La salida de Javier Ruiz de Independiente quedó encaminada luego de que el futbolista ratificara ante la dirigencia su decisión de no continuar en el club.
Tras una reunión breve con el presidente Néstor Grindetti, la institución fijó las condiciones para una eventual transferencia y comenzó a evaluar formalmente las ofertas recibidas.
El encuentro se realizó en el Centro de Alto Rendimiento y no permitió acercar posiciones. Ruiz fue categórico al manifestar su intención de marcharse, sin aceptar alternativas deportivas ni propuestas de mejora contractual.
Frente a ese escenario, Independiente determinó que el extremo solo será transferido mediante una venta y tasó el 50% de su pase en 1.500.000 dólares netos.
En paralelo, Necaxa mejoró su propuesta y aceleró las negociaciones. El club mexicano elevó la oferta a 1,6 millones de dólares por el 60 por ciento de la ficha, una cifra que modificó el panorama y dejó la operación en una etapa decisiva. Además, el acuerdo incluye una opción de compra por otro 20 por ciento que ronda los 800 mil dólares.
El conflicto se arrastra desde el inicio de la pretemporada y tiene como eje una diferencia contractual. Como medida de reclamo, Ruiz se ausentó de los entrenamientos, situación que derivó en una charla con Gustavo Quinteros y en la posterior decisión del DT de marginarlo de los trabajos del plantel profesional. Desde entonces, el atacante se entrenaba de manera diferenciada con la Reserva, bajo las órdenes de Carlos Matheu y Eduardo Tuzzio.
Tras el triunfo ante Everton de Viña del Mar por la Serie Río de la Plata, Quinteros había sido claro sobre su postura: “Tiene las puertas abiertas cuando tenga ganas y esté motivado para ponerse la camiseta de Independiente”, dejando la resolución final en manos del jugador. También deslizó que Ruiz pudo haber recibido influencias externas, aunque destacó sus condiciones futbolísticas y su valor patrimonial para el club.