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Los tres hijos de Sarah Gilbert, directora de la vacuna de Oxford, voluntarios de su ensayo clínico

Los trillizos de la científica, con 21 años y todos ellos estudiantes de bioquímica, decidieron también participar en el ensayo.

Los tres hijos de Sarah Gilbert, directora de la vacuna de Oxford, voluntarios de su ensayo clínico

Los tres hijos de Sarah Gilbert, directora de la vacuna de Oxford, voluntarios de su ensayo clínico

El 20 de julio, un artículo publicado en la revista médica The Lancet traía una buena noticia en lo que al coronavirus refiere; que la vacuna candidata por el equipo de investigadores de la Universidad de Oxford liderado por la doctora Sarah Gilbert había inducido respuesta inmunitaria —generando anticuerpos y células T para combatir al virus— y había demostrado ser segura para las personas.

Se avanzaba entonces hacia una fase 3 del ensayo clínico, que usualmente incorpora muchos más participantes y en la que se hacen pruebas aleatorias y de doble ciego, y se las compara contra un placebo.

En este contexto, se dio a conocer algo bastante curioso: en esta etapa que busca evaluar la efectividad de la vacuna, los trillizos de la científica, con 21 años y todos ellos estudiantes de bioquímica, decidían participar en el ensayo.

"La verdad es que no tuvimos demasiado tiempo para discutirlo porque yo no pasaba mucho tiempo en casa en aquella época", contestó Gilbert cuando se le preguntó al respecto."Conocemos el perfil de los efectos adversos y sabemos la dosis que tenemos que utilizar, lo hemos hecho muchas veces antes. Obviamente estamos haciendo pruebas de seguridad, pero no nos preocupan".

De resultar exitosa, la vacuna desarrollada conjuntamente con la empresa farmacéutica AstraZeneca podrá ser suministrada "a fines de año a más tardar", según palabras de su director general Pascal Soriot, y será entregada a precio de costo en todo el mundo.

Gilbert, por su parte, también expresó una confianza notable en sus posibilidades, diciendo que la vacuna de Oxford tiene un 80% de probabilidad de ser efectiva; aunque la Organización Mundial de la Salud pide prudencia y asegura que —dado que normalmente una vacuna tarda en desarrollarse, probarse y producirse un mínimo de entre 12 y 18 meses— seguramente no se tenga una solución definitiva hasta 2021.

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