. "La dinámica activo/pasivo, vigente es los vínculos sexoafectivos entre varones, es histórica y es inaceptable. No puedo repudiarla sin antes reconocer que ha sido uno de los avances más claros de la heteronorma sobre los cuerpos de cisvarones gays. Quien penetra y quien es penetrado es prueba aún hoy de triunfo y derrota; humillador y humillado; deseo cumplido y fatalidad experimentada", explica Torchia.

Por su parte, Lucas pregunta y se responde: "¿Por qué esa aversión a lo femenino? ¿Por qué cuando hay un insulto es en femenino? ¿Por qué en la jerarquía vincular todo indica que el que está bien, que el superior es el activo, es decir, el que penetra y el inferior es el ser penetrado? Son todas replicas de un sistema machista aplicado a nuestros vínculos amorosos. El pensar que, porque tenemos la misma orientación, no va a haber machismo, violencia, falta de responsabilidad afectiva, es una gran equivocación. No tiene que ver con si somos gays, heteros, etc, tiene que ver con que somos personas criadas por un sistema machista". 

La feminización de ese rol sexual y utilizarlo como adjetivo despreciativo, es una de las razones por las cuales esta nota existe. "La pasiva expresa a su vez el non plus ultra de la esclavización. Hace poco un amigo me contó que se encontró con Florencia de la V en un restaurant y ella le comentó: ´Así que estás en un proyecto con ´la pasiva de la Torchia´. La pasiva de la Torchia, sería yo. Es decir, de la V me adjudica un rol sexual y en esa asignación cifra su desprecio. Esto también es la diversidad: la diversidad apesta, porque no está en absoluto exenta de las condiciones de sujeción que también sufre el resto de la población", sostiene contundente el periodista. 

Por otro lado, Pecoraro vuelve a realizar una aclaración importante. Porque si bien hay quienes utilizan "la pasiva" como algo peyorativo, también están quienes de ese proto-insulto se apropian y lo vuelven militancia. "La palabra pasiva puede tener un alto contenido de humor, de reivindicación o de desprecio, dependiendo de quién la diga. Muchos gays que son machistas y homo-odiantes la utilizan como desprecio. ´Ser pasiva´ es una forma sumamente placentera de tener sexo. Pero el orgullo anal es una de las cosas que más armario sigue teniendo entre los gays, como si fuera desvalorizante, malo, menor, excluyente. La pasividad, dejarse penetrar, ser bottom, un pasivo, sigue siendo un insulto en boca de algunas personas, sobre todo esos que necesitan ocultar su deseo, su orientación. Para que haya un activo (o muchos) debe haber un pasivo (o muchos)", explica. 

Te amo, te odio, dame más

Lucas Gutierrez, periodista y activista.
Lucas Gutierrez, periodista y activista.

"Las maricas estamos fascinadas por las femenidades, pero a la vez lo que me genera ruido es que todo se reduce a un pensamiento muy binario. Incluso, nos pasa que pensar que cuando una persona heterosexual chupa una pija deja de ser hétero, o que porque a un puto le atrae una feminidad pierde el carnet de puto. La dificultad está ahí, en ese binomio ridículo, en encasillarnos y equistarnos en identidades culturales muy marcadas por el machismo", agrega Lucas. 

La figura femenina como un faro, una luz en el camino, un modelo a seguir del colectivo también tiene múltiples interpretaciones. "La homologación de los homosexuales con figuras femeninas tiene muchas formas. La primera de ellas podría ser señalada como ´positiva´, en tanto y en cuanto identificarse con feminidades es alinearse con subjetividades también sojuzgadas. Es indudable que en muchos casos la mimetización llega de la mano del rasgo negativo (´la mala´, ´la perra´). Nuevamente, acá los gays no logramos corrernos de las apelaciones generales hechas ´a las conchudas´. No alcanza con ser puto. O alcanza para muy poco. El tiempo presente impone obligaciones y reformulaciones en estos planos intersubjetivos. Muchos varones que tienen sexo a cambio de dinero exigen que durante las prácticas sexuales ya no se le diga ´Macho, ponémela´ o ´Convertime en tu putita´. Esa es la dirección. El lenguaje nos hará libres", reafirma Torchia.

También es cierto que algunas de estas referencias muchas veces son dichas como chistes y utilizadas, nuevamente, como bandera para marcar la diferencia entre lo peyorativo y lo reivindicativo. "Hay que despegar cómo ven nuestro humor las personas heterosexuales y como lo vemos los putos. A menudo la solemnidad hetero no entiende nuestros diálogos o nuestro humor. A veces dicha palabra es reivindicativa, como ya indiqué, depende de quién y de cómo se pronuncie", reflexiona Pecoraro.

El ano como orgullo

Desde algunos sectores del colectivo, hablar de esta zona corporal como una batalla política tiene todo el sentido. La homofobia que encierran las características negativas de la pasividad ya nombrada, el miedo heterosexual a romper (guiño guiño) la barrera de lo anal, son banderas y debates que se deben en todos los ámbitos pero, particularmente, en este colectivo. 

"No esta mal que seas activo y que te guste eso. Lo que si está mal, es que lo hagas y lo repliques como algo superior porque pienses que eso define tu sexualidad y a su vez a tu persona. Todas esas lógicas son falocentristas y machistas. ¿Por qué nunca escuchamos ´la activa´ como insulto? Porque lo penetrado está asociado a lo feminizado y lo feminizado, como algo débil, negativo", agrega Gutierrez.

El pitocentrismo se relaciona también con estas cuestiones y se pone en juego en cada actividad sexual. Así como hay machistas a quienes les cuesta entender una relación sexual más allá de su pene en, por ejemplo, un vínculo entre dos lesbianas, también sucede entre parejas de varones. "¿Por qué si hay dos pasivos no se puede coger? ¿Por qué no hacemos tijereta como las chicas? ¿Por qué no usamos juguetes? Los chabones se aterran, ¿cómo que si no hay un falo no hay sexo? Tiene que ver con eso, no solo la misoginia que se esconde en esos supuestos sino cómo replicamos nuestros vínculos sexuales en este sistema patriarcal", sostiene Lucas. 

"Hay decenas de libros y autores que hablan del orgullo anal y cada vez más putos y maricones planteamos esto. Sobre todo las nuevas generaciones que por suerte tienen un chip mucho más inclusivo y menos machista, pero dentro de un sector (muchas veces ligado a privilegios de clase o sociales, a gente que está en el armario, etc), sigue siendo ´pecado´", agrega Pecoraro.

Stop machismo

Gustavo Pecoraro, periodista y activista.
Gustavo Pecoraro, periodista y activista.

Así como hay espacios de odio y rechazo, también los hay de reflexión y búsqueda. "Creo que este tema está en ciernes y las discusiones crecen. Desde ya, cuando los ataques a gays y lesbianas también crecen; cuando la exclusión de personas trans y travestis no cesa; cuando los amedrentamientos a las personas intersex son todavía completamente ignorados, otras urgencias ganan la partida y todo el arco activista concentra en eso su atención. La sangre brota y es difícil detenerse a pensar. De cualquier manera, en las ONGs, en las asociaciones y sobre todo, en la academia, hay reflexión y hay trabajo al respecto", explica Torchia.

Por otro lado, Pecoraro sostiene que si bien no cree que haya un debate como tal, sí hay espacios en donde el machismo y la masculinidad tóxica son temas cuestionados. "Hay muchas personas LGTBIQ que hablan de estas cuestiones aunque no sé sus dimensiones. En el entorno que yo me muevo, sí. Y además en ese entorno estamos muy influidos por el feminismo y todo lo que ha provocado con el Ni una menos y la campaña por el Aborto. Esa irrupción increíble de varias y diversas generaciones del feminismo, a muchos maricones o putos nos ha ayudado a encausar nuestros propios debates que tienen que ver con reivindicar la no pertenencia a `ser varón´ pero también la no pertenencia a ser gay.
Personalmente me interesa la perspectiva de los putos viejos, la sociabilidad sexual y afectiva de un sector que también es de los más excluidos porque parece que llegada a una edad el puto tiene que guardarse y cancelar su Eros. Y sucede todo lo contrario, gratamente", cuenta Pecoraro.

"Dentro del colectivo se habla de esto, se pregunta cómo nos construimos como putos. Más allá de quiénes somos, nacimos acá, estamos permeados por un sistema en el cual nos criamos, con familias que suelen ser el horror. Miramos tele y es el horror, ¿cómo eso no va a hacer mella en uno? La pregunta es, de nuevo, ¿cómo no va a suceder si el sistema es binario y machista? Y el primer machismo es el que ejerzo sobre mi y mi identidad. ¿Por qué hay ropa que sí nos ponemos y ropa que no? ¿Por qué que un chabón se ponga una tanga genera polémica? Hay que hacerse cargo. Porque si entrás al perfil de un chabón en Grinder (el Tinder ´gay´) y tu perfil rechaza con asco lo femenino, hay mucho que laburar. Tenemos mucho que trabajar y eso es una realidad", finaliza Gutierrez. 

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