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Actualidad SOCIEDAD

Qué cambios impondrá la ley de etiquetado frontal de alimentos

La Cámara de Diputados aprobó la ley que le brindará más información a los consumidores y representará nuevos desafíos para las empresas.

Se aprobó la ley de etiquetado frontal de alimentos

Se aprobó la ley de etiquetado frontal de alimentos

La ley de etiquetado frontal de alimentos en nuestro país es un hecho. Con 200 votos a favor, 22 negativos y 16 abstenciones, la Cámara de Diputados aprobó anoche el proyecto que ya había recibido media sanción en el Senado, en octubre del año pasado.

¿De qué se trata? A partir de ahora, los alimentos envasados deberán contar con etiquetas (octógonos negros) en la parte delantera que adviertan sobre los excesos de azúcares, grasas saturadas y totales, calorías y sodio.

Más información para el consumidor, nuevos desafíos para las empresas

Con la pandemia de coronavirus (COVID-19), muchas personas decidieron cambiar sus hábitos alimenticios, a partir de que comenzaron a cocinar más y a prestar más atención al origen de los productos.

Según un relevamiento de la consultora Kantar, el 80% de los argentinos dice que trata de limitar el consumo de alimentos que hacen mal a la salud o no son naturales, aunque todavía queda mucho espacio para generar conocimiento de las ventajas y desventajas de las cosas con las que nos alimentamos.

En relación a la flamante ley, un 79% considera que puede llegar a ser beneficioso para la dieta de los argentinos, mientras que 6 de cada 10 personas piensan que es muy probable que cambien algunas de sus elecciones de productos cuando se enfrenten a una góndola llena de advertencias.

Ante estas situaciones, muchas empresas deciden embarcarse en procesos de reformulación de productos, reduciendo la proporción de ciertos ingredientes para evitar ser penalizadas con el octágono negro, pese a que se exponen al riesgo de ser percibidos como menos sabrosos que sus competidores.

Este tipo de iniciativas ya están vigentes en países vecinos como Chile, Colombia y México. Precisamente, en este último, las nuevas etiquetas en los productos no pasaron desapercibidos y generaron diversas reacciones en los consumidores: culpa, confusión y sorpresa. Culpa por el hecho de sentirse señalados y tener que reconocer que estaban comiendo muy mal; confusión porque la góndola se "contamina" visualmente y se complejiza la elección de productos; y sorpresa porque vieron advertencias en productos que se consideraban saludables, cómo jugos o yogures. Queda claro que las etiquetas no bastan: es necesario un cambio en la cultura alimentaria, con un mayor compromiso de las instituciones educativas, los gobiernos y las empresas.

Apoyo internacional a la ley de etiquetado

La Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), UNICEF y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) celebraron la sanción sin modificaciones del proyecto de Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, conocido como Ley de Etiquetado Frontal.

Las tres organizaciones de las Naciones Unidas señalan que la aprobación de la Ley es un paso histórico en la protección de los derechos a la salud y a una alimentación saludable, sobre todo de niñas, niños y adolescentes, ya que constituye una medida clave para la prevención del sobrepeso, la obesidad y otras enfermedades no transmisibles relacionadas con la mala alimentación, como la hipertensión arterial, diabetes, colesterol e hiperglucemia.

Según la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS 2) Argentina tiene la tasa más alta de exceso de peso en menores de 5 años de América Latina con un 13,6%; el sobrepeso y la obesidad afectan a más del 40% de los niños y niñas de entre 5 y 17 años y al 70% de la población con 18 años o más.

Esta ley beneficia a toda la sociedad argentina, especialmente a las familias más vulnerables que evidencian un 21% más de obesidad que las de ingresos altos; las brechas sociales de la obesidad se incrementan según empeoran las condiciones socioeconómicas y las y los adolescentes de menores ingresos tienen un 31% más riesgo de padecer obesidad (UNICEC y FIC). Además, la oferta y comercialización de productos no saludables es particularmente efectiva en niñas, niños y adolescentes, quienes consumen 40% más de bebidas azucaradas y el triple de golosinas que las personas adultas (ENNyS 2). 

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