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La cuarentena de los niños y los adultos mayores

La cuarentena de los niños y los adultos mayores

Actualidad

Sin salir de casa, la cuarentena de los niños y adultos mayores: "No nos dimos cuenta que estamos experimentando un 'Shock Futuro'"

Se trata de los rangos etarios más delicados en los que impacta la pandemia. El "quedate en casa" es la norma con la que conviven, atravesados por cuestiones de clase, el uso de las tecnologías, y efectos físicos, sociales, emocionales y psicológicos que manifiestan. En Filo.News, la mirada del psicólogo Fernando Tarnogol, la socióloga Guadalupe Koch y el testimonio de la docente jubilada, Marta Cortese.

Por: Antonella Morello

"Sufro, sufro mucho la distancia, el no poder abrazarnos". Marta Cortese tiene casi 70 años. Vive sola en un departamento ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, que integrando el Área Metropolitana (AMBA), conforma el sector con más casos positivos de COVID-19 del país.

Hasta la fecha, Argentina reporta con un total de más de 13.900, mientras que la cifra de víctimas mortales se elevó a 500. Frente al mundo, y de acuerdo a las declaraciones del ministro de salud, Ginés García González, los números son "no tan malos". Situación que se agudizó en el último período.

Así lo dejó sentado el presidente Alberto Fernández en su reciente conferencia de prensa rodeado por los jefes de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof, quien anunció que se "quintuplicaron" los casos en AMBA, por lo que se reforzarán controles y la conciencia de permanecer en los hogares y mantener las medidas sanitarias y de distanciamiento para aplacar la curva de contagios.

La pandemia golpea fuerte pero aún más en los casos de mayor vulneración como lo son los niños y los adultos mayores. Dos extremos diferentes de la vida, en los que impacta directamente el confinamiento y la imposibilidad de reunirse. Privados en mayor medida de poder salir ya sea por integrar una población de riesgo frente al virus o para prevenirlos de ello.

¿Cómo afecta la pandemia y el aislamiento principalmente en el caso de los chicos? ¿Existen diferencias a comparación de los adultos? ¿Qué pasa cuando ya pasaron dos meses de aislamiento siendo ellos quienes menos salen?

Marta es docente jubilada. Antes de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) decretara "pandemia" al nuevo coronavirus, se dedicaba a preparar y repartir alimentos junto a los jóvenes integrantes de La Cámpora y con amigos en la parroquia San Cayetano, a personas en situación de calle. El estallido del COVID-19 y la medida de confinamiento no sólo la privó de sus actividades rutinarias sino de ver a su familia y seres queridos. "Nos sentimos bastante inútiles", menciona. Al integrar el grupo de riesgo, sus posibilidades se limitaron a permanecer en su departamento.

Marta y su nieto mayor, Gastón | Foto: Gentileza Marta Cortese

Son diversas las realidades en la que la pandemia afecta a los adultos mayores. Si bien existe una visión bastante generalizada que los imagina como "abuelos" y "abuelas", la situación es aún más compleja: no todos poseen la capacidad y el interés de incorporar conocimientos informáticos para encarar su día a día, muchos se encuentran instalados en geriátricos -uno de los focos marcados de COVID-19-, y entre otras vivencias y contextos.

"Resulta difícil determinar el impacto emocional de la pandemia en los adultos mayores ya que hay distintas realidades que afectan a esta población de riesgo. Existe una construcción social que determina que aquellos adultos son abuelos de familia, sobreprotegidos por sus cercanos y que por defecto transitan el aislamiento a salvo. Pero en la realidad, no todos los adultos mayores cuentan con un sistema de sostén emocional que los ayude a atravesar este momento y la soledad en este contexto sólo empeora la sensación de incertidumbre y miedo", asegura, en diálogo con Filo.News, la socióloga Guadalupe Koch, recibida en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, y estudiante de Comunicación Social, también de la UNLP.

"Sería interesante rastrear el origen de este modo condescendiente de referirnos a la gente mayor de edad. Independientemente de esto, el término 'abuelo' se está usando actualmente para atribuir una connotación de ternura y fragilidad a este grupo etario. Sin duda, los mayores de 65 años -número absolutamente arbitrario que se tomó- son quienes peor están pasando estos momentos. Si convenimos en que la tercera edad no es precisamente la edad de mayor desarrollo de relaciones sociales, podemos darnos cuenta que son la gente mayor quienes menores oportunidades de socialización tienen. Si a esto sumamos que la gran mayoría está jubilada, caemos en la cuenta de que en estos casos la soledad se maximiza. Sin hijos, nietos ni amigos, viudas, solteros y divorciados; muchos en gran medida alienados de las tecnologías modernas de comunicación, están sufriendo como nadie esta pandemia", aporta, por su parte y también a este medio, el psicólogo (UBA), Fernando Tarnogol, capacitado en los Estados Unidos, especialista en trastornos de ansiedad y nuevas tecnologías aplicadas a la salud mental; y desarrollador de PHOBOS, aplicaciones de realidad virtual y aumentada para el tratamiento de fobias.

Fernando Tarnogol, psicólogo, especialista en trastornos de ansiedad y nuevas tecnologías aplicadas a la salud mental | Foto: Gentileza Fernando Tarnogol

Marta tiene dos hijos y tres nietos, Gastón (21), Francesca (9) y Vito (6). Es conciente de lo que implica exponer y exponerse al salir. "Estoy sola, tomándolo con mucha paciencia. Mi nieto el más grande (Gastón) viene y se queda una semana y la otra va con la madre. Me hace las compras. Tratan de que no salga para nada. Desde marzo que no los veo a los chiquitos. Mi nietito Vito, también está en situación de riesgo porque tiene Síndrome de Autismo. Mi hijo me dijo varias veces: 'Mamá si vos te cuidás, te vamos a buscar y te quedás acá' pero prefiero que no porque tengo miedo de correr riesgos", reconoce.

"Sufro, sufro la distancia, el no poder abrazarnos. Somos una familia muy italiana. Todos los domingos vienen a comer a casa y ahora ya no más. Todo eso lo extraño", asegura Marta. La distancia la llevó a incorporar a su rutina el uso de videollamadas, mientras que el Internet no le juegue una mala pasada. Se entretiene con aplicaciones en línea como Scrabble o el Sudoku, como ella dice para "agilizar la mente", realiza manualidades, prueba nuevas series y trata de mantener sus vínculos a distancia. "Lo que pasa es que el día se te hace eterno. En mi departamento, limpio un rato y ¿después qué hago? Voy del dormitorio al living, y del living a la cocina. Sentada jugando con la computadora o viendo Netflix", comenta. 

Marta Cortese y su familia | Foto: Marta Cortese

"Los adultos mayores son más propensos a buscar confort en una rutinización de sus vidas, siendo las costumbres un sinónimo de seguridad y control", profundiza la socióloga Guadalupe Koch. "A eso, se suma la imposibilidad de manejar ciertas herramientas tecnológicas y esto sólo dificulta aún más la posibilidad de contacto. La pandemia como circunstancia excepcional afecta estos esquemas de control y por lo tanto, se pierde la sensación de bienestar lograda a través del pleno desarrollo de las actividades diarias", menciona, considerando las múltiples realidades de adultos mayores, no todos capacitados, ni interesados o con las condiciones aptas para desarrollarse en el mundo digital, donde incluso arribó los sistemas de salud, a los que suelen acudir.

Marta recuerda que durante sus años en la docencia su uso de la computadora era limitado, generalmente para realizar e imprimir los boletines de los alumnos. "Yo que reniego. Los domingos cuando están comiendo prefiero que no usen el celular y les digo a mis nietos que 'traten de conectarse acá, en vivo y en directo' pero ahora reconozco que la tecnología nos sirvió mucho para estar más comunicados. Aparte con la velocidad que los jóvenes hacen todo. Yo a veces le decía a mi nieto, 'vení enseñame' y él hacia tac, tac, tac, y lo hacía él y yo le insistía 'enseñámelo'. Porque cuando cayó en mis manos por primera vez una computadora lo único que sabía era encenderla. Prueba y error uno va aprendiendo pero no todos los adultos mayores tienen esa misma voluntad. Tengo una amiga que ni quiere ver la computadora. No quiere saber nada pero sería una manera de comunicarnos. Encima llora que está triste, que está sola. Tampoco quiere celular con Whatsapp, así que solamente charlamos por el teléfono de línea", menciona. 

El caso de los chicos

"Existen diferencias muy marcadas en función de la etapa que estén atravesando. Es muy diferente lo que ocurre cuando son infantes, niños en edad escolar o pre-adolescentes", subraya Fernando Tarnogol acerca de los efectos físicos, emocionales y psicológicos que se generan en ellos. 

"Una de las principales cosas a tener en cuenta es que los chicos más chicos probablemente no tengan las herramientas cognitivas ni de lenguaje como para poder comprender y expresar en su totalidad lo que les pasa, por lo que tenemos que estar muy atentos a otros indicadores para detectar potenciales efectos emocionales y físicos del aislamiento. Por ejemplo, la mayoría de las familias del AMBA viven en departamentos, por lo que el espacio disponible es muy limitado. En el caso de los niños pequeños debemos estar pendientes de su peso y alimentación, ya que de entrada no están haciendo el ejercicio físico que harían en condiciones normales (ya sea caminando al colegio, jugando en el jardín de infantes, etc). Por el lado emocional, es importante que los padres jueguen con ellas y ellos y estén atentos a mensajes 'encubiertos' que los niños suelen filtrar a través del juego para expresar lo que internamente están pasando y no tienen palabras o voluntad de comunicar directamente, continúa.

Es ahí donde actúa el rol social de los menores. "La sociabilidad es otro factor que se ha visto drásticamente alterada", explica el especialista. "Niños que en este momento debieran estar comenzando a socializar con grupos secundarios por fuera del ámbito familiar, hoy sólo tienen relación con mamá y papá (tal vez con hermanos). Actualmente es un misterio, y queda por dilucidar en futuros estudios que impacto tienen los periodos extensos de aislamiento en la formación del psiquismo temprano y el logro de la independencia de sus afectos primarios, ya que es una situación inédita en los tiempos que corren", desarrolla.

El tema lo retoma la socióloga Guadalupe Koch, quien también considera los efectos disruptivos del aislamiento social, preventivo y obligatorio porque "afectan en su totalidad aquellas esferas de socialización donde ellos aprenden a relacionarse con otros y crecer en su individualidad". 

"Como seres sociales, necesitamos todo el tiempo, y a toda edad, relacionarnos con distintos tipos de personas y ejercitar diversos roles: ser hijo, ser amigo, ser alumno. Cada rol implica determinados comportamientos, y en ese sentido, el aislamiento impide que cada niño pueda desarrollar esas acciones como debería. Los adultos mayores, necesitan también de estas socializaciones ya que sirven como estímulos constantes que mantienen en ritmo sus capacidades motrices y mentales. La situación de aislamiento impide que los adultos puedan vincularse con otros sujetos, y en ese sentido, se genera una situación de incertidumbre y falta de costumbres que desestructura toda su vida social e individual", profundiza.

El peligro de la romantización del "quedarse en casa"

Considerando el impacto del distanciamiento en los menores, el presidente habilitó salidas transitorias -en un rango de 500 metros- con acompañamiento de los adultos que estén a cargo de ellos. Las ganas de salir, se ven disminuidas también cuando la única posibilidad del contacto con el exterior se da en una fila de supermercado, o de camino a un cajero automático.

Por otro lado, existe una perspectiva romántica que plantea que los niños están tranquilos en sus hogares, jugando a la play o mirando tele. Perspectiva que los especialistas deconstruyen ya que no todos los niños pertenecen a una misma realidad, ni la casa genera un contexto de confort.

"Si hay una visión romántica, es seguramente de personas que no tengan niños a su cuidado en esta situación. Si bien en un primer momento se puede ver como positivo que compartan más tiempo con los padres, que quizá ahora están trabajando desde casa (o no trabajando), pero conforme pasa el tiempo, las energías y creatividad para generar diferentes espacios lúdicos de los progenitores va mermando. Conforme la salud mental de los adultos pase por vaivenes emocionales, los chicos van a ser arrastrados en estas oleadas y sus comportamientos reflejaran lo que están recibiendo de sus padres. Por esto es importante, como padres y madres, mirarlos para poder ver en ellos aquellas cosas o comportamientos que tenemos y no nos estamos dando cuenta. Nuestra irritabilidad, falta de paciencia, angustia o cualquier otra emoción, es percibida por ellos", explica Tarnogol, quien a su vez es padre de tres niños: nene de 3 y dos nenas de 2 años y 7 meses.

Si bien hasta el momento las niñas no están teniendo ninguna manifestación sintomática, "el mayor está teniendo ciertas conductas que pueden dar cuenta de un proceso que comparte características con la depresión infantil". "En varias oportunidades me dijo al despertarse: 'Ya tengo ganas de que sea la noche para irme a dormir', u 'Hoy no tengo ganas de jugar en todo el día' o 'No quiero reírme más'", precisa el psicólogo, quien además añade que frecuentemente su hijo le pregunta por sus primos, abuelos o el club a donde solía ir todos los días. 

Fernando Tarnogol, psicólogo especialista en trastornos de ansiedad y nuevas tecnologías aplicadas a la salud mental.

"La energía física que despliegan los pequeños en casa ha ido disminuyendo muy lentamente con el pasar de las semanas. En la diaria, juegan y se divierten, tienen días normales pero a la hora de ir a la cama es frecuente que diga que tiene miedo. Algo que no ocurría antes de la pandemia", manifiesta.

Tarnogol es claro. "Si le preguntásemos a 1000 niños lo que tendrían para decir en este contexto, más del 99% respondería alguna variación de esta frase: 'Quiero salir, jugar, ver a mis amigos'. Los niños son muy claros en lo que quieren, e insisten sin cansarse", asegura el especialista.

El rol de la escuela y la paradoja del estar distanciados pero más conectados

"Como sujetos sociales que somos, hay que entender que cada grupo o espacio social que integramos representa un estímulo para nuestro desarrollo. Aprendemos a relacionarnos a medida que transitamos esos espacios y el contexto de aislamiento en la infancia representa un desafío para sus capacidades", expresa Koch, quien destaca el rol de la escuela como "institución fundamental en la vida de un niño".

"Allí, no sólo funciona un espacio de educación, sino también es un lugar de fraternización con pares, y fundamentalmente para aquellos niños que viven situaciones de violencia, la escuela representa un lugar de sostén emocional para relatar y desahogar con otros adultos aquellas situaciones vividas en la intimidad de un hogar. Hoy, si bien la educación ha logrado transformarse y continuar gracias a las herramientas tecnológicas, es importante entender que para los niños, la representación de la escuela como institución es otra y que un aislamiento a largo plazo como el que estamos viviendo, afecta su vida en diversos aspectos más allá del pedagógico", destaca. 

Es que muchas veces la mirada genérica y difundida sobre la niñez, olvida que otra pandemia no menor son los casos de abuso infantil, que muestran una cifra ascendente al quedarse en sus casas (ya que la mayoría de estos delitos de vulneración se producen en un seno familiar). Por otro lado, los imaginarios pueden ser bastante urbanos, dando por sentado el uso y manejo de las tecnologías por los alumnos, pero ¿qué pasa con los niños que se encuentran realizando la cuarentena en otras provincias o sectores más rurales del país, donde incluso muchas veces las escuelas no cuentan con los recursos para adaptar sus clases a la web? ¿desnuda una cuestión clasista?

"La situación de pandemia actual, así como todas las circunstancias extraordinarias, son momentos donde se visualizan de modo más drástico las desigualdades socioeconómicas que existen en nuestra sociedad. El aislamiento como fenómeno nuevo en nuestra historia, demuestra que lo que deberían ser derechos básicos resultan más bien privilegios de clase: el acceso a la información, el acceso a una vivienda digna donde transitar el encierro, el acceso a agua potable y la posibilidad de mantener una educación a distancia. En la realidad de los barrios urbanos resulta determinante la posición socioeconómica como condición para el acceso a estos recursos de primera necesidad. La situación rural se ve atravesada por otras variables, principalmente la distancia. Ya no alcanza con alimentar la épica de aquellos relatos heroicos de niños cruzando ríos para llegar a la escuela cuando hoy la urgencia demanda recursos reales y urgentes que permitan sostener el desarrollo de la niñez. Por empezar, la educación: son necesarios aquellos insumos tecnológicos que puedan servir para estrechar el contacto de los maestros con los niños que mantienen la educación a distancia, ya que en muchos casos se pueden brindar las tareas en distintos formatos, pero hace falta un seguimiento ya que los niños no siempre cuentan con familiares que puedan ayudar durante este proceso, y en ese sentido, resulta fundamental que sea posible el acceso a Internet para aquellas zonas rurales con escuelas que se ven afectadas por el aislamiento", señala la socióloga Koch, palabras que incluso, bien se ajustan al contexto de barrios de emergencia, donde el reclamo más prioritario es el de tener agua para higienizarse.

Desde su perspectiva como docente jubilada, Marta Cortese resalta el aporte de lo digital pero refuerza los valores de la enseñanza presencial. "Pienso que todos los chicos tendrían que tener acceso a una computadora. Los cursos virtuales son buenos pero tal vez porque soy de la vieja escuela, considero que no hay mejor  que la comunicación visual y a nivel personal con el alumno. El trato social. He tenido aulas repletas con cuarenta chicos de secundario y veía el comportamiento social de ellos, tratar de que se comprendan, que no haya bullying. A nivel diario, cuando uno trabaja no hay como el diálogo entre alumnos y docentes. En estas circunstancias no quedó otra", menciona y  recuerda el caso de un colega. "Tengo un compañero que todavía no se jubiló y da clases de Educación física. Y me decía: '¿Me querés decir cómo hago para dar la clase y encima tener que evaluarlos?'", comenta. Situación sumada a la que cabe señalar, que en este contexto tan particular muchos docentes se vieron afectados por la baja de sus sueldos, lo que complejiza la cuestión.

La pandemia tampoco impacta del mismo modo en la situación de las diversas discapacidades o diagnósticos de adultos mayores y niños. Como comenta Marta, su nieto más chico, Vito -quien además cumplió años en mayo, alejado de su abuela- tiene Síndrome de Autismo.

Marta y su nieto Vito | Foto: Gentileza Marta Cortese

"Gracias a Dios Vito está bien porque vive en una casa lleno de amor. La madre es una espectacular madre, mi hijo, un espectacular padre, se aman; la hermana es una santa, le tolera todo, lo adora. Lo que sucede es que se quedó sin terapia porque está todo suspendido (por la pandemia). El año pasado tenía todos los días una terapia distinta con la que progresó muchísimo. Venía bien y de pronto de un día para otro se desconectó del mundo. Motivo por el que los padres enseguida tomaron partido en el tema, están tratándolo con un médico que es maravilloso, le hizo todos los estudios -que dieron que el cerebro lo tiene sano-. La única cuestión que le cuesta un poco es hablar", cuenta Marta, a quien su hijo le manda los videos de Vito jugando en el patio, saltando en una cama elástica que sus padres le compraron para que pudiese entretenerse y descargar su energía.

"Mi nieto tiene una casa grande y no necesita tanto salir pero pienso en otras criaturas que viven en un departamento donde quizás ni hay balcón", reflexiona la ex docente, una mirada empática hacia otras realidades. "Me da mucha pena que no todos tienen acceso a una computadora, como antes la tenían. A mi nieto el año pasado le sacaron dos terapias a las que asistía, le dejaron de pagar la cuota por discapacidad. Fueron muchos no", añade, con respecto al año y la gestión del gobierno anterior.

El aislamiento produce una paradoja ya que si bien los chicos conforman uno de los universos de quienes no salen de casa, se encuentran más conectados que nunca por la tecnología, los métodos de estudio y para encontrarse con sus amigos ¿qué sucede en estos casos?

"La sobreexposición de los niños a los dispositivos genera una tecnologización de los vínculos desde la temprana infancia que luego determina todas sus formas de relacionarse. La tecnología atraviesa la vida de los niños agilizando las dinámicas de aprendizaje, siendo muchas veces útil en términos pedagógicos, pero a los fines de la comunicación y el desarrollo entre pares, se reducen los vínculos a las formas virtuales, siendo esta la forma más limitada del encuentro. La virtualidad impide que los niños puedan expresar sus emociones y deseos en otros términos: jugar, pelearse, abrazarse, gritar, correr, mantener contacto con la naturaleza. Éstas, además de ser actividades que ayudan a construir las nociones de normalidad, también son formas que tienen los niños para aprender tanto límites como comportamientos. En este contexto de virtualidad, resulta complejo adaptarse a las nuevas estructuras donde las formas de cotidianidad comienzan a ser otras", analiza la socióloga Guadalupe Koch. 

Para responder a esta cuestión, Tarnogol alude a "Shock Futuro" ("Future Shock", en su inglés original), un término acuñado por Alvin Toffler, autor de una novela homónima publicada en 1970 que desarrolla el cambio tecnológico y social que se produce en el período postindustrial.

"En muchos aspectos la pandemia está acelerando muchos procesos sociales que en condiciones normales hubieran tardado años. En ese sentido, me parece que de lo que aún no nos hemos dado cuenta es que estamos experimentando lo que se llama 'Shock Futuro' (Future Shock), que se refiere a experimentar mucho cambio en un período muy corto de tiempo. El avance tecnológico y productivo de las últimas décadas nos ha mantenido en un cierto estado de estupor al no poder dar sentido ni tampoco acompañar el ritmo de cambio. La pandemia magnificó esto. La mayor parte de los sistemas educativos del mundo son dinosaurios de la segunda revolución industrial. Lo único que si estaba blindado frente a una pandemia eran las redes sociales, que son un fenómeno relativamente reciente y donde más cómodos se sienten los jóvenes; y más inseguros los adultos. Hoy los padres se han encontrado con una escasez de recursos que los fuerza a capitular frente a los dispositivos móviles. Negarle eso a un adolescente o preadolescente es casi como negarle su derecho a la comunicación. Estamos acostumbrados a ver el término 'colonial' en memes, pero me parece que en unos pocos años, no vamos a tener mejor palabra para definir una franja etárea de la civilización mundial que haya vivido sus años formativos alrededor de la pandemia", afirma el especialista.

Fernando Tarnogol, psicólogo, especialista en trastornos de ansiedad y nuevas tecnologías aplicadas a la salud mental | Foto: Gentileza Fernando Tarnogol

A su vez, precisa sobre un tema no menor: "Algo a tener muy en cuenta en estos momentos donde todas las comunicaciones entre pares se dan online, es importante no desentenderse del tema, ya que los casos de cyber-bullying (y grooming) se encuentran en alza. Al permitir que los niños y pre-adolescentes puedan armar grupos de Whatsapp, los cuales no se encuentran monitoreados por adultos, pueden dar lugar a situaciones de violencia evitables". Si bien se comprende que los adultos y tutores no son responsables de dichos delitos sí es necesario su presencia y que los niños puedan generar en ellos un espacio de confianza.

"Tenemos que considerar qué es lo que hace bien a una persona, minimizar la interferencia de la pandemia lo más posible"

El 11 de marzo (a menos de diez días de que se decretara el aislamiento en Argentina) Marta viajó con una amiga a Bariloche luego de bastante tiempo sin tomarse vacaciones. Tenían fecha de regreso a Buenos Aires el 17, día en que las noticias ya adelantaban el cierre de los aeropuertos. "Nos fuimos volando al aeropuerto y pudimos volver, sino todavía estaríamos allá", recuerda mientras imagina cómo seguirá desarrollándose la situación a futuro y pensando en que muchos otros aún piden regresar a sus hogares. Respira hondo.

"Tengo esperanza. Escucho al presidente, y veo que está bien asesorado, pienso que debe estar por llegar el tan temido pico, y que si nos cuidamos entre todos vamos a poder seguir adelante", confía, agradeciendo el tener un techo y agua caliente, reforzando su defensa de las escuelas y universidades públicas.

Marta Cortese y su familia | Foto: Gentileza Marta Cortese

La situación de incertidumbre y el encierro golpean brutalmente a niños y adultos mayores. ¿Qué se recomienda hacer en este tipo de situaciones?

"Es quizá la pregunta más difícil de contestar. Nos obliga a un debate moral donde intervienen varios factores opuestos. Por un lado tenemos que considerar qué es lo que hace bien a una persona y cómo evitar patologías o secuelas en la construcción de la personalidad a largo plazo. O sea, minimizar la interferencia de la pandemia lo más posible en la vida diaria. Por otro, está lo que dice la ley, que es la posición que toma el Estado frente a un problema: minimizar contagios. O sea, quedate en tu casa. Alcanzar un consenso entre estas dos posturas es algo extremadamente difícil de alcanzar", reflexiona el psicólogo Tarnogol, quien añade: "Lo más importante es ser criteriosos y respetuosos del derecho a la salud de los demás, pero tampoco comprometemos la nuestra en el proceso. Hay muchos grises entre el blanco y el negro". 

"Como miembros de una sociedad, cualquier circunstancia excepcional que altere nuestro orden resulta difícil de asimilar. Los niños como pequeños sujetos de acción, no cuentan aún con la totalidad de herramientas para afrontar el hecho de que exista una situación ajena a su voluntad que irrumpa en su vida y desestructure sus vínculos y rutinas, por lo que expresan sus emociones como pueden y con los recursos que tienen", precisa, por su parte, la socióloga Koch.

"Resulta fundamental como acompañantes tener paciencia. Comprender que, al igual que los adultos mayores, poseen una sensibilidad mayor ante los cambios, y cada uno tiene su propio ritmo para estabilizarse emocionalmente ante estos nuevos modos de convivir. Ante la incertidumbre, en el caso de los adultos mayores lo mejor es evitar la sobreinformación para tratar de evitar generar aún más miedo que el existente, e intentar con ellos establecer pequeñas rutinas que les permitan establecer una nueva normalidad en aislamiento: pactar horarios de videollamada, días para llevarles las compras, y si se tienen los recursos, proponer actividades a distancia que los ayuden a reestructurar una cierta cotidianidad. En este sentido, quizás resulte propicio conversar sobre tiempos pasados donde ellos supieron sentirse cómodos, remontar charlas hacia donde existía un orden naturalizado que les brindaba seguridad e imaginar con ellos un futuro después de esto, para lograr de alguna forma construir con ellos un relato más ameno sobre este contexto, donde quizás (y con éxito) el aislamiento se transforme en un factor circunstancial que atraviesa nuestras vidas", concluye.

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