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Cine y Series Otra vuelta de cubo

Análisis | The Speed Cubers, mucho más que un rompecabezas por resolver

Netflix nos invita a jugar de la mano de este cortometraje documental centrado en el cubo Rubik y una amistad menos compleja de resolver. 

Mucho más que un hobbie(Netflix)

Mucho más que un hobbie | Netflix

Por: Jessica Blady

A simple vista, “The Speed Cubers” (2020) parece querer seguir los pasos de “The King of Kong: A Fistful of Quarters” (2007), documental ambientado en el mundo de los arcade y la competitividad que se estableció entre Steve Wiebe y Billy Mitchell por el récord mundial del Donkey Kong. Básicamente, dos hombres enfrentados en busca de la gloria, acá trasladado al fascinante universo que representa el speed cubing’: deporte profesional que engloba a aquellos que pueden resolver un cubo de Rubik en apenas pocos segundos.

El australiano Feliks Zemdegs y el norteamericano Max Park son dos de los campeones más reconocidos y este cortometraje documental, dirigido por la debutante Sue Kim, nos mete de lleno en sus cortas carreras profesionales como antesala al último campeonato mundial celebrado en Melbourne (Australia), en julio de 2019. Kim se concentra en la tensión de este enfrentamiento, pero antes nos muestra la relación que existe entre estos dos contrincantes: una amistad a prueba de cualquier victoria… o derrota.

Por casi una década, Zemdegs fue visto como el campeón a vencer de esta disciplina que va tomando notoriedad con el paso de los años. Gracias a su propio testimonio y el de su mamá, más imágenes de archivo, conocemos al pequeño y entusiasta Feliks, obsesionado con la creación del húngaro Ernő Rubik, hasta convertirse en este joven adulto, con varios récords a cuestas, que debe empezar a resignar sus pasiones en nombre de las responsabilidades de la madurez. El reinado del australiano, sin dudas, está llegando a su fin, reemplazado por las destrezas de Park.

Max es un jovencito californiano que irrumpió en la escena del cubing en el año 2017, dejando a todos boquiabiertos. Esa jornada, Park se llevó a casa la medalla de oro, pero también la posibilidad de conocer a su ídolo más grande: Zemdegs. Desde entonces, Max se dedicó a sobrepasar cada una de las marcas de Feliks, salvo por la prueba del Cubo 3x3x3, un clásico que todavía sigue siendo su asignatura pendiente y una de sus más grandes frustraciones.

Feliks Felicis 

Para Park no es tan fácil lidiar con la derrota, pero tampoco con la presión de los campeonatos y las multitudes. Como muchos aspectos de su vida, estos fueron (y son) obstáculos que tuvo que aprender a asimilar y superar desde su lugar en el trastorno del espectro autista… y todavía lo hace. Para Max el cubo Rubik se transformó en un elemento crucial a la hora de desarrollar su motricidad fina y concentración. Incluso para ejercitar sus habilidades sociales y emocionales casi nulas. Para sus papás, el cubing es un método terapéutico que ayudó a mejorar la vida de su hijo, pero también el objeto de esos reveses que debe aprender a controlar.   

The Speed Cubers” nos deja espiar la intimidad de estos dos campeones, pero lo más importante es la relación de amistad que establecieron más allá del ámbito competitivo. Una correspondencia que tiene sus complicaciones para estos rivales que no siempre logran decir con palabras lo que sienten. Kim centraliza su pequeña historia en estas cuestiones, sin meterse en la historia del cubo ni en la de los campeonatos. Si hay lugar para explicar la complejidad de este deporte tan dependiente de los algoritmos y las matemáticas, y ni hablar de la velocidad de los dedos.

El invencible Max Park 

Incluso cuando llega el momento de la verdad, y el enfrentamiento entre Max y Feliks en la arena -un campeonato importante para Zemdegs, quien regresa a su Melbourne natal-, nuestra “lealtad” fluctúa entre estos dos paladines que se merecen ganar pero, por sobre todo, mantener intacta esa amistad a prueba de todo. Este es el obstáculo más difícil que deben atravesar ambos jugadores, más allá de su relación con el juego, las victorias y las derrotas. Así, The Speed Cubers” trasciende la temática deportiva y hasta lo “anecdótico” de un nuevo certamen, para correr el punto de vista y mostrar una cara más humana.

Esto no tiene solo que ver con Max, el autismo y la autosuperación -Kim nunca lo ubica en el lugar de víctima-, sino también con Feliks y el comienzo del final de este recorrido, metáfora poco sutil sobre la madurez, ya que está comprobado que los “adultos” no son tan buenos como los jovencitos en esto de resolver rompecabezas tridimensionales.   

Dos amigos a prueba de todo

En sus escuetos cuarenta minutos, “The Speed Cubers” tiene un poco de todo para ofrecer: la emoción del campeonato para los amantes del deporte y del cubo de Rubik en particular; el aspecto más “sano” de la competencia, y la historia de estos dos jugadores hermanados por un pequeño poliedro de colores, cuyas vidas se vieron afectadas positivamente por la presencia (y no la rivalidad) del otro.  

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