Arde Bogotá grabó un disco sobre la soledad digital sin dejar de tocar codo a codo
Jota y Pepe, baterista y bajista de la banda de Cartagena, hablaron con Filo.News sobre "Manufacturas del Club de la Gente Sola". Cómo fue grabar los cuatro en vivo con Joe Chiccarelli, qué recuerdan de su visita a Argentina y cuándo podrían volver.
“Okay, ahora vas a tiempo, pero tienes que darle más fuerte”:Jota le pega más fuerte a la batería. A Joe Chiccarelli le gusta cómo está sonando. En su espalda tiene experiencia con Frank Zappa, U2, White Stripes, Strokes y más. Ahora, le pide al baterista que vuelva a tocar a tiempo. Alrededor suyo están los integrantes de Arde Bogotá, instrumentos en mano, todos mirándose las caras. Si hay que volver a empezar, vuelven a empezar los cuatro desde cero. Esto es una grabación en vivo: se imprime como quedó. Onda The Beatles. ¿Cuánto puede llevar grabar una canción así? Según el tema, seis o siete horas.
La escena ocurre en Los Ángeles, donde la banda de rock española más importante del momento grabó “Manufacturas del Club de la Gente Sola (MCGS)”, su tercer disco. Son once canciones que, escuchadas en orden, funcionan como un manual de instrucciones para fabricar un corazón que no sienta. Ahora, si uno pudiera armar semejante aparato, ¿se lo pondría? Jota y Pepe tienen bastante que decir al respecto.
La última vez que nos vimos fue en 2025, en las oficinas de Sony en Palermo. Allí conversamos con la formación completa, es decir: Antonio García en guitarra y voz, Dani Sánchez en guitarra y los mencionados Pepe Esteban en bajo y José Ángel Mercader en batería. Iban a tocar en el Lollapalooza argentino, donde Jota había salido al escenario con una remera de Queens of the Stone Age -ahí me di cuenta que éramos bros- y estaban cerrando la gira de su discazo "Cowboys de la A3". De aquella entrevista me quedó la sensación de que, durante un rato, me habían hecho un lugar en su grupo de amigos. Luego se lo comenté a Enrique Bunbury y él compartió mi visión. Incluso al terminar aquella entrevista compartimos un cigarro y algunos chistes. Pasó el tiempo y un disco después, volvemos a charlar por videollamada, en donde aprovecho para preguntarles cómo se conserva eso la molécula de la amistad cuando una banda crece tanto.
La respuesta viene con un consejo de sala de ensayo: "Si un compañero está cansado y tiene mala cara, probablemente sea el peor momento para decirle que ese ritmo de batería no te gusta". También aprendieron que, si los otros tres escuchan algo en una canción que a uno todavía se le escapa, vale la pena dejarlos probar. La confianza corre en los dos sentidos: cualquiera puede decir que se siente incómodo con lo que están tocando y los demás están dispuestos a descartarlo. Esa parte del oficio les vino bastante bien cuando les tocó discutir una toma en otro idioma.
Quince tomas, veinte tomas y un poco de mojo
Antes de viajar los míticos EastWest Studios de Los Ángeles, Arde Bogotá le pidió a Chiccarelli que fuera él quien cruzara el océano. Habían hablado con varios productores y Joe era el que más se había entusiasmado con las canciones. Faltaba averiguar cómo se iban a entender en una sala. “Vente a Cartagena”, cuenta Pepe que le dijeron. Joe no hablaba español. Antonio y Jota se defendían bien en inglés. Los otros dos, hasta donde llegaban. La prueba funcionó y el productor les ofreció dos destinos para grabar: Los Ángeles o Marsella. Los músicos preferían quedarse en Francia. Después de hacer cuentas, fueron a Estados Unidos.
En el estudio, Chiccarelli tenía algo a favor: conocía las canciones sin saber demasiado del circuito del que venía Arde Bogotá. Podía escuchar un tema que para los cuatro ya tenía una forma bastante definida y pedirles, con toda naturalidad, que lo tocaran de otra manera. Filo.News le consultó a Jota Mercader sobre el uso del clic, ese metrónomo que el baterista escucha mientras toca la banda. ¿Lo usaba o, con los cuatro enfrentados, mandaba lo que pasara en la sala? "Usaba clic. Y aun así podíamos irnos a quince o veinte tomas de la misma canción. Una cosa es dar el golpe justo cuando toca. Otra, conseguir que después de seis horas ese golpe todavía te sacuda", reflexiona el músico que está por cumplir 32 años.
Chiccarelli llamaba "mojo" a lo que buscaba. En mitad de la entrevista paramos hasta para deletrearlo: "M-O-J-O". ¿Qué? Si es un concepto de Chiccarelli, hay que entenderlo. ¿Qué significa mojo? ¿Y cuándo aparece? Jota y Pepe lo ubican bastante bien: “En esas últimas tomas grabando los cuatro juntos, tío, que estábamos a punto de morir”. Ahí, dicen, se escucha de dónde viene la energía de las canciones.
En el Lollapaloozaargentino les pasó algo curioso. Era temprano y, desde el escenario principal, alcanzaban a ver decenas de miles de personas. Había quienes guardaban lugar para otro artista. A los de Cartagena todavía les costaba creer que estuvieran tocando para semejante cantidad de gente en Buenos Aires. Sin embargo, cuando tratan de reconstruir cómo se sentía estar ahí arriba, la cuenta les da cinco: los cuatro de la banda y Pedro, que los acompaña en vivo. “Somos un grupo de apoyo de cinco amigos”, expresa Pepe. Pensar en un cantante solista que sale a enfrentarse a todo eso sin un compañero al lado les merece una apreciación algo menos solemne: “Qué putada”.
¿Tanta exposición los hace sentir más acompañados? La respuesta tiene su vuelta. En líneas generales les hace valorar a la gente que cree en la banda, pero también vuelve más pronunciado el contraste cuando se quedan solos. Para explicarlo, Jota trae a la charla una imagen que podría entrar en el disco: "Podés contarle algo a un amigo, quebrarte a llorar y dejar que te vea la cara. Si se lo contás por mensaje, del otro lado nadie ve que te está temblando el pulgar".
Para Arde Bogotá, algo de eso empezó a aclararse después de la pandemia. Aprendieron a distinguir entre dos cosas que hasta entonces podían parecerse bastante: elegir pasar una tarde a solas y pasarse esa misma tarde con ganas de ver a alguien.
“Necesitamos estar solos, necesitamos tiempo de calidad. La realidad es que sí, lo necesitamos, pero también necesitamos estar con nuestra gente”, cuentan. Y ahí entran los recitales, que para algo existen: “Necesitamos también que la vida sea más que un live”. Para presentar el álbum en España idearon el Hervidero, un formato en el que el público rodea a los músicos. Después vienen los recintos grandes. ¿Y Argentina? Están viendo cómo encajar una vuelta en 2027, junto con México y Colombia. En la charla todavía no había fecha para Buenos Aires.
Quedan pocos minutos de entrevista y además de quedar en juntarnos cuando vengan, saco la carta del corazón de bajo de la manga: supongamos que la máquina del disco existe y que el aparato funciona... ¿Se pondrían uno que bloqueara el sufrimiento? “Claro que sí”, sale de inmediato. Después empiezan los reparos y la filosofeada. En tertulia, Pepe suelta una hermosa reflexión: "La bronca uno quisiera sacársela de encima, o los 'ataques de empatía' que a veces me vendría bien poder regular, jaja. Pero el pequeño detalle es que de todo eso también salen las canciones, tío".
Arde Bogotá es una banda de amigos que se hacen cada vez más fuertes para aprender a habitar las contradicciones del mundo que los rodea. En un contexto de hiperconectividad y sobreestimulación, reflexionar sobre cómo la tecnología puede influir en la salud emocional deja más preguntas que respuestas. Pero lo importante es hablarlo.
Al final, la última pregunta de la entrevista me la hacen ellos: “Te lo pregunto yo a ti de otra manera, Cristian. Si ya conocieses un corazón que sabe sufrir, ¿de verdad querrías un corazón que no sufre?”.