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Ciencia

Algunas razones para creer que habrá vacuna en el 2021

Los tiempos en el desarrollo de vacunas son extensos, pero ¿qué motivos tenemos para creer que es posible tener en esta ocasión una vacuna para el año próximo?

Algunas razones para creer que habrá vacuna en el 2021

Algunas razones para creer que habrá vacuna en el 2021

El desarrollo de vacunas tiene a la comunidad científica —y a la población en general— a la expectativa de una solución que ponga fin a la pandemia. De hecho, los expertos coinciden en que sin una vacuna, las únicas formas de contener el virus son las cosas que ya estamos haciendo: barbijos, distanciamiento social, rastreo de contactos... Pero algunas de esas medidas, si bien son efectivas, son difíciles de sostener a largo plazo.

Esta situación nos deja, inevitablemente, en un vaivén de flexibilización y restablecimiento de las restricciones de bloqueo. Lo único que se espera que rompa ese ciclo es una vacuna. Entonces, ¿dónde estamos ahora en el proceso de desarrollo de una vacuna? ¿qué evidencias tenemos para creer que podamos tener una para el 2021?

William Petri, médico investigador y especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Virginia, da algunas respuestas.

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El sistema inmunitario humano cura la enfermedad de COVID-19

En un 99 % de todos los casos de COVID-19, los pacientes superan la infección y el virus desaparece del cuerpo.

En algunas de las personas que dieron positivo para COVID-19, el virus puede permanecer en el cuerpo a un nivel muy bajo hasta tres meses después de superar la infección. Sin embargo, la mayoría de estos pacientes deja de transmitir el virus a otras personas a los 10 días de haber contraído la enfermedad.

Por este motivo, debería ser mucho más fácil desarrollar una vacuna para el nuevo coronavirus que para otras infecciones como el VIH donde el sistema inmunitario no logra curar la enfermedad de forma natural.

Asimismo, el SARS-COV-2 no muta de la misma forma que el VIH, lo que facilita enormemente el trabajo del sistema inmunitario y la posible vacuna.

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Los anticuerpos dirigidos a la proteína S evitan la infección

Actualmente, muchas de las vacunas que están en ensayo clínico se centran en la proteína S, un tipo de proteína que el virus utiliza para adherirse, entrar en las células humanas y así reproducirse.

Lo que buscan estas vacunas, específicamente, es inducir la producción de anticuerpos contra la proteína S. Lo bueno de estos anticuerpos es que no solo sirven para evitar la infección en personas expuestas sino que también resultan efectivos de cara al tratamiento.

Durante la infección, una dosis de estos anticuerpos monoclonales podría neutralizar el virus y brindarle al sistema inmunitario la posibilidad de captar y producir sus propios anticuerpos para luchar contra el patógeno.

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La glicoproteína S tiene puntos vulnerables

La proteína S dispone de muchos sitios a los que los anticuerpos pueden unirse para neutralizar el virus. Dicho de otro modo, tiene muchos puntos vulnerables; por lo que el virus tendrá muy difícil mutar para evitar la vacuna: muchas partes de la proteína S tendrían que mutar para evitar los anticuerpos neutralizantes.

A su vez, demasiadas mutaciones en la proteína S modificarían su estructura y la harían incapaz de unirse a ACE2, clave para infectar células humanas.

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Sabemos bien cómo elaborar una vacuna segura

Hay buenos motivos para creer que las vacunas serán seguras dado que los investigadores ya conocen sus posibles efectos secundarios y saben cómo evitarlos.

Un buen ejemplo es la reacción alérgica detectada en algunos de los pacientes a los que se había administrado en los años sesenta la vacuna para el virus respiratorio sincitial. Se trata de un efecto secundario peligroso puesto que la inflamación en los pulmones dificulta la respiración. No obstante, los científicos hoy en día saben cómo desarrollar vacunas para evitar esta respuesta.

5

Las vacunas están pasando las fases I y II de los ensayos

Actualmente hay varias vacunas que pasaron las fases I y II del desarrollo, lo que implica que confirmaron, en el primer caso, que estimulan el sistema inmunológico, y en el segundo, que son seguras y fueron probadas en grupos diversos de personas. 

Aún falta en algunas, sin embargo, superar la Fase III, en la que se administra las candidatas a miles de personas para encontrar efectos secundarios más sutiles que pudieron haber pasado desapercibidos en las etapas iniciales, así como para evaluar su eficacia. Pero los resultados hasta ahora son alentadores.

Por el momento, la vacuna desarrollada por Moderna y NIH y la de Oxford-AstraZeneca empezaron la fase III de los ensayos el pasado mes de julio y otras entrarán en la fase III muy pronto.

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Acelerar la producción y la distribución de la vacuna

Lo que están haciendo en diversos países es fabricar millones de dosis de vacunas aun sin haber confirmado todavía su eficacia y seguridad con el fin de que, una vez que una vacuna muestre ser segura en la fase III de los ensayos, ya se dispondrá de reservas y las vacunas se podrán distribuir de inmediato

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