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Hoy termina Chernobyl: todo lo que tenés que saber sobre la miniserie

El nuevo fenómeno de la televisión llega a su fin en un episodio cargado de tensión y respuestas.

El momento de la explosión que cambió al mundo(HBO)

El momento de la explosión que cambió al mundo | HBO

Por: Leon Valle

Esta noche llega a latinoamérica el quinto y último episodio de la miniserie Chernobyl, la nueva sensación de HBO que ya se ha convertido en una de las mejores producciones de este 2019. 

El “efecto Chernobyl”, como la invisible amenaza de la radiación, es inevitable. Si bien durante sus primeras semanas la serie se vio opacada por los últimos episodios de Game of Thrones, el final de la creación de Weiss y Benioff hizo virar la atención del mundo entero a este nuevo fenómeno que pocos esperaban y a todos sorprendió.

Sucede que si bien HBO continúa siendo una de las pocas cadenas que parece realizar una verdadera curaduría y es garantía de calidad, los nombres detrás de Chernobyl no le movían la aguja a nadie — comenzando por su creador Craig Mazin, cuyo currículum vitae incluye algunas entregas de la saga paródica Una película de miedo (“Scary Movie”), la espantosa Superhéroes: la película (“Superhero movie”) y comedias olvidables como las dos secuelas de ¿Qué pasó ayer? (“The Hangover”).

Stellan Skarsgård y Jared Harris como Boris Shcherbina y Valery Legasov | Imagen: HBO

Mazin, con una sensibilidad que desconocíamos, capitalizó la ignorancia general acerca de los eventos que se sucedieron en aquel fatídico 26 de abril para construir una historia basada en hechos reales que se sostiene por un guión sólido, actuaciones excepcionales y una clara intención de relatar los hechos no sólo a través de la mirada de los actores principales del conflicto sino también desde el horror de los miles afectados por él.

El guión es sólo una parte del atractivo de Chernobyl que como True Detective, Sharp Objects y Big Little Lies estuvo a cargo de un único realizador. Johan Renck, un director de comerciales y videoclips que durante los últimos años se volcó a la televisión, le imprimió una coherencia visual y narrativa que hace posible pensar las cinco partes como una construcción única, con las mismas influencias y visión.

Chernobyl podría haberse planteado como un drama político crítico del sistema, pero la historia elige centrarse en los verdaderos protagonistas de la historia, los hombres y mujeres que trabajaron incesantemente para resolver un conflicto que podría haber sido de escala global, aún sabiendo que se condenaban a sí mismos haciéndolo. El concepto del colectivismo y su valoración de supervivencia de la nación por sobre los individuos es una ideología que permea en toda la serie. Uno tras otro los grupos de voluntarios se exponen a la radiación para cumplir con tareas que son imposibles realizar de otra manera en pos del bien común: los mineros, obligados a trabajar sin ventilación y con temperaturas superiores a los cincuenta grado; los soldados encargados de eliminar a todos los animales de la zona de exclusión; los “biorobots” que limpian el techo de la planta de grafito; y el “escuadrón suicida”, los tres hombres que se sumergieron en el agua contaminada para drenar los contenedores y evitar una reacción en cadena que hubiera hecho explotar el resto de los reactores y hubiera vuelto a Europa una zona inhabitable por miles de años.

Los últimos minutos del segundo episodio, titulado “Please Remain Calm”, son el mejor ejemplo de por qué Chernobyl es una historia de terror. La extraordinaria dirección de Renck convirtió la secuencia en uno de los momentos más tensos de la serie, en el que los tres hombres, debajo de la zona caliente, ven cómo las linternas comienzan a fallar y los condenan a una oscuridad absoluta. Más allá de las imágenes gráficas de los efectos de la radiación (que las hay, y muchas), la serie se destaca por darle vida a la amenaza invisible. El sonido del contador geiger, presente aún cuando el dispositivo no lo esté, es advertencia suficiente para generar tensión en el espectador, que ha visto las consecuencias y las secuelas que les esperan a los personajes, cumplan o no con éxito la misión de turno.

La tragedia después de la tragedia | Imagen: HBO

El episodio de esta noche mostrará el juicio del estado soviético contra los tres aparentes responsables de la catástrofe. A lo largo de una hora finalmente sabremos qué fue lo que sucedió durante ese día, y en los minutos (y segundos) que precedieron a la explosión. La decisión de plantear la resolución como una sucesión de flashbacks para completar el arco narrativo que comenzó inmediatamente después del accidente apela al vínculo inconsciente que el espectador ha generado con varios de los personajes secundarios ya olvidados.

Cuando Legasov y Ulana (Emily Watson) explican cuáles fueron los errores humanos y técnicos que resultaron en la explosión del reactor nos retrotraemos de inmediato al primer episodio, a las historias íntimas de los trabajadores desesperados por entender qué había sucedido, de los bomberos expuestos al grafito desparramado en la zona de la explosión y de los habitantes de Pripiat maravillados por las luces del uranio en el aire. El terror que hemos visto durante las últimas cuatro horas se reaviva porque ya conocemos a estos hombres y mujeres y el fatídico destino que les espera.

La exposición no solo funciona para que comprendamos el funcionamiento de la planta (y en consecuencia las razones de la explosión), sino también como un vehículo que aumenta la tensión del relato. A diferencia de lo que suele suceder en otras producciones, que utilizan la exposición para introducir información que no puede ser transmitida de forma orgánica, en Chernobyl cada metáfora (como aquellas millones de millones de balas de radiación que fueron disparadas) eleva el nivel de gravedad y seriedad del accidente, en particular para aquellos que no fueron contemporáneos.

Dicho eso, también es verdad que la producción de HBO es una obra de ficción y más allá del extraordinario nivel de detalle puesto en la recreación de época (como pocas veces se ha visto en pantalla), parte de su estructura responde a las convenciones de un producto de entretenimiento, con las libertades creativas que eso conlleva.

El personaje de Ulana Khomyuk, creado expresamente para la serie como una representación del enorme grupo de científicos que asistieron a Legasov durante los meses que sucedieron al accidente, se termina convirtiendo en una todopoderosa aliada. Defensora de la moral y la verdad en una realidad en la que los defensores de la moral y la verdad no sobrevivían mucho, Ulyana es una científica brillante que descubre el problema antes que los hombres en la escena del accidente, y a través de una serie de entrevistas a moribundos y un informe censurado reconstruye los eventos de esa noche con una precisión de segundos.

Emily Watson como la todopoderosa Ulana Khomyuk | Imagen: HBO

La serie también desarrolla una serie de demonios internos para ofrecer una perspectiva bien delineada del bien contra el mal. De un lado figuras como Legasov, y del otro Anatoly Dyatlov (Paul Ritter), un villano sediento de gloria cuyas acciones irresponsables llevaron a un grupo de buenos hombres a cometer un error que le costó la vida a miles. Es comprensible que el guión no explore en la complejidad de la estructura de poder de la Unión Soviética más allá de alguna escena bien lograda o algún discurso con mucha retórica, pero cuando todo el argumento se resume al concepto de “mentiras” el reduccionismo es evidente.

Con solo cinco episodios Chernobyl ya se perfila como una de las grandes candidatas a quedarse con muchas estatuillas en las próximas entregas de premios, pero por supuesto no ha caído muy bien en Rusia, un país caracterizado por el orgullo nacional que no tolerará que la historia de sus propios héroes sea contada por extranjeros.

Paul Ritter como Anatoly Dyatlov, el culpable de todos los males | Imagen: HBO

Por esa razón el canal oficial NTV ha comenzado con la producción de una serie propia que no se enfocará en las secuelas de la explosión, sino en una teoría conspirativa que asegura que la CIA plantó agentes de inteligencia en la planta nuclear y generó el accidente. Los protagonistas de la historia gestada por el Kremlin no serán los científicos, soldados o civiles que sacrificaron sus vidas para prevenir un desastre aún mayor, sino los oficiales de la KGB que intentaron frustrar los planes de los espías. Hablame de relato.

Real y aterrorizante a punto tal que desearíamos que fuera pura ficción, Chernobyl es un producto compacto, efectivo y fascinante al que vale la pena volver una y otra vez.

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