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C. Tangana: "Mi máxima ambición es cambiar las reglas de mi cultura con la música"

El artista español C. Tangana es el nuevo invitado de Caja Negra, el ciclo de entrevistas de Filo.news conducido por Julio Leiva.

El trip de Filo (¿Filo.trip?) por España sigue dando sus frutos. Después de la Caja Negra con Ibai Llanos y con Lyna en Barcelona, es el turno de viajar a la capital y encontrarse con el madrileño C. Tangana, que se convirtió en el nuevo invitado del ciclo de entrevistas conducido por Julio Leiva.

A pocos meses de publicado su segundo álbum de estudio, El Madrileño, todavía sigue sonando, por lo que es un tópico obligado en la entrevista. Pero, antes que nada, hay que romper el hielo: ¿cuánto influyó sus estudios de Filosofía en la gestación de su figura artística?

"Filosofía, por lo menos en la Complutense es como historia del pensamiento y te ayuda a tener muchas cosas en perspectiva. Entonces yo creo que eso me ha ayudado para pensar en mi carrera a medio o a largo plazo y no para pensar solo en el ahora. Además, yo creo que mi carrera se define por estos continuos cambios, distintos ciclos y digamos que esta forma de llevar mi carrera yo creo que sí, que ha estado influenciada por eso, por una perspectiva que igual me ha dado, me ha dado haber estudiado algo así", responde.

Ahora bien, en un contexto donde sí se piensa siempre en el ahora y cuesta pensar a futuro, ¿cómo hace para pensar a largo plazo? "Pues es muy difícil. La verdad es que no lo sé cómo lo he conseguido", dice primero.

Pero se extiende: "Yo pertenezco a esta generación y soy completamente instantáneo. Me gusta ir al estudio, hacer la canción y salir al día siguiente con la canción terminada y sacarla cuanto antes. El proceso más largo de mi vida ha sido, sin duda, este último álbum. Pero, en genera,l sí que tengo como premoniciones o visiones y siento que hay momentos en los que veo que se agitan cosas y que hay que aprovechar el momento. Mucha gente piensa de mí por esto de lo del marketing y todo eso que ha sido muy repetido, que al principio me gustaba, pero me acababa por cansarme, que siempre tengo un plan muy, muy a largo plazo. Tengo una visión como medio, medio largo plazo de lo que quiero hacer, en qué me quiero convertir y a dónde quiero llegar. Pero, muchas veces, en los momentos importantes de repente ves que algo se mueve y te giras para esquivar y has esquivado algo bueno, o vas hacia ello y has cazado algo bueno y no sabes muy bien por qué en el momento".

Yendo más a un terreno filosófico, Pucho se aventura a decir que el artista puede cambiar al mundo. De hecho, redobla la apuesta y dice que el objetivo del artista es ese: generar cambios sustanciales en la forma de pensar de los demás.

No contento, alza la vara todavía más al responder a la pregunta de si una de sus ambiciones es cambiar las reglas de su cultura: "Esa es mi ambición máxima. Eso sería como lo máximo que yo puedo conseguir con la música o con lo que sea lo que me dedique".

Y, por ahora, se ve bien. "Creo que que han pasado cosas desde que yo estoy. Primero, quizás, a un nivel solo industrial, lo que tiene que ver con la música urbana en España, que hicimos un statement, pero ahora creo que también con la canción española, con la cultura española, con la relación que tiene la música latina con el mainstream, reivindicar a Toquinho, reivindicar a Eliades Ochoa y que eso se convierta en algo que los jóvenes escuchen, para mí eso significa algo. Y también, en una era completamente hegemónica en la que la música urbana parece como que tienes tres disfraces, son tus tres personajes y no te puedes salir de esos tres, puedes traer un álbum que pueda convivir con esos tres disfraces y que no sea ninguno de ellos y que se reconozca es para mí un logro fuerte", contesta.

Si bien C. Tangana mismo dice que, en la música, hay que emborracharse de ego, confiesa que busca realizar colaboraciones con artistas que "piensen que son infinitamente mejores que yo, que son infinitamente mejores que el resto".

"Todos podemos tener ese pensamiento y no quiere decir que lo seamos, ni quiere decir que luego tú andes por la calle tratando a la gente de forma inferior. Es sólo que cuando tú te metas en el estudio, cuando te pongas a escribir, cuando te sientes con tu instrumento, cuando empieces a rodar tu película, lo que sea que hagas, pienses que realmente no hay nadie en el mundo que pueda tener tu voz. No hay nadie en el mundo que pueda decir o hacer lo que tú vas a hacer", explica.

Esta percepción y su link con artistas latinoamericanos lo hace tener una dura crítica respecto a la superioridad con la que España veía a los demás países. "La historia del colonialismo sigue vigente. Yo creo que en mi generación no, pero es como hablar del patriarcado, como hablar del racismo. O sea, eso está ahí, no lo puedes quitar. Y hace 30 o 40 años estaba completamente vigente. Nosotros venimos de una dictadura prácticamente en la que no se consumía nada de fuera y en la que se creía que todo lo que nosotros hacíamos era lo mejor y éramos los mejores, un país hipernacionalista. Es verdad que ayudó a que los españoles se creyeran el ombligo del mundo el (hecho de) que nuestra música se exportaba mucho para allí y había muchos artistas que triunfaban. Cuando llega a mi adolescencia, yo por lo menos, a los garitos a los que iba, lo que escuchábamos era reggaeton y rap americano, rap de club", cuenta.

De ahí que piense que la mescolanza cultural se tiene que dar sola, de manera orgánica. A partir de ahí, la explicación de por qué en El Madrileño confluye tanta amalgama de ellas.

"Para mí era muy, muy, muy importante por dos motivos contar con esa gente y tener a esa gente en el disco, sacarla en mis videos, poner su nombre en grande como las estrellas que son. Uno: para que estos puentes sean posibles y que la gente no tenga que restringirse a su cultura. Yo por ser madrileño, ¿qué es lo que tengo que hacer? Mi patria son mis amigos y mis amigos no son todos madrileños ni han nacido todos aquí. Son de muchos colores. Les gustan muchas cosas. Son de muchos sitios. Nos hemos criado en Internet. Pues para mí este disco, por un lado, era importante tenerles por eso y luego por otro, por aprender. Para mí, el haber aprendido de los maestros y el haberles dado las gracias en mi disco y haberles puesto ahí es una forma también de explicar que es posible la fusión de culturas y que las culturas se mezclen y se abracen y se sigan reproduciendo, porque es así como se reproducen: mezclándose, que es posible y que se puede hacer con total respeto de unas a otras", define.

Pero es que él va a un más allá: no cruza cuestiones de estilos únicamente, sino que traza conexiones generacionales que hacen de su música una rara avis dentro del mainstream musical actual.

Y da sus porqués: "Para mí ha sido intencional el tratar de explicarme. Yo creo que todos los artistas lo que hacen con su obra es tratar de explicar quiénes son. Entonces, por eso cuando se te van pasando las obras te da un poco de rabia porque no te reconoces en lo que has hecho. Y para mí, explicarme en un momento determinado como hace tres años era muy difícil explicarme estar cantando, 'Llorando en la limo' y 'Booty', que son dos canciones que amo, que estoy muy orgulloso, pero yo no me sentía ahí solo. Yo sentía que había más cosas. Y entonces, cuando conocí a Santos y cuando fuimos a Cuba, y cuando entendí que toda la música que yo estaba escuchando tenía que ver por algún motivo. Y cuando entendí ciertas armonías que se repiten en la música latina y que están muy presentes también en el flamenco, cuando entendí ciertas cosas de esas, de repente dije: 'Yo puedo hablar desde este lugar'. Y entonces me di cuenta de que la única forma de hablar con sentido era trazar esos puentes. No podría haber hecho un disco haciendo bachatas lloronas como las hacía Luis Segura. No, no puedo, tenía que hacer esos puentes para que estuviese como legitimado. Ha sido una cosa que me ha venido impuesta, no ha sido como una decisión mercadotécnica. Yo tampoco puedo hacer flamenco. Yo no soy un flamenco. Yo tendré que hacer algo con el flamenco o tendré que hacer algo con con la salsa o algo con la bachata, o algo con el bolero o algo con el son. Pero yo no soy un sonero, igual que tampoco me considero un rapero o un artista urbano. Entonces ahí me ha obligado a mí mismo a decir: 'Bueno, ¿qué eres tú realmente?' Pues sí que me puedo escribir una cuarteta o una redondilla. O sí, que yo sí que entiendo de dónde viene una rumba y ahí me ha obligado a hacer esos puentes. Luego he visto que eran bonitos y de los que me siento orgulloso y que hasta tienen como un valor político o tienen un valor más allá".

"Valor político" es un tópico que se repite dentro de la entrevista y, por supuesto de la obra de Pucho, ¿pero cuál es ese valor político?

"La Concordia", responde. "Esto también me lo ha explicado Drexler", sigue, volviéndole a dar legitimidad a Jorge. "Nadie ve la concordia como algo cool o inspirador: no tiene que ver con ningún discurso político vigente y, de repente, es un valor político fuerte con lo que está sucediendo en el mundo".

También reconstruye cómo fue que se conoció con Jorge Drexler: "Yo le conocí en una alfombra roja en unos Grammy y él se acercó a mí y me recitó una... no sé si era una redondilla o una cuarteta o cuatro versos que yo había escrito y me dijo: '¿Eso lo has escrito tú de verdad?' Y le dije: 'Sí, claro'. Que venga Jorge Drexler y te reconozca a ti por algo que tú has escrito, no por una canción, sino por en concreto unos versos, que es lo que más le importa de todo... joder, pues yo me sentí súper halagado y empezó ahí una bonita relación. Nos fuimos escribiéndonos, fuimos un día al estudio, teníamos una cosa que merecía la pena, pero llegó un momento que es que volví a estar nominado dos años después de que nos conociésemos la primera vez a los Grammy. No podía ir, claro, tenía que estar en España, entonces el festejo era a las cuatro de la mañana, cuando daban el premio era muy tarde, la compañía había hecho como un pequeño evento de 'venga, vamos a verlo juntos' y él estaba muy incómodo porque era: primero, yo no hago la música para recibir los premios; segundo, voy a estar desde las doce de la noche así, con todo el mundo, expectante, a ver si se gana el premio. Eso no tiene nada que ver con lo que yo hago. Se sentía como muy incómodo, ¿sabes? Como estos momentos en los que de repente dices: '¿Realmente yo hago música para hacer estos numeritos estúpidos?' Y entonces, en ese ejercicio, lo que hizo fue llamar a músicos y llevarlos al estudio y, entre esos músicos, me llamó a mí, que no soy músico ni soy nada, pero aporto a sesiones. Yo lo vi como una oportunidad maravillosa para escribir 'Nominao'".

Sobre su relación con Drexler y Calamaro, apuesta a una dicotomía inocentona: "Ese junte fue espectacular porque son dos formas antagónicas del artista. Uno es el intelectual reposado y el otro es el rockero disparatado, el desinhibido y el comedido, el mesurado, el inteligente, el preciso. Son dos cosas que yo amo y que quizás yo me siento un poco más del lado de Calamaro, pero era un poco el ángel bueno y el demonio. Igualmente me siento como una especie de lugar en el centro. Sobretodo por mi idea de que soy también productor y cuando trabajo con otros artistas, o cuando trabajo con ellos, con estos maestros, con todos sus músicos, me dejo la desinhibición y busco un poco más ser más Drexler que Calamaro, pero haberles juntado en el estudio, haber visto esas chispas, es increíble. Jorge se tira cinco minutos pensando hacia dónde está yendo la letra y qué es lo que quiere decir y pensando la palabra precisa y Andrés va haciendo pom, pom, pom, pom".

Pasando a las propias letras de sus canciones y de las posibles críticas que puedan recibir por parte del público, C. Tangana se pone del lado de sus oyentes, que, según él, tienen total libertad para criticar lo que vean cuestionable.

Así lo explica: "Los artistas no nos podemos quejar de que nos juzguen porque vivimos de eso. Vives de esa exposición y creo que es el trabajo de otras personas y que lo tienen que hacer el juzgar. Y si la cultura nos está conduciendo hacia algo malo, si no es aquí y en ese terreno, yo acepto todo lo que se quiera decir de mí. Creo también que como hombre que soy., cuando me pongo a explorar partes oscuras... porque yo no escribo canciones para educar a la gente, yo escribo canciones viscerales en las que digo cosas líricas. Hay cosas malas también, hablo de excesos igual que habla Andrés en canciones. Pues hay partes oscuras también en ese lado y estoy seguro de que esas partes están ahí. Pero una cosa es hacer apología y otra cosa es no explicar, hacer sentir, utilizar la lírica. Me gustaría que el arte no se convirtiese en gente diciéndome cómo ellos piensan que tiene que ser el mundo o cómo tengo que educar a mis hijos o qué es... Imagínate que todas mis canciones solo tratasen de explicar las cosas buenas que yo hago y que yo tengo. ¿Qué clase de disco sería ese entonces? Bueno, vivimos en la época de la cancelación y hay que tener mucho cuidado, pero a mí me gustaría que el arte pudiese seguir metiéndose en la parte oscura del mundo, porque yo vengo de leer a Bukowski y de escuchar a Nirvana de una cultura que... bueno, que no era el Arcipreste de Hita, ¿sabes? O sea, no era decirle a la gente lo que tiene que hacer en absoluto, nunca ha sido mi estética. Están las dos cosas. Hay una parte que hay que aceptar, hay otra parte que hay que reivindicar. Bueno, no todo el arte va a ser decirle a la gente lo bueno que es uno, ni lo bueno que son ellos, ni cómo hay que comportarse en el mundo".

Después llegaron demás elogios y vicisitudes con otros colegas, pero, si vamos a la caja negra de su vida, ¿cuál es el momento que lo convierte en C. Tangana?

Yo me había ido a Quintana porque había perdido mi trabajo. De hecho he estado en pleitos con mi trabajo. Me había dejado mi novia de cuatro o cinco años y el compañero de piso con el que yo me había independizado con 18, tendría por aquel entonces 23 o 24, también se fue de la ciudad. De repente estaba en la soledad y la precariedad más absoluta, que lo único que podía (hacer) era volver a que mi madre me hiciese así la cara. O sea, no tenía ninguna alternativa. Además, estudiando filosofía en aquel momento sin haberla terminado, que tampoco tiene ninguna salida laboral. Estaba amargado de la música y me fui a Quintana a vivir a un barrio que no vivía ningún colega ni nada para ir a un curro que estaba un poco más cerca de ahí. Y después de un año de estar boxeando, entrenando, leyendo y sin tener ninguna relación con la música, me medio enamoré de una chica que me trató muy mal y esa ruptura me obligó un día a sentarme a escribir. Al día siguiente me di cuenta de que yo lo que tenía, lo único y lo mejor que podía hacer era era eso. Ese día escribí 'Bolsas'".

Hacia el final de la entrevista se abre la caja. Comienza un desafío inesperado. Semana a semana una figura se someterá al living para dialogar y reflexionar. Y vos, ¿te animás a recordar qué momento hizo un click en tu vida?

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