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Género

Teléfono para Oriana Sabatini: ¿qué pasa cuando se fetichiza el lesbianismo?

En el nuevo video de Emilia Mernes, la excantante de Rombai se besa con su colega Oriana Sabatini pero para atraer al público masculino. En esta nota analizamos por qué está mal que se banalice así una identidad sexual y hablamos con una experta.

Emilia Mernes y Oriana Sabatini en el video clip de "No soy yo" | Foto: Twitter(Emilia Mernes y Oriana Sabatini en el video clip de "No soy yo" | Foto: Twitter)

Emilia Mernes y Oriana Sabatini en el video clip de "No soy yo" | Foto: Twitter | Emilia Mernes y Oriana Sabatini en el video clip de "No soy yo" | Foto: Twitter

Por: Paula Gimenez

En el video nuevo de la cantante de Rombai "No soy yo", Emilia Mernes y Oriana Sabatini se dan un beso frente a la mirada atónita de varios hombres en un boliche. Ese beso, queda clarísimo, sucede como arma o herramienta para seducir varones. De hecho, la letra lo explica bien, por si nos quedaban dudas: "¿Qué me pasó? Eso no soy yo. Son los trago' que me ponen loca y me provoca besar otra boca".

Dicho acontecimiento fue nota de muchos portales y, de hecho, en Filo.News, una de las noticias más leídas. Pero así como causó revuelo, también generó muchas críticas. En un país en donde un beso entre dos chicas que esperaban el subte fue penalizado a través de la Justicia, este besuqueo cuasi lesbiano, cayó muy mal dentro del colectivo LGBTQI.

Que un beso entre dos chicas sea mainstream, está bueno. Que se visibilice que existen otras formas de vincularse sexoafectivamente que no sean las heterosexuales, también. Pero hay besos y besos. "Dejen de festejar esta mierda, no es 'empoderante', es la representación de la constante sexualización hacia las lesbianas y las bisexuales, además de que toman nuestra sexualidad en chiste. No jodan más, ni hay nada que festejar", escribió una usuaria en Twitter.

Para charlar un poco sobre la hipersexualización que vive el colectivo de lesbianas y bisexuales, Filo.News se contactó con Amanda Alma, inegrante de Manifiesta (Cooperativa de comunicación feminista), lesbiana y militante. 

El porno opio

"Cuando salí del clóset, se estaba debatiendo el matrimonio igualitario, era un momento mucho más adverso que el actual, pero aun así hoy la Policía te mete presa si estas chapando con tu novia en la puerta del subte. Hay una naturalización del lesbianismo pero falta todavía mucho. No hay todavía una perspectiva ni una mirada ni una construcción social que haga que todes podamos disfrutar de nuestros vínculos de manera igualitaria", explica Amanda. 

Si bien dos chicas agarradas de la mano en la vía pública hoy no es lo mismo que hace diez años atrás, en el imaginario social a una pareja de mujeres siempre le falta un varón. "Me ha pasado que nos insultaran en la calle, que trataran de separarnos las manos, es un nivel de violencia permanente porque el lesbianismo está muy asociado a la pornografía", explica Amanda.

 Marian Gómez y Rocio Girat en la puerta del juzgado, horas antes de la sentencia. | Foto: Twitter.
Marian Gómez y Rocio Girat en la puerta del juzgado, horas antes de la sentencia. | Foto: Twitter.

La pornografía mainstream está claramente dirigida solo a hombres. El 99% de las carátulas de cada categoría la protagonizan mujeres desnudas en distintas poses. Pero no sólo eso, a una chica bisexual, encontrar un video en el que exista un trío de varón y mujer y en el que las tres personas la pasen bien, le cuesta mucho. La mayor parte de los videos de tríos, en los que existen dos mujeres y un varón, es un baile constante alrededor del pito, ¿y el goce y el placer de las dos chicas juntas? Ni noticias. 

"La pornografía construyó parte de su definición y de sus imágenes que dos mujeres teniendo sexo son para el consumo masculino. Eso perjudica muchísimo la perspectiva. Esta idea de la pornografía de mujeres teniendo sexo para que lo disfruten los varones y se exciten, es una dimensión construída que el post-porno intenta desmontar desde una perspectiva distinta, para que el sexo lésbico sea una herramienta para construir basada no en la penetración y la genitalidad como única dimensión de placer posible, sino desde una perspectiva mucho más vinculada con el deseo", explica Alma. 

¿Somos todes iguales?

No es lo mismo el beso entre dos chicas hegemónicamente bellas que dos lesbianas que no siguen los patrones estéticos que este sistema exige. Las lesbianas "chongas", son las más violentadas en este circuito de terror en donde los varones castigan y hostigan vinculos sexoafectivos en los que no son protagonistas. 

"Me parece que con estas modelos haciéndose las lesbianas o jugando con esa identidad sexual, construyen esta hipersexualización y refuerzan esta idea porno. También expresan y ponen sobre la mesa que 'somos personas', que no importa el género de nadie, que tengo sexo con quien quiero, pero en definitiva lo que impera en esa idea es la hegemonía heterosexual", explica Amanda.

"Esa posición en donde los cuerpos son hegemónicos y abunda la sexualización del cuerpo femenino, es violenta. Las lesbianas más masculinas, son las que terminan invisibles, borradas, sin posibilidad de ser parte de la construcción de la disidencia de los deseos sexuales", agrega.

El maldito pitocentrismo

La construcción de una pareja de chicas sensuales que buscan y llaman al varón dándose besos entre ellas, la vimos en todos lados. No sólo en el video en el que aparece Oriana, también en el porno, en los medios de comunicación y en las publicidades.

La heternomatividad en la que vivimos repite una y otra vez estos clichés que continúan poniendo al hombre y la penetración en el centro de la escena y invisibilizando el placer femenino (siempre) más allá de lo heterosexual. 

"Los medios de comunicación sostienen cuerpos hegemónicos, sostienen prácticas hegemónicas y vínculos hegemónicos y la crisis que genera esa hegemonía, es terrible. La sexualidad lésbica es borrada desde esta posición comunicacional, donde las personas y los cuerpos deben cumplir determinados parámetros de belleza", comenta Alma.

Si bien ni Oriana Sabatini ni Emilia Mernes se expresaron respecto a este tema, es importante analizar por qué "jugar" a ser lesbiana para atraer a un varón en un producto que busca masividad, está mal. "Estas chicas están reforzando esa idea de la sexualización de nuestros vínculos. Lo único que hacen es la apropiación de la identidad lésbica y de lo que supone que es esa rebeldía a la heterosexualidad obligatoria. Refuerzan la idea de que la identidad es una cuestión menor y que el lesbianismo es solo una práctica sexual y no una manera de estar en el mundo", sostiene Alma. 

Cómo salvarnos del mal 

Una de las primeras cosas que hay que entender es que la orientación sexual de alguien no pasa sólo por lo sexual sino que es, más bien y para la mayoría del colectivo LGBTQ, una cuestión política.

"Una de las formas en las que se desarma esta fetichización de los vínculos entre lesbianas para el placer masculino, es comunicando. Es mostrando otros cuerpos y otras realidades. Otras maneras de ser lesbianas. También construír una relación y referencialidad con el lesbianismo que no sea solo con lo sexual, también sos lesbiana si estás sola, también sos lesbiana no teniendo sexo. En definitiva, no es con quien tenés sexo, es cómo construír una disidencia, como construís una identidad no hegemónica", analiza la integrante de Manifiesta.

El movimiento lesbiano en nuestro país tiene larga data y fue siempre al frente. Ser lesbiana no es sólo acostarse con mujeres, tiene un transfondo, no tan transfondo, muy arraigado a la política y muy atravesado por las injusticias, la invisibilización y la violencia institucional. "No es lo mismo tener sexo con una mujer que ser lesbiana. Es una dimensión interesante porque ser lesbiana es también política. Las etiquetas lo que construyen principalmente es un debate político con la centralidad que tiene la heterosexualidad como norma", agrega Alma.

La idea de esta nota es entender y explicar por qué un beso entre dos chicas, si bien parece algo positivo porque implica avances, en esas condiciones nada tiene que ver con desarmar la idea de heteronorma impuesta sino, al contrario, reforzarla. "Hay que intentar no vaciar la lucha política ni decir que es lo mismo con quien te acuestes, si total lo importante es que todas somos personas. Bueno, no. Dentro de la humanidad todes somos personas pero hay personas de primera, hay personas de segunda y hay personas que ni siquiera son reconocidas por el Estado. Es mentira que no hay diferencias entre nosotres. Las hay y son diferencias políticas, sociales, culturales y raciales que generan privilegios, discriminación y violencia", finaliza Amanda.  

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