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Así funciona la ciencia

¿Cómo se construye la verdad científica? ¿Y por qué es tan difícil hacer ciencia en los países en vías de desarrollo?  

Así funciona la ciencia

Así funciona la ciencia

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Por: M. Alejandra Petino Zappala *

Mucho se habla últimamente de los científicos argentinos, qué hacemos y qué no hacemos, cuánto dinero recibimos y por qué. Pero pocas personas fuera del ámbito científico conocen las idas y vueltas de la profesión.

En general, se sabe que el científico investiga, establece hipótesis y predicciones, analiza datos, si puede experimenta, pone sus hipótesis a prueba y saca conclusiones. Pero para que el producto de todo ese trabajo se considere válido (no necesariamente verdadero) debe pasar primero por algunos filtros muy bien regulados.

Este proceso tiene una historia: el sistema científico actual, con todas sus reglas, es relativamente reciente. Los protocolos estrictos que se siguen en la actualidad para trabajar y publicar se establecieron “sobre la marcha”. En general, los “científicos” (término surgido recién en el siglo XIX para llamar a naturalistas, filósofos naturales, químicos, matemáticos) enviaban cartas con sus hipótesis o descubrimientos a las sociedades científicas para que sus aportes fueran discutidos entre los miembros.

A lo largo de los años, esas cartas mutaron en lo que hoy conocemos como paper o artículo científico, una publicación con un formato establecido en la que los autores utilizan distintos recursos para justificar la importancia de su tarea, muestran los datos para que su trabajo -si se puede- sea replicado, exponen los razonamientos detrás de sus conclusiones y discuten sus aportes en función de otros saberes aceptados por la comunidad científica.

Actualmente los papers pasan por un proceso de revisión: otros especialistas deciden si esos trabajos merecen ser publicados en la revista en cuestión, si es necesario dar más certeza a las conclusiones antes de publicar, a veces opinan que el autor no entiende nada y debería dedicarse a otra cosa (¡en serio!), etcétera. Si los revisores y editores de la revista están de acuerdo, publican el trabajo. En el sistema actual, recién en ese momento el trabajo tiene validez, pues se considera que ha cumplido con rigurosos estándares de calidad.

El mandato de publicar

Para poder obtener becas, subsidios para investigación o cargos, uno debe justificarse mediante esas publicaciones. En el caso de los papers, se suele tener en cuenta la revista en la que fueron publicados a la hora de decidir su valor. Las revistas que son más leídas y más citadas por otros científicos son las que más “valen”. En general se las divide mediante cuartiles: Q1 es el 25% de revistas más citadas, y así hasta Q4.

Algunas revistas ni siquiera entran en este índice y es habitual que el puntaje asignado a los papers publicados en ellas sea mucho menor. Eso genera un círculo vicioso en que muchos científicos quieren publicar en las revistas más leídas y eso las hace subir aún más en sus indicadores.

No sorprende descubrir que las primeras del ranking son estadounidenses, inglesas o de otros países centrales; hay pocas revistas argentinas en Q1, algunos años ninguna llega. Por supuesto, el sistema científico no flota en el éter, desconectado del resto del mundo. Está inmerso en una sociedad capitalista que también tiene sus reglas y sus procesos.

Tradicionalmente, las universidades, institutos, asociaciones o científicos pagaban una suscripción a las editoriales para poder leer el contenido de esas revistas. Muchas de las revistas siguen funcionando así. Pero recientemente surgió otro sistema conocido como Open access. En general, en el sistema Open access quien escribió el paper debe pagar un costo de publicación, pero cualquier lector puede consultar el trabajo gratis en internet.

Este sistema se considera más “democrático”, aunque también puede verse como un recurso para que las editoriales no pierdan dinero cuando surgen iniciativas como Sci-Hub, que buscan garantizar el acceso gratuito a los papers. Por ese motivo, cada vez más revistas usan este sistema; en algunas áreas son la mayoría. Además, en algunos países los investigadores del Estado deben publicar obligatoriamente en Open access (y reciben el dinero necesario para costear esas publicaciones).

Precios inflados

No es casual que desde entonces los costos de publicación estén en alza. En las editoriales más grandes, que publican la mayoría de las revistas en los puestos superiores del ranking, el promedio es de 2000 dólares, más de 90.000 pesos, por la publicación de un único paper. En algunas revistas pueden llegar a los 5700 dólares, más o menos 260.000 pesos argentinos al día de hoy.

En Argentina, entre la inflación y los recortes en ciencia, esa suma es imposible de alcanzar para los investigadores, a los que además se les exige publicar una cierta cantidad de trabajos para mantenerse en el sistema.

Aunque se puede pedir a las editoriales que “perdonen” el costo de publicación para un paper, a veces sólo lo rebajan a la mitad y ese costo es aún equivalente al dinero del que un grupo dispone para publicar por varios años. Eso impide que muchos trabajos realizados en nuestro país lleguen a las revistas con mayor difusión, y el problema seguirá empeorando a medida que aumentan las publicaciones que usan el sistema.

Hace tiempo que se discute la necesidad de cambiar los sistemas de publicación científica, indudablemente favorecedores de los países centrales y de los grupos con mayores recursos económicos, que serán los que impongan su agenda. Nadie sabe qué depara el futuro; por lo pronto, es importante que los ciudadanos sepan cómo funcionan estos sistemas, cómo se evalúa a los científicos y por qué la inversión estatal es imprescindible para la soberanía en ciencia y tecnología.

*Doctora en Ciencias Biológicas (área evo-devo) y docente en FCEN (UBA). Especialista en comunicación científica (UBA) y miembro de esparCiencia. Le gusta la fotografía, andar en bici y hacer yoga.

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