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Ciencia

Infección natural versus vacunación: ¿es distinta la inmunidad que generan?

Un nuevo estudio da información sobre las células B de memoria, responsables de la protección a largo plazo, en personas vacunadas y en aquellas que cursaron la infección de forma natural.

Infección natural versus vacunación: ¿es distinta la inmunidad que generan?

Infección natural versus vacunación: ¿es distinta la inmunidad que generan?

Por: Florencia Luna

La ansiada inmunidad de rebaño —y por ende un futuro sin miedo al COVID-19— depende de dos cosas: los anticuerpos circulantes y las células B de memoria. Mientras que los primeros alcanzan su punto máximo poco después de la vacunación o la infección solo para desaparecer unos meses después, las segundas forman parte de la memoria inmunológica, evolucionan con el tiempo y son importantes para producir sucesivamente "anticuerpos de memoria" más potentes, es decir, con mayor capacidad para neutralizar el virus y para adaptarse a las variantes.

En este sentido, un nuevo estudio de la Universidad Rockefeller en Estados Unidos sugiere que no todas las células B de memoria son iguales: si bien la vacunación da lugar a células B de memoria que evolucionan en unas pocas semanas, las que se generan durante la infección natural continúan evolucionando durante varios meses, produciendo anticuerpos altamente potentes capaces de eliminar incluso las variantes virales.

Pero ojo, los autores advierten que a pesar de esta ventaja de la infección natural por sobre la vacunación, los beneficios no superan el riesgo de gravedad y muerte que implica cursar la enfermedad de COVID-19. 

Cuando cualquier virus ingresa al cuerpo, las células inmunes producen inmediatamente hordas de anticuerpos circulantes, explican los investigadores. "Soldados de infantería del sistema inmunológico, estos anticuerpos arden con intensidad pero se descomponen a tasas variables según la vacuna o la infección; pueden protegernos durante meses o años, pero luego disminuyen en número, lo que permite una posible reinfección".

Acá es cuando entra en juego el plan de respaldo: células B de memoria que sobreviven para brindar protección a largo plazo. Cuando hablamos de, por ejemplo, la viruela, sabemos que este tipo de células duran al menos 60 años después de la vacunación. Los de la gripe española, casi un siglo. Y aunque no impiden necesariamente la reinfección, pueden prevenir enfermedades graves.

Estudiando como evolucionan este tipo de células a partir de muestras de sangre tanto de pacientes que tuvieron la infección como de individuos vacunados —con dosis de Pfizer o Moderna—, el equipo de investigadores encontró que en ambos casos el número de células B de memoria generados era similar

Sin embargo, en el caso de las personas vacunadas, las células estaban presentes en grandes cantidades y expresaban potentes anticuerpos, pero no se estaban volviendo más fuertes. No sucedía lo mismo con quienes habían cursado la infección: las células continuaron evolucionando y mejorando hasta un año después.

Hay varias posibles razones para explicar esta diferencia: quizás el cuerpo responda de manera diferente a los virus que ingresan a través del tracto respiratorio que a los que se inyectan en la parte superior de los brazos; tal vez un virus intacto incita al sistema inmunológico de una manera que la proteína de pico representada por las vacunas no puede; o bien, dado que el virus persiste en los infectados naturalmente durante semanas (contrario a los vacunados, que lo eliminan del cuerpo pocos días después de desencadenar la respuesta inmune deseada) le da al organismo más tiempo para generar una respuesta más sólida.

La buena noticia es que, por lo menos durante cinco meses posteriores a recibir una vacuna o recuperarnos de una infección natural, nuestras células B de memoria permanecen alerta aunque los anticuerpos hayan disminuido. Por otro lado, entender mejor las diferencias en la respuesta inmune desencadenada en ambos casos permite posicionarnos mejor a la hora de diseñar e implementar inyecciones de refuerzo

"El momento de administrar el refuerzo depende del objeto", sostiene el autor del estudio. "Si el objetivo es prevenir la infección, entonces será necesario realizar un refuerzo después de 6 a 18 meses, dependiendo del estado inmunológico del individuo. Si el objetivo es prevenir enfermedades graves, es posible que el refuerzo no sea necesario durante años".

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