Ir al contenido
Logo
Deportes

Delfina Pignatiello: del momento en que llegó a "odiar" la natación, a descubrir el arte como camino de sanación

Tras publicar su libro "Diarios de delfín", la nadadora que fue olímpica en Tokio 2020 habló a fondo con Filo.news sobre la decisión de dar un paso al costado del alto rendimiento y la valentía de afrontar los cambios que pueden presentarse en la vida.

Delfina Pignatiello: del momento en que llegó a "odiar" la natación, a descubrir el arte como camino de sanación
Delfina Pignatiello: del momento en que llegó a "odiar" la natación a descubrir el arte como camino de sanación. (Foto: Filo.new - Nahuel Juárez)

Pasaron poco menos de cinco años desde que Delfina Pignatiello se subió al podio a recibir una de las medallas de plata que ganó en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, mientras las miles de personas que llenaron el centro acuático -y otras tantas que se quedaron sin poder entrar- coreaban su nombre. Esa era la vida de la nadadora, que en aquel momento tenía 18 años y se deslizaba por el agua bajo los flashes que su talento magnetizaba. Hasta hoy.

La pandemia de coronavirus puso en pausa al mundo y detuvo las ilusiones de la joven atleta que se preparaba para cumplir el sueño de participar de sus primeros Juegos Olímpicos, como lo fue Tokio 2020. Pero en esos tiempos de incertidumbre y cuando todo parecía oscuro, sin saberlo, empezó a encontrarse. A través del arte, en forma de dibujos, relatos y fotografías, fue descubriendo una pasión oculta que nunca había explorado y que le sirvió como una puerta de escape a eso que siempre amo, pero que ya no disfrutaba como antes: nadar.

Con testimonios tan claros y crudos como valiosos, Pignatiello escribió para sanar. Y en su libro "Diarios del delfín", cuenta el proceso que la llevó a dar un paso al costado del alto rendimiento, el costo que hay detrás de un deportista de élite, y le dio un cierre a los momentos tormentosos que atravesó.

"En primera instancia lo escribí para mi, fui muy segura con ello y creo que fue lo mejor que pude haber hecho, no querer complacer a nadie. Y después, cuando estuvo terminado, lo quise compartir por si alguien se refleja en lo que estoy diciendo y lo inspira a poder contar lo que le pasa", dice Delfina, en una charla a fondo con Filo.news.

-¿Qué te llevó a escribir el libro y cómo fue ese proceso?

-Encontré en la escritura un momento de sanación y de catarsis. Tomé la escritura como un hábito, el agarrar todos los días agarrar, escribir y escribir en forma de relatos, poesías, había días que escribía cosas sin sentido. Por la mañana era cuando más escribía, antes de agarrar el celular trataba de no abrir Instagram ni nada, armarme un mate, sentarme en el escritorio y ponerme a escribir con lo más fresco que tenía, y si no más tarde a la noche cuando ya me estaba por ir a dormir. Esto hace ya unos dos años. Y al mismo tiempo iba sacando fotos que estaban todas referidas al agua, sin darme cuenta. O sea, estaban todas las cosas como muy separadas, y en 2022 empecé a entender que tenían mucho sentido juntas, entonces empecé a armarlas como un rompecabezas entre relatos, fotos, dibujos, cuentos...

-Una de las cosas que más describís, contando situaciones personales, es el costo que requiere ser un atleta de alto rendimiento. ¿Qué tan difícil es ser un deportista de élite?

-Si es una elección y es lo que querés hacer, es difícil porque hay un montón de decisiones que tomar, hay un montón de horarios que seguir y cosas que uno las hace con mucho amor y mucha pasión. Pero sí, el alto rendimiento es algo exigente porque exigís el cuerpo, porque le estás dedicando toda tu vida a ello o porque realmente te toma toda la semana, todos los días, incluso en las vacaciones estás como en plan atleta. Es un trabajo de tiempo completo.

-La exigencia es tanta que te referís al hecho de llegar a "sentir placer" por el dolor físico

-Hay algo con el dolor físico... el darlo todo hasta el final, el no quedarse con nada, que cuando salís del agua sentís placer de que te haya dolido tanto ese entrenamiento. Porque duelen los músculos de entrenar y llevar el cuerpo al máximo nivel, pero está ese amor, esa amistad con el dolor, y hay que llegar a ese sentimiento porque si no todos los días sintiendo el dolor empezás a odiarlo. Entonces, de alguna manera, sentía placer por ese dolor.

-Una de las cosas más fuertes que contás es que llegaste a odiar la natación. ¿Cuándo empezaste a sentir eso?

-En el último tiempo, se me hacía muy engorroso ir a entrenar. No estaba encontrando la felicidad en la comeptencia post pandemia, y ya estaba empezando a encontrar otras cosas que me interesaban. Me picaba el bichito por el arte y otras cosas que me podían llegar a gustar fuera de eso, pero no lo veía como una realidad posible, si no como algo súper lejano. Y empezaba a sentir mucha presión externa, tenía ciertos problemas de salud mental por sanar y no me sentía comprendida, entonces al mundo de la competencia lo veía como algo cada vez más alejado, algo de lo que no tenía ganas de ser parte, y me llevó como a odiar esa natación que para mi es algo esencial en mi vida. O sea, yo amo el agua, sigo nadando al día de hoy y creo que nunca voy a dejar de hacerlo, pero sí odié estar en el lugar en el que estaba. Me costó bastantes meses y tiempo darme cuenta que no odiaba la natación, sino que quería hacerlo de otra manera.

-Con la pandemia tuviste que suspender la preparación que venías haciendo para los Juegos Olímpicos. ¿Cómo te afectó?

-El momento pandemia calculo que habrá sido duro para todo el mundo, fue un momento gravísimo, había situaciones terminales, mucha gente enferma, había un momento social de mucha incertidumbre. Y ahí en el medio, estuve cinco meses sin entrenar sabiendo que quería prepararme para mi primer Juego Olímpico, pero no se sabía si se iban a hacer, si se iban a atrasar un año. Había mucha incertidumbre y ahí estaba todo el objetivo de mi adolescencia y para lo que me preparaba y entrenaba mi cuerpo todos los días. Era muy duro tratar de entrenar desde casa cosas que sabía que no reempazaban lo que yo hacía en el agua. Y en ese ínterin, fue cuando empecé a sacar fotos, a hacer dibujos y a interesarme por otras cosas. Fueron unos meses de mucha introspección.

-¿Qué enseñanza te dejó ese proceso?

-Yo creo que la mayor enseñanza es que se puede cambiar de carrera, se puede cambiar de lo que uno hace. Uno puede cambiar de gustos, crecer e intentar hacer algo nuevo. No hay edad para arrancar a hacer algo y hay que seguir el corazón. La toma de desiciones tienen que venir desde adentro. Sé que no siempre están las posibilidades y que hay un montón de cosas que a veces nos lo impiden en la realidad, que hay que salir a trabajar, que hay que vivir de algo o lo que fuera. Pero al momento de elegir, si se puede tomar una decisión entre una cosa y la otra, hay que ver realmente el adentro, decir 'che, ¿qué es lo que quiero hacer?', no lo que me hayan dicho sobre mi, no lo que mis padres digan sobre mi o lo que la gente diga sobre mi. Qué quiero yo.

-En tu caso, que parecía que tenías que hacer natación toda tu vida, tuviste la valentía de ponerle un freno a esa parte de tu vida y seguir con lo que sentías y tenías ganas de hacer en ese momento. ¿Ese es un poco el mensaje que querés transmitir?

-Yo tenía re claro que quería abrir una nueva puerta, que quería explorar si la natación era lo único para mí o si podía llegar a hacer otras cosas al mismo tiempo que seguía nadando. Así que quise tomar esa decisión y hacer un salto de fe, porque tampoco sabía qué me iba a pasar, si me iba a ir bien, si me iba a ir mal, si tal vez no me gustaba tanto como yo creía. Pero sabía que dentro de todo todavía soy joven, que podía llegar a volver a la competencia si en realidad no me gustaba. Y la realidad es que me gustó, me encantó, estoy re feliz de haber tomado la decisión que tomé y a por todos esos saltos de fe.

-Siempre fuiste muy usuaria de las redes sociales, al menos hasta después de Tokio 2020, cuando decidiste dejarlas de lado por un tiempo. ¿Cómo convivís con lo que pueda decirte alguien detrás de una pantalla?

-Post Juegos hubo un momento de heatheo súper groso que no me esperaba. También había un montón de mensajes y aliento de mucha gente que me apoyaba, pero algunas personas y medios de comunicación me hacían estar en una situación en la que siento que no me merecía, donde me dijeron cosas muy feas, y en ese momento a mi me afectaba. Me afectó cien por ciento. Era más chica, estaba súper sumergida en las redes y no me daba cuenta. No me imaginaba estar en una situación en la que recibía heath por hacer deporte y por representar al país. Fue algo que jamás me imaginé, entonces me re abría a las redes, contaba un montón de cosas de mi vida. Y después de ese suceso, fue como que hice un quiebre con las redes y ahora estoy en un momento en el que las uso, trabajo con ellas, me contacto con gente con la que no veo todos los días, pero le tengo mucho respeto, le pongo límites. Y trato de no pasarme de ese límite de usarlas sino estar más en mi presente, en mi vida, en mi realidad. También me di cuenta que todo ese heatheo que recibía por redes jamás lo recibí en persona. Personalmente siempre recibí la mejor de las energías, mucha gente apoyándome, sobre todo cuando decidí pasarme al arte me decían 'Delfi, qué bueno que pases a ser fotógrafa, qué bueno que sigas tus sueños'. Me crucé con mucha gente con un buen mensaje.

-El punto está en poder establecer un límite, sobre todo cuando se ponen tantas expectativas sobre los jóvenes...

-Creo que estamos en un momento en el que la crítica hacia el otro y la opinión hacia el otro tiene un libre albedrío que sobrepasa límites. Y con toda la expectativa que se le pone a la gente que admiramos, si comete un error, no se lo perdona. Siempre va a haber gente atacando y ya es como un morbo entrar a ver los comentarios a ver qué dijeron. Creo que es súper dañino, porque la persona que admiramos también es un humano que puede cometer errores y tomarse un descanso de lo que está haciendo para estar con su familia, para tomarse vacacaiones o para hacer o dedicarse a cualquier otra cosa. Somos todos humanos y todos tenemos la libertad de elegir y de dedicarnos a lo que queremos hacer porque es nuestra propia vida.

-¿Cómo ves el tratamiento que tiene la salud mental en general y dentro del deporte? ¿Qué debería hacerse para que empiece a considerarse tan importante como la salud física?

-En todo ámbito de la vida, la salud mental es tan imporante como la física. Pero en el deporte, creo que por mucho tiempo se lo vio como una debilidad, y para mi es una gran herramienta saber trabajar la salud mental, concerse a uno, sus debilidades y fortalezas. Creo que abría que avanzar hacia eso, a un coaching, a un acompañamiento, a una contención a los atletas. Que no sean solo un peón en un juego de ajedrez sino que se los cuide. Que se los cuide una vez que se retiran del deporte, que si un jugador o jugadora está jugando en primera y de repente la bajan, que esa persona esté contenida. Que si estás preparando un grupo de jóvenes para un torneo y de los 20 clasifican 3, qué hacés con los demás 17... Que empiece a haber más contención desde ese lado y no solo ver si algún atleta se lesionó el hombro. Y que incluso si se lesiona, acompañarlo desde el lado psicológico.

-Además de lanzar recientemente tu libro, estás inmersa en el mundo de la fotografía. ¿Qué es lo que más te atrajo de esta nueva faceta?

-Lo que más me atrajo de la cámara es sentir que de alguna manera tenía una capa de invisibilidad en la que yo mostraba cómo veía el mundo pero nadie me veía a mi. Eso fue como una herramienta que me hizo sentir muy bien conmigo. Me gustaba mucho poder capturar momentos. Arranqué haciendo fotos en shows, recitales, y me hizo conectar mucho con la música, me hizo ver el detrás de escena de artistas musicales y me sentí reflejada de alguna manera. Fue todo muy sanador.

    Ultimas Noticias