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Protón biología

¿Gatos que se drogan? Sí: gatos que se drogan

La búsqueda de estados alterados de consciencia no es exclusiva de los seres humanos. Mirá los videos de otros animales bajo efectos de sustancias psicoactivas. 

¿Gatos que se drogan? Sí: gatos que se drogan

¿Gatos que se drogan? Sí: gatos que se drogan

Por: Nicolas Olszevicki

¿Por qué las drogas "pegan"?

La palabra "droga" tiene, básicamente, dos acepciones: la primera refiere a cualquier tipo de medicina; la otra tiene una connotación en general negativa, y refiere específicamente a las drogas ilegales que se usan con fines recreativos para alterar estados de consciencia. 

Como es un término algo ambiguo y en general mal usado, es mejor hablar de sustancias psicoactivas: o sea, compuestos químicos, que pueden ser más o menos naturales, capaces de cambiar el modo en que funciona la mente, generando alteraciones en las sensaciones de dolor y placer, en el estado de ánimo, en la conciencia, en la percepción, en la capacidad de pensar y de ser creativos, en el estado de alerta, etc.

Es obvio que para que todas estas cosas ocurran, tiene que darse algo particular en el cerebro que no ocurre con otras sustancias (como por ejemplo el agua). Para entender qué hacen entonces las sustancias psicoactivas, hay que entender mínimamente cómo funciona el cerebro.

No voy a profundizar mucho porque sé que estás esperando los videitos de animales drogados, pero básicamente la cosa es así. En el cerebro hay células especializadas (neuronas) que se comunican mediante señales eléctricas y químicas. Las señales químicas que se mandan de neurona a neurona se llaman neurotransmisores y esos neurotransmisores, que son de muy diversos tipos, son capturados por receptores específicos.

El resultado perceptible de esa comunicación química es reconocible, para nosotros, como una determinada sensación (placer, asco, etc). Los neurotransmisores están todo el tiempo regulando nuestro comportamiento e invitándonos a hacer ciertas cosas y dejar de hacer otras. 

Las sustancias psicoactivas actúan en alguno o algunos de los receptores de una o varias redes neuronales, modificando, en última instancia, la forma en que esas neuronas procesan y transmiten la información y modificando, por lo tanto, el modo en que nos sentimos.

Es evidente que los humanos encontramos algo atractivo en el consumo de estas sustancias  que modifican nuestro estado habitual. Hay pruebas de que nos drogamos desde hace cientos de miles de años. Ahora bien: ¿Por qué buscamos algo que a la larga nos hace mal, que más que incrementar reduce nuestras chances individuales de supervivencia y de dejar descendencia? 

La hipótesis del secuestro

Lo que hacen algunas drogas, según la hipótesis dominante hoy en día, es aprovechar lo que se conoce como “sistema de recompensa” del cerebro, aquel que premia las actividades que incrementan nuestra capacidad de supervivencia y reproducción. Que determinadas actividades (como el sexo o la comida) nos den placer es muy conveniente, porque vamos a seguir buscándolas y eso va a incrementar nuestras chances de supervivencia y la posibilidad de tener una descendencia que porte nuestros genes.

Y no somos los únicos que tenemos este sistema de recompensa: la organización general de los sistemas de recompensa en los distintos animales es más o menos similar, inclusive en algunos muy distantes en la historia evolutiva.

Muchas de las sustancias que resultan adictivas para los seres humanos actúan sobre los mismos sistemas de recompensa ancestrales del cerebro que fueron seleccionados porque favorecen la supervivencia de la especie. Si bien actúan de maneras diferentes, el resultado final es bastante similar. En consecuencia, nuestro cerebro interpreta que es algo bueno -aunque no lo sea- y que por lo tanto es algo que conviene seguir consumiendo.  

Animales que se drogan

Es probable que las sustancias psicoactivas naturales hayan evolucionado como herramientas que les permitieron a plantas y hongos defenderse de los mamíferos y otros depredadores

El tema es que algunos animales aprendieron a hacer un consumo recreativo de ellas y a buscarlas activamente. Y cuando digo "algunos animales" no me refiero exclusivamente a nosotros. 

Esta semana se hizo viral un video de delfines que "juegan" con un pez globo. Lo que hacen, en realidad, es morderlo lo suficiente como para que largue una neurotoxina que afecta su cerebro y los deja en una especie de estado de trance.

  

Otros que consumen drogas con fines aparentemente recreativos son los gatos, que son sensibles a una hierba que se conoce como "hierba gatera" (o "catnip"). Aunque es imposible saberlo con certeza, se piensa que la nepetelactona les genera alucinaciones, dado que intentan cazar incluso cuando no hay ninguna presa a la vista. Esta sustancia, además, tiene un efecto muy similar al de las feromonas: induce un comportamiento muy parecido al que tienen cuando tienen deseo sexual.

Yapa: un jaguar después de consumir ayahuasca.

¿Y qué pasa entre los primates más cercanos a nosotros? El consumo de alcohol (la droga más peligrosa que hay, en términos de la cantidad de muertes de la que es responsable) es bastante habitual. De hecho, se ha llegado a formular una hipótesis con un nombre hermoso (la "hipótesis del mono ebrio") que supone que el gusto de los seres humanos por el alcohol sería un resabio de los beneficios de consumir fruta fermentada (dado que el alcohol aporta calorías) en la época en la cual nuestros antepasados primates empezaron a estar menos en los árboles y un poco más en el suelo, hace  unos diez millones de años.

Del gusto (evolutivamente conveniente) por esa fruta fermentada derivaría el gusto actual por el alcohol, que ya no es adaptativo. Una predicción de esta hipótesis es que los primates deberían tener una tendencia a consumir alcohol cuando se lo encuentran. Y en efecto, así ocurre, como pueden ver en el videito de acá abajo. 

Bueno, en fin. Drogarse por diversión parece ser una constante de la naturaleza, aunque no esté para nada claro por qué ocurre. Según algunos especialistas, a partir de la abundancia de ejemplos en la naturaleza puede concluirse que hay una especie de tendencia universal a buscar estados alterados de consciencia

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