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Cine y Series Más perdida que antes

Análisis | La Corazonada: La primera película argentina de Netflix

La Corazonada es una gran oportunidad desperdiciada para el cine nacional y un flojo comienzo para este tipo de producciones en el servicio de streaming.

Estrena globalmente hoy como parte de una nueva tanda de producciones argentinas para Netflix

Estrena globalmente hoy como parte de una nueva tanda de producciones argentinas para Netflix

Por: Ana Manson

Hay un abismo de distancia entre Perdida (2018) y su precuela La Corazonada, que estrena hoy en la pantalla de Netflix. La primera película argentina para el servicio de streaming es un thriller policial que sigue los pasos de Manuela “Pipa” Pelari (Luisana Lopilato), una joven novata en la fuerza, a quien ya vimos en acción como una detective experimentada en la película anterior de Alejandro Montiel.

Basada en el libro de Florencia Etcheves “La Virgen en tus Ojos”, esta nueva adaptación a la pantalla levanta el testigo de su predecesora (basada en la novela Cordeliade la misma saga) para entregarnos una historia de origen que no es tal, sino un caso policial aleatorio (o mejor dicho, dos) donde el personaje de Pipa juega un rol casi secundario, mientras encuentra su lugar dentro del cuerpo de policías.

Manuela Pelari es una novata en la fuerza que demuestra cierto grado de talento para la investigación criminal cuando se une a un caso de alto perfil a cargo de Francisco Juanez (Joaquín Furriel), el inspector más reconocido de la división de homicidios. Casi por casualidad termina trabajando con él en un nuevo caso, al mismo tiempo que es convocada por el fiscal Roger (Rafael Ferro) para espiar a su compañero, presuntamente sospechado de un asesinato.

Tal vez de tanto investigar a los asesinos se convirtió en uno.

Esta línea de diálogo pronunciada por uno de los personajes secundarios, compañero de Juanez en la fuerza, pretende sembrar sospechas sobre el protagonista, que durante toda la película flotan sobre su cabeza. Como familiar de una víctima de asesinato culposo, se lo acusa de buscar venganza contra el homicida, pero las pistas son tan inconsistentes como la lealtad de su compañera (ahora convertida en espía), que cree estar segura de su inocencia.

Maite Lanata interpreta a una joven acusada por el homicidio de su amiga

Mientras tanto, otro caso se desarrolla en paralelo cuando una chica de veinte años aparece asesinada en su casa, sin conexión alguna con el primer caso ni con el presunto crimen cometido por Juanez. Con ritmo cansino y pobre edición, ambas investigaciones se van entrelazando, aunque no comparten más que débiles conexiones, que no aportan a la trama ni a la resolución de ninguno de los dos. Todo en pos de una forzada ambigüedad que pretende generar suspenso e interés en alguno de los dos casos, pero se queda a medio camino.

La conexión con Perdida es apenas un guiño, y el personaje de Luisana Lopilato ni siquiera parece la misma “Pipa” que conocimos en aquella película. Su actitud confiada e intimidante a pesar de ser una novata en la fuerza, que se ve implicada involuntariamente en un caso de corrupción, no refleja el potencial para convertirse en la protagonista que conocimos. Pero la responsabilidad no recae plenamente sobre ella, que recita sus diálogos sin ninguna emoción al igual que el resto de sus colegas, todos reconocidos actores de trayectoria.

Una protagonista que puede entregar mucho más de lo que da en esta historia

Hay un marcado abuso del diálogo expositivo sobre la investigación criminal, que revela exactamente lo mismo que estamos viendo en pantalla, subestimando al espectador. Esto sumado a las innecesariamente largas escenas de explicaciones forenses, contribuye a dilatar una trama ya de por sí lenta, que en ningún momento justifica sus dos horas de duración. Los planos básicos y tomas estáticas, que se hacen especialmente evidentes en las conversaciones entre dos personajes, tampoco colaboran a mejorar el ritmo de la narrativa.

Con una producción que tenía todo para triunfar, desde presupuesto hasta talentos delante y detrás de cámara con un sólido material original, La Corazonada se siente como una oportunidad perdida para el cine nacional, que encontró una nueva plataforma de exhibición para el resto del mundo, pero no refleja su potencial en esta ocasión. Solo nos resta esperar que la próxima película original de Netflix para Argentina (un tropezón no es caída) encuentre un mejor uso para los recursos a disposición.

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