Tras la captura de Nicolás Maduro en manos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, el presidente estadounidense Donald Trump dejó en claro que no considera a María Corina Machado como una figura viable para encabezar la transición en Venezuela, pese a reconocer su trayectoria y su rol opositor. La definición generó impacto tanto en la oposición venezolana como en la comunidad internacional, ya que Machado es una de las principales referentes opositoras del chavismo.
Durante la conferencia de prensa en Mar-A-Lago, Trump sostuvo que el principal obstáculo es que Machado no tiene el suficiente consenso interno para garantizar estabilidad en una etapa posmadurista. “Creo que sería muy difícil para ella ser la líder. No cuenta con el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy amable, pero no goza del respeto necesario” dijo.
En ese marco, aunque en un principio sostuvieron que sería el gabinete presidencial estadounidense el que se encargaría de dirigir el país latinoamericano, la Casa Blanca habilitará conversaciones con Delcy Rodríguez, vicepresidenta del gobierno venezolano y actual encargada de la presidencia según lo establecido por el Tribunal Supremo de Justicia Venezolano. La estrategia estadounidense parece tener el objetivo de una salida negociada y ordenada.
Sin embargo, Marco Rubio, Secretario de Estado de EE.UU, en el programa "Face the Nation" de CBS News, remarcó que "Estados Unidos trabajará con los líderes actuales de Venezuela" si toman "las decisiones adecuadas".
Para la administración Trump, el control efectivo del aparato estatal, las fuerzas armadas y los recursos estratégicos, en especial el petróleo, pesa más que la legitimidad simbólica de una figura opositora. Trump dejó entrever que Estados Unidos no está dispuesto a respaldar una transición que, a su juicio, carezca de anclaje institucional inmediato.
Por su parte, la reciente Nobel de la Paz, Machado, dijo: "Esta es la hora de los ciudadanos. Los que arriesgamos todo por la democracia el 28 de julio. Los que elegimos a Edmundo González Urrutia como legítimo Presidente de Venezuela, quien debe asumir de inmediato su mandato constitucional y ser reconocido como Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional por todos los oficiales y soldados que la integran".
El futuro político de Venezuela queda, de este modo, atado a una negociación compleja, donde la oposición dura pierde centralidad y el peso de los actores con poder efectivo vuelve a imponerse en la mesa de decisiones.